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Cheché Narváez, compositor y arreglista guayaquileño
El compositor y arreglista guayaquileño toca en Maki Navaja, Curetaje, La Humilde Orquesta y Orquesta Macolla.Facebook

Cheché Narváez: sobre música, egos y ética de trabajo

EXPRESIONES conversó con el bajista guayaco para tomarle el pulso a la escena musical independiente local.

El músico estadounidense Frank Zappa decía: “La cultura oficial sale a tu encuentro, pero al underground tienes que ir tú”.

EXPRESIONES le toma la palabra al genial compositor y busca las voces de los protagonistas de la escena subterránea nacional para conocer toda la riqueza y diversidad que ofrece. Esta vez visitamos al bajista Xavier ‘Cheché’ Narváez, quien ha incursionado en diferentes géneros que van desde el rock progresivo hasta la salsa, incluyendo cosas tan diversas como rockabilly, grind e incluso folclor.

En Guayaquil pareciera que no pasara gran cosa en cuanto a la música independiente, pero hay mucha gente trabajando en proyectos, grabando discos, haciendo conciertos...

Hay una generación joven que se mueve en un ámbito súper independiente y no ha dejado o ha tratado de no dejar de tocar y se sigue moviendo. Durante la pandemia, por supuesto, todo el mundo se vio obligado a encerrarse, pero creo que fue una oportunidad para que la gente desarrolle sus proyectos, más que nada en lo que es composición. Al menos, yo lo hice.

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Inevitable hablar de la pandemia...

Sí. Antes había muchos shows, ahora no hay ni la mitad de los conciertos que había antes. Hay una sed de que haya eventos. La gente quiere reventar y no sabe dónde. En los pocos que hay no se permite tanta capacidad. Y es súper clandestino también todo.

Hablando de clandestinidad, ¿cómo ve la escena subterránea actual?

Guayaquil es una ciudad semillero del underground, es una especie de olla de presión. Hay muchas bandas… porque el problema nunca ha sido la falta de músicos. Músicos y bandas hay por doquier. Si hay un problema, es la falta de gestión, la parte de escritorio de la música, lo que no se ve.

Lo extramusical.

Sí. Y es un problema porque no hay un orden. Por ejemplo, cuando teníamos Pasajero, Hugo (Béjar, guitarrista) y yo organizábamos los shows y estábamos tras la organización del evento, preocupados del sonido, el aspecto visual, de las luces, de las entradas, de las camisetas.

Lo cual es desgastante...

Obviamente. Pero el músico se ha sentido en la obligación de hacerlo por falta de gestión. Creo que en Quito están mejor. A partir de las primeras versiones del Quito Fest y más aún después de la cuarta o quinta edición, cuando las cosas se ponen mucho más profesionales en la Sierra. Y es muy notoria la diferencia con respecto a la escena en Guayaquil.

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  • ORGULLO POR LO NACIONAL

¿Qué tipo de público asiste a los conciertos?

Aquí es tan pequeña la escena, que el público es el mismo para todas las bandas. Por un lado es bueno, porque la gente sabe apreciar muchas bandas. O mejor dicho, ha aprendido a apreciar muchas cosas distintas. Porque antes todo era un poco más sectorizado. Por ejemplo, tenías a la Comunión Metal y a la Unión Punk, cada una con sus bandas...

Y había mucha rivalidad.

Sí, claro. Pero todavía hay un público que es muy fiel a géneros específicos. Y es importantísimo que haya un público para cada género. Eso no se da tanto en ciudades muy pequeñas, como Guayaquil. Por ejemplo, en Buenos Aires (Argentina) hay mucha variedad y hay público para todas las variedades.

Hay que considerar también que Buenos Aires es una ciudad de 13 millones de habitantes.

Claro. Las bandas nacionales allá llenan estadios. Es otro nivel. La gente respeta mucho a sus bandas. Las idolatran. Tiene que ver con su idiosincrasia. Acá uno siempre dice “Los argentinos son pedantes”, pero gente pedante puedes encontrar en todos lados.

Talvez lo que llamamos pedantería es amor por su cultura.

Acá uno lo malinterpreta. Y, a la final, son gente que está orgullosa de su patria, de su cultura y de su música. Acá recién se está aprendiendo a tener esa cultura de respeto hacia la música. Algo que se ha trabajado desde la década anterior, me parece. Porque en lo musical, no tenemos que envidiarle nada a nadie.

¿A qué crees que se deba?

Acá, como es tan pequeña la escena, todo el mundo se conoce. La gente es más cercana. Somos primero ‘panas’ antes que artista y fan.

  • LA MÚSICA, VOCACIÓN Y PROFESIÓN

Xavier, para ti la música no solo es un pasatiempo, sino tu trabajo.

Es mi estilo de vida. He tratado de sostener a mi familia con la música. Y por eso me he sentido en la obligación de ser un músico versátil; de poder tocar salsa o grindcore, dos polos opuestos. Lo hago porque me gusta una cosa, me gusta otra. Pero también porque necesito sobrevivir, porque después me llaman para un ‘chivo’ (presentación pagada) acá o allá y para mí es trabajo.

¿Y cómo te ha ido?

Es difícil ser músico en Guayaquil. Aunque creo que es difícil ser músico en cualquier lado. Como músico hay que tener mentalidad de emprendimiento y de empresario también, algo que le toca a todo el mundo en realidad, cuando quieres ponerte serio con tu trabajo.

El músico se ha enfrentado en esta última década, con el surgimiento de escuelas de música, a una mayor competencia.

Hay muchos profesionales que están buscándose la vida, formando bandas, llenando nichos de trabajo, armando ensambles. Por ejemplo, yo he trabajado como profesor de música, productor, director de ensambles, arreglista. He hecho musicalizaciones, jingles. No puedo creerme el mejor bajista y esperar que la plata me llueva. No funciona así en la música ni en ningún otro tipo de trabajo.

Y al fin y al cabo, todo eso te nutre como músico y como persona.

Aprendes a respetar la música. Yo respeto a muchos músicos locales y me gusta tocar con mucha gente, porque me gusta absorber y aprender. Me hace apreciar y ser menos egoísta, ser empático con la música de los demás. Porque los egos son una cosa de locos. El artista tiene ese karma del ego.

Pero mantener esa visión de apertura te permite mantener controlado ese ego.

Me ayuda con mi propio ego. Pero también a no tener una falsa humildad. Yo sé que toco bien. Respeto lo que hago, respeto mis manos, respeto mi música, respeto lo que he logrado, pero debo ser humilde ante eso y seguir aprendiendo. La música me ha dado eso, saber cómo comportarme personalmente y musicalmente.

¿Entonces podrías decir que vives de la música, Xavier?

Sí.

  • SOBRE ÉL

Este compositor y arreglista guayaquileño, nacido en 1983 estudió en la Escuela de Música de Buenos Aires (especialización en bajo). Ha tocado y grabado álbumes y EP para diversas bandas como Pasajero, Proyecto Secreto Simio y Luis Rueda.

Actualmente toca en Maki Navaja, Curetaje, La Humilde Orquesta y Orquesta Macolla. Y está trabajando en su nuevo proyecto, con temas de la época de Pasajero que quedaron en el tintero y cosas nuevas.