Una calle que huele a nostalgia y a café

Moradores discuten los cambios en la icónica avenida Panamá - Regeneración y colocación de esculturas estará lista a fin de mes

14 oct 2014 / 23:52

A escasos metros de su local, en la calle Tomás Martínez entre Panamá y Rocafuerte, Luis Lamilla observa a una veintena de trabajadores colocar cables de electricidad y teléfono bajo tierra.

La adoquinada calle Panamá, cuyos obras de regeneración, que incluye la colocación de esculturas, culmina a fin de mes, no se parece nada a la que él conoció hace cuarenta años. En ese entonces, él trabajaba cargando y moliendo café en uno de los cientos de puestos que se dedicaban a este negocio. Hoy es el único.

“Cuando ahorré lo suficiente me puse mi propio puesto. Empecé con una libra de café y fui creciendo. Luego también vendía chocolate. En ese entonces, los camiones entraban hasta acá y las aceras estaban llenas de tendidos donde se secaba el cacao. Para inicios de los noventa ya éramos pocos”.

A partir de 2004, el ingreso de bares y discotecas a la zona rosa, a una cuadra de distancia, cambió la composición del barrio, exiliando de manera definitiva a los productores y llenándolo de turistas.

La regeneración de la calle Panamá, que empezó el año pasado y que el Cabildo aspira a convertir en ‘El paseo de las artes’ con la creación de museos y galerías, se suma a los cambios que se han dado en el sector recientemente.

“Hay mucho ruido por las noches, botellas vacías que quedan en las calles. Pero hay menos delincuencia e incrementó el turismo en esta área. No me quejo, me ha ido bien y espero que este cambio también ayude a devolverle la vida al centro”.

Rodolfo Baquerizo vive en una de las casas icónicas de la calle Panamá e Imbabura. La vivienda, con balcones italianos y escaleras de mármol es una residencia familiar establecida en los años 30. Este indica que de los habitantes más antiguos del sector quedan pocos.

“Ahora le dicen la calle de las pelotas”, dice entre risas, refiriéndose a las estructuras circulares que adornan el paseo y evitan que los carros se estacionen sobre los adoquines. “Obviamente se han hecho cambios, para bien, pero debe haber más control para que el sitio continúe siendo estético”.

Otón Landívar, residente desde hace 49 años, concuerda con esta necesidad.

“He visto cómo, en la noche, los cuidacarros mueven los círculos de cemento para hacer espacio a los carros de quienes se van de fiesta. Me da terror pensar en qué harán con las estatuas. Es una gran idea revitalizar el sector como una zona dedicada al arte, sube la plusvalía, nos beneficia, pero se necesita un patrullaje constante”.

La vivienda en la que habita se construyó en 1965, cuando tenía once años. Indica que hasta hoy relaciona el aroma del cacao con su infancia.

Añade que, sin embargo, el Cabildo como la empresa privada se han planteado la regeneración en la calle Panamá y en el resto del centro, como una manera de incrementar el turismo y el comercio, pero no una forma de traer nuevos moradores a la zona.

“El centro aún es un área residencial. Es cuestión de repensarlo como tal”.

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