Un viacrucis contra la adicción

Por primera vez, 23 internos de un centro de rehabilitación participan en la representación de la muerte de Jesús. La actividad se realizará este viernes 19 en la Catedral de San Pedro Apóstol.

14 abr 2019 / 22:16

El sudor le empapa la túnica gris a Galo Sáenz. Son las 18:20 del jueves 11 y el calor porteño convierte a la Catedral de San Pedro Apóstol de Guayaquil en un horno. Es la primera vez que el joven, de 27 años, se coloca el vestuario que lo convertirá en el apóstol Pedro para el viacrucis viviente que la Iglesia representa por la Semana Santa, que inició ayer.

También es su primera vez como actor. La transpiración por los nervios le escarchan aún más su rostro trigueño. Pero está feliz. Durante los 10 años que estuvo sumido en las drogas, se alejó de Dios. Hoy, se siente tan cerca como el personaje al que le da vida.

Por eso, aunque nunca había hecho nada similar, aceptó inmediatamente cuando le propusieron, al igual que a sus 22 compañeros de la clínica de rehabilitación de drogas ‘Proyecto Vida’, ser los intérpretes de la muestra que será presentada el Viernes Santo en la Catedral.

De los 30 actores principales que recrearán la pasión y muerte de Jesucristo, los 23 son adictos en recuperación, asimismo, por primera vez en la historia de la parroquia.

La idea, cuenta el vicario Frank Delgado Holguín, fue de tres catequistas, que acuden cada sábado al centro, ubicado en Pedro Moncayo y Cuenca, a darles charlas espirituales a los internos. Lo propusieron y todos aceptaron.

De eso han pasado dos meses, en los que el director teatral Newton Soria ha dedicado de dos a tres horas cada jueves y domingos para prepararlos. “Lo más difícil es aprenderse los diálogos”, confiesa Daniel Muirragui, de 21 años, ataviado con un traje de soldado romano que lo sofoca.

Se limpia el sudor y piensa en su mamá Nilda. Estaría orgullosa. Una cirrosis se la llevó para siempre hace cinco años y también lo llevó a él hacia las drogas. “Antes era apegado a la religión, pero con el consumo me alejé totalmente. Esta es una forma de acercarme a Dios”, coincide con Galo, con Josseph, con Érick y con sus demás amigos, que aquel jueves repasaban sus líneas dentro del templo.

El padre Frank, al igual que otros fieles y el director de la clínica, Reinaldo Bayona, los grababan mientras se desarrollaba el ensayo general, que duraría hasta las 20:00.

Bayona cree que esta actividad puede contribuir positivamente a la rehabilitación de los chicos, pues les permite salir de su internamiento y compartir con otras personas que están interesadas en disciplinas como la actuación.

Geral Iglesias y José Cali, ambos de 17 años e integrantes del grupo teatral Hilarte, creen que el aprendizaje es mutuo. Ellos les comparten a los chicos sus técnicas de dramatización y los adictos en recuperación les han contado lo que es tocar fondo, para impulsarse hacia la superficie de la recuperación.

“Ellos nos han conversado lo que vivieron con las drogas. Hemos aprendido bastante de sus historias de superación”, dice Geral, de pelo rizado.

El grupo de teatro al que pertenecen se formó en la Isla Trinitaria para incentivar a los jóvenes de aquel sector, en especial a los de bajos recursos económicos, a que inviertan su tiempo en labores sanas. Por eso se sienten tan cercanos al grupo de ‘Proyecto Vida’.

A las 19:00, el bochorno guayaquileño no merma y el ensayo está en la parte más intensa. Los internos, que en su mayoría forman parte de los soldados y el pueblo romano que piden la muerte de Jesús, ‘azotan’ a Javier Delgado.

El joven, de 22 años, y estudiante de Ingeniería Química de la Escuela Superior Politécnica del Litoral, representa por segundo año consecutivo al Hijo de Dios. Se sabe cada diálogo, movimientos, escenas... Muestra ‘dolor’ con cada latigazo que recibe en los ensayos, pero una vez que se acaba su representación, ríe a carcajadas y bromea con sus nuevos compañeros.

Recuerda que el primer día de ensayos sintió nostalgia cuando uno de ellos se le acercó y le preguntó si no tenía miedo de trabajar con ellos.

“Al contrario, han sido súper chéveres, súper buena gente”, dice entusiasmado y añade que es una lección para no juzgar a las personas por sus actos. “Todos merecemos una oportunidad de ser mejores y crecer”, reitera.

De eso está convencida Miriam Villegas, una de las catequistas que dio la idea de que los jóvenes participaran en este acto religioso. Ella es quien narra la historia y se encarga de registrar en vídeo cada práctica.

Faltan cuatro días para el 19 de abril, el Viernes Santo, el día de la representación final. Tanto Galo como Daniel reconocen estar nerviosos. “Nosotros hicimos cosas malas, que de verdad dan vergüenza, por la droga. Pero Dios nos ha dado una oportunidad y esto seguro lo vamos a hacer bien”, indican exhaustos por el calor.

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