Un golpe irreversible para la ciencia

El fuego destruyó a la primera entidad científica de Brasil, que albergaba el fósil más antiguo de América y registros no digitalizados de lenguas nativas que ya no existen.

Brasil /
09 sep 2018 / 00:01

Entre las cenizas del Museo Nacional, en Río de Janeiro, consumido por las llamas el domingo 2 de septiembre, hay más que restos de fósiles, cerámicas y especies raras. El museo albergaba, entre sus más de 20 millones de piezas, los esqueletos que contenían las respuestas de preguntas que los investigadores brasileños todavía no habían respondido, o ni siquiera formulado. Y el incendio puede haber callado para siempre palabras y cantos indígenas ancestrales, de lenguas que ya no existen en el mundo.

Una semana después del incendio que quemó el edificio de 200 años y que albergaba la primera institución científica de Brasil, todavía no se sabe qué se ha perdido y qué se ha salvado. Una de las mayores preocupaciones es el material recogido en el yacimiento arqueológico de Lagoa Santa, en el estado de Minas Gerais, de fundamental importancia para entender el origen de los pueblos americanos prehistóricos. El museo tenía el mayor acervo del mundo recogido en ese estado: unos 200 individuos fosilizados que integraban lo que los investigadores denominan “el grupo de Luzia”, en referencia al nombre dado al más antiguo esqueleto jamás encontrado en América, descubierto en 1974 y con una edad aproximada de 11.500 años.

Luzia era la joya de la corona del museo. Su descubrimiento abrió las puertas a una serie de hipótesis sobre la colonización del continente. Estudios realizados con su cráneo en los 80 por el profesor Walter Neves indicaron que los primeros nativos de América posiblemente tenían origen africano. Los rasgos de Luzia se parecían poco a los de los indígenas brasileños de la época del descubrimiento. A partir de ahí, se formuló la hipótesis de que hubo una primera corriente migratoria hacia Brasil con estas características morfológicas africanas, que habría cruzado de Asia a América por el estrecho de Bering hace 14.000 años, seguida de otra ola de migrantes con rasgos asiáticos, como los de los amerindios, hace unos 12.000 años. Su delicado cráneo estaba guardado dentro de una caja de acero en los archivos del museo incendiado.

Un golpe irreversible para la ciencia
Fósil. Curculionidae, encontrado en la cuenca del Araripe, que engloba algunos de los principales depósitos de fósiles de Brasil.

En los pasillos y armarios del Museo Nacional también se encontraban fósiles que sugieren que los amerindios eran descendientes directos de los pueblos polinesios. Eran unos 40 esqueletos de indígenas bocotudos, un grupo ya extinto, del período del contacto con los portugueses.

El incendio también puede haber acabado con las investigaciones relacionadas con uno de los pueblos más peculiares de Brasil: los sambaquianos. Eran indígenas que habitaban la región costera del país y vivían en lo alto de montículos de conchas y espinas de pescado, denominados sambaqui, que podían alcanzar varios metros de altura y también servían de sepultura. Era un pueblo que habitaba el litoral brasileño, y la mayoría de los sambaquis ya no existen, en su lugar se alzaron edificios y otros tipos de construcciones. El museo albergaba la mayoría del material de estos pueblos, entre utensilios, esqueletos y partes del propio sambaqui.

El acervo del museo también contenía grabaciones de conversaciones, cantos y rituales de decenas de sociedades indígenas, muchas realizadas durante los años 60 en antiguas grabadoras de rollo y que todavía no se habían digitalizado. Algunas registraban lenguas ya extintas, que no tienen hablantes originarios todavía vivos. “La esperanza es que otras instituciones tengan registros de estas lenguas”, dice la lingüista Marilia Facó Soares. La investigadora, que trabaja con los indígenas tikuna, el mayor grupo de la Amazonía brasileña, cree que ha perdido parte de su material.

Un golpe irreversible para la ciencia
Misterio. El siniestro se inició a las 19:30 locales, por causas desconocidas.

La colección de moluscos se salvó

El sector de aracnología, que estudia arañas, escorpiones y garrapatas, se ha quemado completamente”, afirma Ronaldo Fernandes, profesor asociado del departamento de vertebrados del museo. Según él, la colección de malacología (estudio de los moluscos) se ha salvado gracias a un profesor y un trabajador que consiguieron rescatar, con el edificio en llamas, el 80 % de los especímenes tipo del acervo.

Algunos investigadores vieron en directo por la televisión cómo el fuego consumía todo su trabajo. “Las bibliotecas de los profesores han desaparecido. Mis archivos, los cuadernos de campo, registros, cintas grabadas a lo largo de 40 años de investigación, investigaciones todavía en curso, todo se ha perdido”, cuenta Luiz Fernando Dias Duarte, antropólogo y director adjunto del museo. “Teníamos la mejor biblioteca de antropología social del país”.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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