Vecinos arquitectos plantean cómo mejorar la Alborada

Insisten en la solución al tránsito, movilidad peatonal y arreglo de estructuras. Ven una falta de espacios artísticos y culturales para integrar al vecindario.

15 jul 2019 / 00:01

Caminar por un vecindario implica notar los problemas que este guarda. Y si, además, quienes lo sienten son expertos en proyectar soluciones para el hábitat humano, esto involucra sugerencias técnicas de lo que debe cambiar. Con ese fin, este Diario buscó las voces de cuatro arquitectos residentes de la Alborada, en el norte.

Agustín Vera, arquitecto jubilado y exdocente de la Universidad de Guayaquil, llegó a vivir en la etapa 2 de la Alborada hace más de 40 años. En esa época -recuerda- su ciudadela era más confortable y tranquila que ahora. Ese panorama -continúa- cambió con la llegada de nuevas ciudadelas. Lo que convirtió a la suya en el centro del comercio y servicios de otras.

“En ese tiempo vivir aquí era como habitar en una hacienda. La llegada rápida de nuevas ciudadelas como Guayacanes, Sauces, Samanes y La Garzota hizo que se generaran varios problemas intrínsecos de ese crecimiento”, comenta.

Asimismo, insiste en que dicha llegada de planes habitacionales no fue planificada, lo que ha derivado que, ahora el sector, aún siendo residencial tenga un alto tráfico encima y pocos espacios adecuados para el esparcimiento familiar.

A dicho problema, Liliana Carbonell, especialista en hábitat y arquitectura sostenible y residente de la etapa 3 de la Alborada, suma otras dificultades como la mala calidad de las aceras, la insalubridad, el descuido de algunas calles peatonales, la falta de arbolado urbano y las dificultades de accesibilidad.

“Se ha hecho la regeneración urbana, pero no todas han sido óptimas”, explica. Lo dice en referencia a la serie de críticas que ha recibido, por otros expertos, la regeneración de la calle José María Egas; al considerarla poco accesible para las personas con discapacidad. “Yo misma he caminado esa calle, y si a mí me parece terrible pasar por allí, no quiero imaginar cómo es para las personas con movilidad reducida”, menciona.

Por ello -considera- más allá de la regeneración, la autoridad debe responsabilizarse de una reconstrucción integral de las aceras para que sean más caminables. “Una vez escuché a un exalcalde de Barcelona (España) decir que lo primero que había hecho para mejorar la circulación de peatones fue la estandarización de las aceras. Eso hay que hacer”, recomienda.

Brick Reyes, arquitecto y docente de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Guayaquil, coincide con Carbonell en la dificultad de circulación en su vecindario. Él reside en la etapa 12 de la Alborada, allí -relata- las aceras y peatonales están descuidadas y carecen de facilidades para las personas con discapacidad. “Aunque esto es un mal de la ciudad en general. El Municipio debe tener tino en la inclusión, en no pensar la ciudad solo para vehículos”, sugiere.

Otro problema, según Carbonell, es el diseño y la calidad de los materiales con el que se construyen los parques. “Estos también deben ser estandarizados para no crear desigualdad entre ciudadelas. Los parques que construyen en La Garzota no son iguales a los de la Alborada, ni los de la Alborada como los de Sauces ¿Por qué?”, cuestiona la experta.

Vera comparte la idea de Carbonell, y añade la necesidad de buscar la unión del barrio a través de actividades sociales en las áreas verdes. “Hay algunos (parques) que sí han sido arreglados y otros que se ven terribles y pasan abandonados. Yo recuerdo que antes se hacían actividades con los vecinos y ahora nadie se conoce. Ferias, arte al aire libre, concursos, música, payasos, para eso sirven estos espacios; pero no hay”, reclama.

A Reyes también le parece que a la Alborada le falta espacios culturales y que, para ello, se debe negar más permisos de uso de suelo para el comercio. “La Alborada ya no tiene espacio para más comercio, se debe considerar que este también es un sector residencial. Mientras más comercio traen mayor congestionamiento provocan”.

A cambio -explica- hay que crear espacios donde las familias puedan entretenerse de forma sana. “Espacios abiertos con artistas, exposiciones de arte o educativas, pero no hay en la ciudadela”, asegura.

Respecto a la falta de espacios culturales, Jhony Molina, fedatario de la Cámara de la Construcción y residente de la etapa 1, atribuye que en el sector no hay un espacio libre para actos culturales debido a la gran cantidad de espacio que ocupan los negocios.

“Cuando se creó el City Mall, eso de alguna manera fue un alivio a la concentración comercial de la Alborada. Entonces, el Municipio debe repensar y organizar el comercio, y traer otras ofertas. Si hubiera un sitio al que uno puede ir a disfrutar de musicales, bailes, arte, cultura; la gente gustaría más del sector, pero no hay”, articula.

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