El Viernes Santo, cada vez menos sacro en Guayaquil

La mayoría de negocios atendió en su horario habitual. Las ventas se centraron en los uniformes y útiles escolares. El hecho genera debate en la comunidad.

20 abr 2019 / 00:04

Luz Guacho le pidió perdón a Dios. En lugar de quedarse en casa a meditar por el Viernes Santo, acudió ayer a las calles 10 de Agosto y Pío Montúfar, a abrir su local de venta de uniformes.

Tiene deudas, aclara la comerciante de 44 años, y por eso a las 08:00 de ayer ya estaba de pie en su negocio. No se equivocó, porque al mediodía decenas de madres de familia pululaban alrededor de su mercancía. “Nos está yendo bien”, menciona.

En el centro de la ciudad parecía un día normal. Comerciantes ambulantes se confundían con clientes y repletaban las veredas. Cerca del local de Luz, donde la mayoría se dedica al negocio de venta de accesorios y vestimentas escolares, parecía que no era Viernes Santo.

A unos metros, Raúl Villamar agitaba la ropa interior que vende de manera ambulante. Le molesta que le llamen ‘feriado’ a la fecha en la que se recuerda la muerte de Jesucristo.

Es cristiano y apenas se levantó hoy le dedicó unas horas a la oración. Luego salió desde su casa en Durán para el centro de Guayaquil. “Para mí, todos los días son santos y todos los días hay que buscar el sustento”, dijo el hombre de 51 años.

Tanto él como Luz creen que en esta fecha -en la que décadas e incluso unos años atrás era impensable siquiera trabajar, peor aún cantar, bailar o salir a jugar- les va mejor porque es cuando la gente tiene más tiempo libre para realizar sus compras pendientes.

Yuan Chen es chino y él no conmemora la Semana Santa. Sin embargo, desde que está en Ecuador, hace seis años, respeta los feriados. No obstante, consultó a sus colegas, en la calle Rumichaca y Aguirre, si abrirían sus negocios y como le contestaron que sí, él también lo hizo.

En el norte de Guayaquil, el panorama fue bastante similar. En la ciudadela Alborada, por ejemplo, las decenas de negocios que se levantan a lo largo de la avenida Rodolfo Baquerizo Nazur empezaron a atender desde muy temprano.

Panaderías, boutiques, tiendas de abarrotes, mueblerías y al menos ocho establecimientos que venden electrodomésticos alzaron sus puertas alrededor de las 08:00 o 09:00, como si fuera un día normal.

“Había procesiones en todo el sector y teníamos que aprovechar la aglomeración de personas. Eso no quiere decir que no soy católica. Lo soy. Sin embargo, en este tiempo de crisis, hay que aprovechar todo, menciona Carolina Pereira, dueña de una tienda de ropa. “Para mí estos días son como la Navidad”, agrega.

Cerca del sector, en la avenida Francisco de Orellana, en la decimotercera etapa de la Alborada incluso las vulcanizadoras y los talleres que arreglan bicicletas empezaron a trabajar desde las 07:00.

Juan Carlos Samaniego, quien labora en el taller, asegura que en los últimos tres años han trabajado así. “Son muchos los ciclistas que aprovechan que las calles no están repletas de autos”, confiesa, asegurando que de esa práctica también aprovechan para ganar unos cuantos dólares.

“Son las 14:00 y hemos atendido ya a más de 30 personas. Ha sido una jornada buena”, recalca, mientras cuenta los locales que, al igual que él, permanecen con gente en movimiento. Son diez en total, justifica. Dos panaderías, tres comedores, tres peluquerías y dos farmacias.

“Si estamos aquí es solo para trabajar. Tengo claro que este es un día triste para los católicos. Si pudiera elegir, optaría por vivir este día en completo silencio, pero tengo deudas. Muchas”, argumenta Jamil Caicedo, vecino de Samaniego, al agregar que -a fin de sentirse mejor- irá a la iglesia hoy y mañana.

Entre los guayaquileños, el hecho de que los establecimientos de la ciudad estén abiertos no les causó mayor asombro. “Este no es el primer feriado donde los comerciantes no descansan”, coinciden. Y no es tan malo, tampoco es un pecado, sostiene Keila Enderica, residente de vía a la costa, al apuntar que, por un lado, ellos incrementan sus ingresos y, por el otro, los habitantes disfrutan.

“He visto vulcanizadoras atendiendo en El Paraíso y la ciudadela Samanes; así como a locales vendiendo colchones en La Garzota y hasta reparando calzado”. Algo realmente bueno, dice, aduciendo a que tienen todo al alcance de la mano; mientras otros feligreses como Isabel Campodónico e Inés Salgado, ambas adultas mayores y residentes de Álamos Norte, añoran el silencio que se percibía en el Puerto Principal.

“Antes el Viernes Santo era sinónimo de duelo, un tiempo de reflexión. Ahora todo es comercio, fiesta y bulla. No estoy de acuerdo. Hay ritos que en la historia se deben mantener de generación en generación”, sentencia Salgado.

VOCES

Luz Guacho, comerciante de ropa

Soy cristiana, y luego de trabajar vamos al templo a orar. Nosotros abrimos el negocio porque nos va mejor en feriados. La gente tiene más tiempo para comprar.

LUIS TOMALÁ, residente de la ciudadela Mucho Lote 2

Que los negocios estén operativos en un 90 %, resulta ideal para dinamizar la economía. Tener todo cerca, además, sirve para quienes se quedan en la ciudad.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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