Los chachis, pueblo indomable

Fueron nómadas por necesidad -Emigraron de la Sierra a la costa norte del Ecuador -Aseguran que la palabra ‘Guayaquil’ proviene de un vocablo suyo

26 jul 2015 / 23:04

Se conoce poco de este pueblo que siendo autóctono de nuestro país, con su propio idioma (el cha’palaa) y costumbres, ha estado prácticamente invisibilizado y olvidado a través de los tiempos.

Según crónicas del escritor chachi Adolfo Chapiro Añapa, los chachillas, como también son conocidos, originalmente se ubicaron antes de la conquista incaica en las provincias de Chimborazo y Cotopaxi, de donde huyeron ante la constante amenaza de erupciones volcánicas y terremotos.

“No se conoce exactamente cuál es la procedencia de nuestro pueblo, ningún antropólogo ha investigado a fondo el tema. Solo se sabe a ciencia cierta que antes de la invasión incaica se asentaban en la Sierra central del país, de donde avanzaban hacia el norte a celebrar sus ceremoniales y luego su recorrido posterior hasta llegar a la Costa”, explicó a EXPRESO Adolfo Chapiro Añapa, chachi investigador de su cultura.

Se trasladaron a Quito mucho antes de la colonia, donde intentaron radicarse de manera definitiva. Sin embargo, la dificultad para llevar la vida a la que estaban acostumbrados en un ambiente muy poblado los obligaba a movilizarse por otros lugares más apartados para poder llevar a cabo sus ceremonias.

Se trasladaban a pie hasta la provincia de Imbabura a realizar sus matrimonios y fiestas religiosas. Establecieron ahí su centro ceremonial y luego de estas regresaban a Quito nuevamente caminando gracias a su gran resistencia, que les permitía hacerlo sin siquiera dar muestras notables de cansancio.

La casa ceremonial ubicada en Ibarra, que con la llegada de los españoles fue conocida como Villa, era su lugar de manifestación de ritos religiosos. Allí invocaban al ‘Apa’, que significa ‘padre que estás en los cielos’. A la vez este lugar se constituía en su nicho de meditación y consejos, de reflexión para los novios y de entierro de los muertos.

Estando en sus ceremoniales en Ibarra se enteraron de la invasión de los incas, que avanzaban con su conquista rápidamente desde el sur. Esa fue la razón para que nuevamente huyeran, esta vez hacia el litoral, a lo que actualmente es la provincia de Esmeraldas, intentando proteger a sus familias y mantener viva su cultura sin tener que someterse a intereses ajenos a los suyos. Se ubicaron en un lugar al que llamaron Tutsa (pueblo viejo de los cayapas) entre las cordilleras Cayapa y Lacha.

Luego, con la llegada de los conquistadores españoles, fueron visitados por sacerdotes que consideraron bárbaras sus costumbres y tradiciones. Su largo cabello, por ejemplo, era mal visto. Les impusieron la religión católica y los indujeron a bautizarse si querían ser hijos de Dios, comenzando de esta manera un largo proceso de aculturación que nunca germinó del todo.

La barbarie realmente comenzó entonces, pues los conquistadores secuestraron a sus mujeres e impusieron su cultura a la fuerza. Esto obligó nuevamente a los chachillas a abandonar ese sitio donde habitaron por cientos de años.

Se internaron más en la costa bajando por los actuales ríos Cayapa, Santiago, Zapallo y San Miguel. En su camino tuvieron sangrientas batallas con indios del lugar que los tomaron como invasores, a los que sometieron con su bravura y decisión de seguir.

Siempre se alimentaron de lo que les proveía la naturaleza. Eran cazadores y entre sus presas favoritas estaban los armadillos, guantas, venados, etc.

Siguiendo su camino río abajo se encontraron con la presencia de razas blancas y negras que habitaban en las cercanías de la desembocadura de estas vías fluviales, por lo que retrocedieron de nuevo río arriba hasta asentarse definitivamente en distintos y dispersos puntos geográficos de la actual Provincia Verde.

Se conoce que incluso migraron hasta sitios lejanos como la isla Puná en el golfo de Guayaquil. Según ellos, la palabra ‘Guayaquil’ es un vocablo chachi.

Ellos se han mantenido con sus costumbres, lengua, creencias y forma de vida intactas. Siguen manejando su propia cosmovisión, no permitieron la imposición de una cultura ajena e incluso siguen llevando sus nombres típicos que hacen alusión a sus características físicas (chiquito, bonito, etc.), ubicación geográfica (de la montaña, del río) y otras consideraciones extrañas (según la cultura occidental) para la adopción de un nombre. (F)

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