Padre Carlos Salcedo: “Era bastante cuadrado, aprendí a desarrollar misericordia”

Durante un año fue párroco del Santuario de la Divina Misericordia. Ejerce la cátedra en la Universidad Católica Santiago de Guayaquil, además es director del Instituto Internacional de Teología a distancia desde hace 17 años.

12 oct 2018 / 14:05

Risueño, de cabello blanco y cuando se le pregunta sus años de vida, el padre Carlos Salcedo Velasco, el recientemente nombrado sacerdote de la parroquia San Andrés (iglesia Santa Eulalia en la urbanización Terranostra en km 13,5 en la vía a la costa), responde en tono de broma que después de los 50, la edad ya no se dice. Sin embargo, confiesa 54. Nacido en Guayaquil, hace 30 años fue ordenado en Roma por el entonces papa Juan Pablo II (ahora santo). Estudió en el seminario Nuestra Señora de la Esperanza, en Ibarra. “Era muy joven (22) para ordenarme sacerdote. Aquí me ordenaron diácono y me mandaron a prepararme en Europa”, cuenta con emoción.

Aunque los sacerdotes están preparados para los continuos cambios, estos pueden estresarlos como a cualquiera. Con apenas un año en la Divina Misericordia y lo trasladan a otra parroquia.

Yo siempre he estado ligero de equipaje y con la maleta hecha. Solo estamos de paso. Cuando vamos a un santuario sabemos que no nos quedaremos mucho tiempo, no es una labor para permanecer un largo período, a no ser que haya un camino desarrollado como el de Narcisa de Jesús en Nobol. Son un reto las urbanizaciones en la vía a la costa.

¿Cómo evalúa su año en el santuario?

Me gustó la experiencia, un año en el camino de la misericordia me ha dado mucho aprendizaje, me hizo madurar y evolucionar como sacerdote. Yo era bastante cuadrado por la formación que tuve, aprendí a desarrollar la misericordia. A veces era cuadrado en ciertas normas que existen en la iglesia, comprendí que se debe ser más abierto.

Las nuevas normativas han establecido que un padre permanezca seis años en una parroquia, es decir ni mucho, ni poco, antes eran cuatro.

Existen normativas que se han regulado a través de la Conferencia Episcopal. Es algo general, pero también depende del obispo, quien es libre de removerlo, dependiendo de las necesidades o situaciones pastorales que se presenten en su diócesis.

Sin embargo, algunos se eternizan en una parroquia o sector y eso tampoco es tan conveniente.

Ahora se está tratando de darle una estabilidad al sacerdote, que ya no pese tanto como 15 o 20 años ni que sea tan frecuente su cambio. Por ello, una estabilidad de seis años.

La Iglesia nos enseña que debemos seguir a Dios y no al hombre. Pero en muchas ocasiones los fieles se encariñan con un religioso, usted deberá enfrentar esa situación ya que el padre Rainiero Marincioni fue gestor de esta parroquia y estuvo un largo período.

Hay que convivir con todo ello, mi misión no es darme a conocer para que me aplaudan, más bien ofrecer el mensaje de Dios y que el aplauso se lo lleve Cristo. Lo que se puede crear son amistades, me gusta cultivarlas. Tengo amistades de hace 25 años y eso es bonito, es bueno que cada comunidad cultive amistad con el sacerdote, le ayude y comparta. Somos de la iglesia y vamos donde la iglesia nos necesite.

Inevitablemente se darán comparaciones.

No vivo de eso. Hay que darse tiempo para conocer a la persona, eso es importante. No puedo decir que esta comunidad es así o de esta otra manera, por lo menos es necesario un año para conocernos bien.

Un problema con el que se enfrentan algunos padres es que los fieles se consideran dueños de las parroquias, quieren mandar más que ellos y si no les agrada el sacerdote hasta piden su cabeza.

Se debe tener equilibrio y madurez, entender que a los fieles no se los ha preparado en seminarios o casas religiosas para desapegarse de las cosas del mundo. Es necesario orientarlos, educarlos y es normal que sean celosos, que valoren las cosas de su iglesia, pero no somos dueños de nada, ni siquiera de la vida.

¿Entre sus planes está hacer cambios inmediatos?

Me tomaré un tiempo, un año tal vez. Primero aprenderé y conoceré y los cambios a plantearse en un futuro los haré con la comunidad. Por lo pronto mantendré lo que existe en San Andrés. Vengo a servir.

¿Una de sus tareas será construir una casa parroquial?

Así es, porque no hay. Arrendaré una vivienda en este sector y además tenemos un espacio en la casa parroquial de Puerto Azul. Somos ciudadanos del mundo (risas). Tomé conciencia de aquello en mi ordenación en Roma. Eran 67 sacerdotes de diferentes lugares, el entonces papa Juan Pablo II dijo: “ustedes no son sacerdotes para una comunidad sino para el mundo”.

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