“Nos toca vivir entre rejas por el miedo”

Ante los robos, los guayaquileños amurallan sus casas. La inseguridad pesa sobre la libertad y, como efecto, hay cambios en la conducta.

15 sep 2018 / 00:00

¿Vale la pena sacrificar la libertad por la inseguridad? Lastimosamente sí. Al menos así lo creen en su mayoría los vecinos que, teniendo en cuenta los robos que se dan prácticamente a diario en las calles y vecindarios de la ciudad, han optado por vivir blindados: entre rejas, con cámaras, alarmas, cercos, perros y, en el mejor de los casos, custodiados por guardianes.

“Hemos tenido que defendernos porque ya es mucho el descaro. Los delincuentes te acechan donde sea y como sea. Entonces, nos toca hacernos cargo. ¿Que si molesta vivir enrejados? Pues claro que nos enoja”. Sin embargo, ese es el precio que deben pagar, argumenta Walter Sabando, habitante de la ciudadela Sauces 5, por sentir (al menos) que por las noches están a salvo.

Si bien para los expertos, como publicó EXPRESO ayer, las rejas o vallas electrificadas no son la solución al problema de la inseguridad, sino la intervención social y las mejoras urbanas; los habitantes creen oportuno actuar de esta manera, pues de lo contrario les gana el miedo y el crimen.

“Yo prefiero poner un portón de dos metros en mi cerca, repleto de vidrio o metal, que estar esperando que alguien se meta en mi casa y me mate”, advierte José Ycaza, morador de la ciudadela Urdesa Norte, que con el objetivo de resguardarse gastó $ 4.000 en equipos de seguridad, solo el mes pasado.

Quienes habitan en ciudadelas como Los Ceibos, Miraflores, Centenario, El Paraíso, La Alborada y Sauces, según lo comprobó este Diario, coinciden completamente.

“Para qué arriesgarse. Es preferible dar el primer paso”, exponen. Y no únicamente instalando quipos en los hogares, sino solicitando al Cabildo que cierre determinadas calles por ser vulnerables a los asaltos.

En Álamos Norte, por ejemplo, según Victoria Guerrero hace seis o siete años el Municipio les permitió cerrar las peatonales, puesto que el lugar se había vuelto peligroso. “Por tener tantas entradas y salidas, te robaban y hacían hasta secuestros exprés. Más de una vez a jóvenes los dejaron escopolaminados”. Desde que blindaron la zona, los hechos delictivos cesaron. “Nos enclaustramos, pero ganamos tranquilidad”.

Hoy María Sánchez, quien por años fue presidenta del ahora extinto comité de moradores de la ciudadela Ferroviaria, y Eduardo Yépez, miembro del comité barrial 25 de Abril (de Sauces 5), quieren que les permitan instalar los mismos portones. Solo el martes pasado, relata Sánchez, dos individuos ingresaron a una villa cerca de las 15:00 y “se llevaron lo que más pudieron”. El barrio es unido y entre todos se cuidan. Al parecer eso ya no es suficiente, piensa.

Para Adolfo Klaere, quien a diferencia del resto piensa que esta última medida no ataca en absoluto de raíz al problema, hace un llamado a que las autoridades de Gobierno apoyen la gestión que en el Puerto Principal realiza, por citar un caso, la Corporación para la Seguridad Ciudadana.

“Sería bueno que apoyen la gestión económicamente para que instalen más cámaras en puntos estratégicos. Tener acorazado un sector afecta, hasta cierto punto, el turismo y la convivencia entre una barriada y otra”.

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