Las tres trabas de la diversión nocturna

La inseguridad, la falta de parqueos y las finanzas ponen freno al entretenimiento en Guayaquil. Hay efectos sociales y turísticos.

11 ago 2018 / 00:00

Llegó el viernes y, como la mayoría de semanas, Carolina Bustos de 31 años no decide qué hacer. Quisiera ser más espontánea: salir sola o acompañada, ir por un trago, a bailar o a comer, pero siente temor. La última vez que fue a una fiesta, hace cuatro meses, le robaron al salir de una discoteca en Urdesa. La treparon al auto y le hicieron secuestro exprés. Y desde entonces, lamenta, no sale a menos que el sitio esté amurallado: tenga garita, cámaras y guardias que vigilen el entorno.

Ella considera que en Guayaquil son escasos los espacios de distracción que tienen estas características. “Las Peñas, un lugar que tanto me gustaba, los bares de Urdesa y La Garzota, donde decenas de veces fui a comer en la madrugada, son zonas para mí inseguras”. En todas, explica, se puede ver a gente deambulando mientras consume estupefacientes o que “le arrancha, a veces desde las motos, las pertenencias al otro”.

La escena descrita por Bustos en Las Peñas se constató durante un recorrido nocturno que hizo este Diario, que evidenció a un grupo de casi ocho jóvenes fumando sustancias sospechosas en la parte trasera y oscura de la zona, precisamente en un área verde ubicada detrás del Museo del Bombero.

Las tres trabas de la diversión nocturna
Drogas. Pese a la presencia policial, los jóvenes aprovechan la oscuridad para consumir sustancias sospechosas.

En el lugar de las 444 escalinatas que acoge a extranjeros y propios, quienes conocen la zona dicen saber la forma de evitar convertirse en víctimas de la delincuencia como si fuese una cuestión de suerte. “Mejor vamos por acá, que por ahí es bien peligroso”, dice Kennie Arellano a su familia, mientras señala la dirección opuesta a la escena de jóvenes descrita anteriormente.

Una medida tomada hace cuatro meses por la Policía Nacional, en apoyo sobre todo a los turistas en Santa Ana, es la implementación de agentes de la unidad de turismo, que brinda ayuda a extranjeros que han sufrido algún tipo de percance. “Hace poco tuvimos que socorrer a unos turistas peruanos que sufrieron un altercado de inseguridad”, comenta el policía Gilson Pacheco.

Katthy Méndez, quien vive en el centro, por su parte lamenta que esta falta de protección que sienten los guayaquileños haya alejado a los visitantes de la calle Panamá, que en su momento fue lo más ‘in’ del Puerto. Con tantos contratiempos, dice haciendo hincapié en el último y confuso incidente registrado en el malecón (donde los turistas dijeron haber escuchado hasta balas, aunque la versión oficial lo desmintió), la gente se ha desplazado a otros lados. “Aquí todo era rumba, música, vida. Había hasta conciertos de rock. Hoy, en cambio, la mayor parte del tiempo el centro pasa muerto”.

Para el sociólogo Andrés Martínez, quien corrobora lo antes dicho, los guayaquileños han tenido que adaptarse de alguna manera a esta problemática. Por ello es tan importante que todos los locales, a fin de no afectar el turismo, cuenten con un botón de pánico, comenta. “Eso genera algo más de tranquilidad”; o al menos, agrega el psicólogo clínico y docente Gustavo Arellano, evita que los visitantes deban tener ‘puesto el ojo’ en el auto, la cartera, el dinero, todo. “Te evita en algo la angustia”.

Las tres trabas de la diversión nocturna
Parqueo. Después de las 22:00 en Urdesa se agota el parqueo.

Siguiendo con el recorrido nocturno hacia el norte, este Diario evidenció la falta de espacios para los vehículos, lo que a juicio de muchos resulta ser la mayor traba al momento de divertirse.

Después de las 22:00, lucen repletos los parqueos ubicados a lo largo de la avenida Rodolfo Baquerizo Nazur en la Alborada, donde se levantan una decena de bares y salsotecas. Lo mismo sucede en la avenida Víctor Emilio Estrada en Urdesa, pues quienes llegan pasada esa hora dicen no tener más remedio que avanzar hacia las plazas de Los Ceibos, que también acogen centros de diversión, pero “cobran precios mucho más altos, aunque al menos allí sí hay espacios disponibles para parqueo”, cuenta Aldo Almeida, estudiante universitario.

Holbach Muñetón, presidente de la Cámara de Turismo del Guayas, confirma esos altos costos de diversión segura y con parqueo. “Salir a tomarse un vino con la pareja o amigos tiene un precio muy alto, más alto que en lugares internacionales que tienen seis veces más turismo que nosotros, lo que resulta inconcebible”, lamenta.

El experto, quien atribuye este problema a la falta de una buena administración desde el Gobierno central anterior sobre temas turísticos, recomienda que si queremos ser más competitivos, “no tenemos que explotar a las personas con los costos, según el servicio que se ofrece, porque eso nos quita competitividad”.

Lourdes Guerrero, ciudadana, piensa de forma similar. “Salir a divertirte aquí realmente es costoso. Salir a entretenerte por lo tanto no es cuestión solo de seguridad. Que te cobren tanto por una bebida, $ 12, $ 15 por un cóctel, y que no tengas a veces ni dónde parquearte, también influye y te frena”, argumenta.

Las cifras y el temor se mantienen

De acuerdo con el último reporte de la encuestadora Cedatos, el 43 % de los guayaquileños (es decir, casi la mitad de los ciudadanos) mantiene una preocupación por la inseguridad y las drogas en la urbe. Esa percepción cambia si se revisa la misma cifra en urbes cercanas como Cuenca e igual de grandes como Quito.

Y aunque las estadísticas de delincuencia e inseguridad han mostrado una leve disminución en el último año, los guayaquileños (como se ha publicado antes en este Diario) mantienen una preferencia por encerrarse tras las rejas de sus hogares, o en este caso evitar las salidas nocturnas que, según la percepción de las personas entrevistadas para este reportaje, pueden terminar en tragedia, robo o secuestro.

Sin espacio para los vehículos

Los sectores donde se ubican los centros de diversión en Guayaquil son fáciles de contar: zona rosa, Urdesa, Las Peñas, Puerto Santa Ana, la Alborada están entre los más importantes.

Eso para Frank Villamar, planificador urbano, es lo que origina el problema de la falta de parqueo en la urbe. “Sabemos que la ciudad tiene problemas de planificación territorial. Al tener centralizadas las zonas de diversión, todos van a un solo sitio y el problema de parqueo crece”.

Para Villamar, el problema va de la mano con un mal manejo del uso de suelos. “El Cabildo debió planificar mejor los espacios y prever que el ruido no moleste a los vecinos y no se congestione tampoco el tráfico”, reconoce.

Como solución, él insta a crear espacios que sean amigables con los residentes y visitantes. Por su parte Luis Alfonso Saltos, urbanista, hace hincapié en otra propuesta: utilizar el servicio de transporte público para agilizar el tránsito y ahorrar dinero, siempre que el servicio sea óptimo.

“En Europa todos, a cualquier hora del día, se movilizan por estos medios. Si aquí las políticas públicas locales estuvieran enfocadas en que los buses te brinden un servicio completo y no mínimo, como el que hoy ofrecen, los guayaquileños se sentirían tranquilos”. No tendrían el temor de que en un bus les roben, o de que con los gases que estos emanan, la ropa huela a humo. “Simplemente el colectivo sería una opción”.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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