Científicos que la universidad no quiere

Varios investigadores con ayudas europeas millonarias son descartados como catedráticos por la agencia evaluadora del Ministerio de Ciencia en España.

10 ago 2019 / 22:05

La ingeniera de telecomunicaciones Ivana Gasulla, nacida en Valencia en 1981, es parte de la élite científica europea. Su equipo desarrolla una fibra óptica ultrarrápida para incrementar la velocidad de conexión a Internet. En enero de 2017, el Consejo Europeo de Investigación le concedió una de sus prestigiosas ayudas de dos millones de euros -una Consolidator Grant- para proseguir sus trabajos, cuando tenía solo 36 años. Sin embargo, en 2018, Gasulla solicitó ser acreditada como profesora titular de la universidad española y fue rechazada por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (Aneca), el organismo encargado de garantizar la calidad del sistema universitario español.

“Un premio Nobel no podría acreditarse por la Aneca, afirma Gasulla, investigadora de la Universidad Politécnica de Valencia. La ingeniera cuenta que ha recibido ofertas de universidades europeas para mudarse a ellas con plaza fija, pero en España el sistema es muy diferente. Para poder competir por un puesto de profesor o catedrático es imprescindible recibir antes el visto bueno de la Aneca, adscrita al Ministerio de Ciencia.

Según los criterios de la agencia, Gasulla no servía para ser profesora titular de la universidad porque solo había dado 100 horas de clases. “Me pedían al menos 450 horas. En otros países no existe esta acreditación, pero aquí cuentan las horas al peso. Están penalizando a investigadores que son realmente buenos”. Gasulla no es un caso aislado. En la jerga científica ya hay un término para estos investigadores aplastados por el sistema: los anecados.

“La carta de rechazo de la Aneca me llegó a finales de marzo de 2014. En julio de ese mismo año saqué la plaza en la Universidad de Cambridge”, cuenta con sorna Dacia Viejo (Madrid, 1973), del departamento de Arqueología de la institución británica.

Cuando la Aneca certificó su evaluación negativa para poder ser profesora contratada, ya había coordinado junto a otra colega un proyecto europeo de 1,2 millones de euros sobre la reconstrucción del patrimonio cultural tras las guerras. Decenas de anecados se han puesto en contacto con EL PAÍS tras la publicación esta semana del caso del físico Juan Antonio Aguilar, rechazado por la Aneca para ser catedrático pese a ser uno de los 25 científicos más citados de España.

Los afectados critican la presunta arbitrariedad de la agencia, el tedioso proceso burocrático de meses y que se valoren las horas de docencia al peso, como si fueran pilotos de avión.

Un informe elaborado por la Sociedad de Científicos Españoles en el Reino Unido denuncia además que “los criterios de puntuación no son transparentes”.

“La idea de la Aneca era buena, para fijar unos mínimos de calidad, pero se ha pervertido”, opina el ecólogo Fernando Maestre (Sax, Alicante, 1976), que define su caso como “sangrante”. En 2011, solicitó la acreditación para poder optar a una plaza de catedrático. Fue descartado por no tener suficientes horas de docencia y por falta de experiencia dirigiendo proyectos nacionales, según relata él mismo.

Sin embargo, el ecólogo llevaba desde 2008 coordinando un proyecto premiado con una ayuda Starting Grant de 1,4 millones de euros del Consejo Europeo de Investigación. “Mi currículum cubría con creces el nivel que se espera de un catedrático y superaba al de más del 90 % de catedráticos de mi área de conocimiento”, afirma Maestre.

Dos años más tarde, con apenas 200 horas más de clase, sí superó la evaluación. “Yo estuve a punto de dejar la universidad española y otros muchos se irán”, sostiene. Maestre logró en 2014 una Consolidator Grant de dos millones de euros para continuar sus investigaciones sobre los efectos del cambio climático en las zonas áridas.

Es catedrático en excedencia de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid e investigador de la Universidad de Alicante. “Los que tenemos una ayuda del Consejo Europeo de Investigación tocamos cualquier puerta de una universidad europea y nos la abren. En España nos la cierran en las narices”, asegura Maestre.

Los científicos con estas ayudas millonarias son muy codiciados porque son la élite y porque las asignaciones son nominativas: si fichan por otra universidad, el dinero se va con ellos. “El sistema español nos expulsa. Se valora la antigüedad y acumular horas de clase, la cantidad en vez de la calidad. Un catedrático tiene que ser una persona que siente cátedra, pero ahora tenemos una retahíla de catedráticos mediocres”, sentencia Maestre.

La Aneca defiende su proceso de selección

“La Aneca apoya sus resoluciones en dos pilares: la normativa vigente y la experiencia y conocimiento de los comités de acreditación elegidos por sorteo entre profesores, cuyo currículum es incuestionable y de máxima calidad”, defiende el director de la agencia, José Arnáez.

“La experiencia docente es un parámetro fundamental a la hora de valorar los méritos de un profesor universitario”, agrega el catedrático de la Universidad de La Rioja. Un real decreto de 2015 determina que en ciertas circunstancias, “con un excelente currículum investigador, no es necesario exigir un tiempo mínimo de experiencia docente”, por lo que “tampoco es acertado decir que el sistema actual es un freno a la internacionalización”.

Muchos anecados discrepan. El neerlandés Henk Bolink solicitó ser acreditado en dos ocasiones (2011 y 2018). En ambas fue rechazado. El investigador, del Instituto de Ciencia Molecular de la Universidad de Valencia, ha recibido este año una ayuda Advanced Grant del ERC, dotada con 2,5 millones de euros, para sus vanguardistas desarrollos de dispositivos LED y células solares con nuevos materiales.

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