“Debe volverse una obsesión la idea de recuperar el centro”

Durante su visita, Guillermo Peñalosa describe a la ciudad ideal. Dice que en Guayaquil, de ser necesario, el Municipio expropie casas para tener más parques.

19 sep 2019 / 00:01

Para el presidente de la Organización Mundial de Parques Urbanos, Guillermo Peñalosa, quien se encuentra de visita en la ciudad, para que una sociedad viva feliz es fundamental primero definir cómo se quiere vivir.

La noche del martes, él dictó un taller a los estudiantes de Arquitectura de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. Y allí, citando ejemplos de las transformaciones que han tenido otras metrópolis (hoy más verdes e inclusivas que nunca, según detalló), dio a conocer las pautas que necesitan para ser etiquetadas como ideales.

A estas las comparó con una pasta. Imaginen -dijo- que están cocinando una y no le agregan condimentos. “Sin condimentos, nadie la come, no la disfruta, se va... Pues con las ciudades es lo mismo: si no tienen las debidas aceras, los árboles, parques, ciclovías y sombra; si no hay vida en el centro, la civilización no va a disfrutar”. No será feliz.

Durante 40 años, sentenció el también director ejecutivo de la organización 8-80 Cities, las sociedades a nivel mundial se han enfocado en utilizar solo el carro y no se han preocupado por solucionar el problema de movilidad, ni han priorizado al peatón. Dos ingredientes claves para vivir en armonía.

A continuación, EXPRESO presenta algunas de las pautas que, a decir de Peñalosa (quien oficialmente mañana dará a conocer al Municipio sus recomendaciones para alcanzar esa meta), se podrían desde ya tomar en cuenta para iniciar ese proceso de transformación que precisamente vienen reclamando los habitantes del Puerto Principal y sus urbanistas.

La recuperación del centro

1. Para Peñalosa, que el centro de Guayaquil, al igual que el de todas las ciudades del mundo, recupere su actividad y, más aún, a sus habitantes, es primordial para su desarrollo. “El centro de Guayaquil, por ejemplo, debe volverse irresistible para que su gente regrese. Aquí debe volverse una obsesión la idea de que esta zona sea irresistible. Guayaquil no puede seguir desparramándose hacia afuera”, sentenció.

Y para ello adelantó que el Municipio tendrá no solo que sembrar árboles, construir ciclovías y llenar de música y arte el área; sino que deberá peatonalizar en gran número sus calles, así como también eliminar las rejas de su malecón y espacios públicos, como los parques.

“Ustedes tienen un hermosísimo malecón, que sería aún más bello si en los alrededores se viera a gente caminando, trotando, viviendo. Si no hay espacio para eso, sería bueno comprar esas cuadras de viviendas que están abandonadas para levantar edificios de entre 5 y 7 pisos, como existen en Barcelona (España)”. Y que, añadió, por su cercanía facilitan el contacto humano.

Los parques

2. Para el experto, que una ciudad cuente con el número adecuado de parques la volverá inclusiva; puesto que son estos los que, de estar construidos adecuadamente, darán cabida al niño, al adulto mayor y a las personas con discapacidad.

“Eso sí, el mejor parque no es el más costoso ni el que gana premios; sino aquel al que la ciudadanía va, se queda y regresa”, advirtió. Y para ello, “no necesariamente importa su tamaño”, ya que incluso los más pequeños, siempre que generen actividades, serán útiles para un barrio.

En este punto Peñalosa hizo énfasis en la necesidad de que los sectores más pobres de una ciudad, aun si no cuentan con vías pavimentadas, los tengan.

“Hay que pensar en la gente pobre y en sus horas libres. Si no tienen un espacio como este, se sienten miserables. Los ricos pueden ir al teatro o a restaurantes, pueden viajar. Si les damos parques a ese grupo de la población, entonces estamos igualando en algo sus vidas”, agregó, recalcando además la importancia de que en el Puerto Principal, donde hay en promedio 66.000 árboles, se siembren más.

“Guayaquil debería tener al menos medio millón de árboles”. “Ustedes -dijo otra vez en su intervención-, teniendo en cuenta el clima de la ciudad, deberían tener parques por donde sea. Y si no hay sitios para construirlos, “pues las autoridades tendrán que comprar casas para expropiarlas y levantarlos”.

Ciclovías

3. Otro de los puntos en los que Peñalosa se centró fue la idea de que Guayaquil cuente con una red de ciclovías seguras, lo que implica no tenerlas dispersas, sino que estén conectadas y separadas de los carriles de los autos. Y no por una línea que esté pintada.

Solo así, advirtió, la ciclovía será utilizada y, con ello, cada vez serán más los que opten por este tipo de transporte, que entre otros beneficios ayuda a que se reduzca el congestionamiento vial.

“Construir una ciclovía, por lo tanto, no implicará hacer solo un tramo para ver si funciona el proyecto. Para que funcione, la ruta debe ser completa: debe tener origen y fin. De lo contrario, no se logrará nada”, explicó, citando como ejemplo lo ocurrido en Argentina, donde tras la construcción de 150 kilómetros de ciclovía se ha logrado que el 7 % de habitantes use la bicicleta.

Hace tres años, dijo, cuando las rutas no estaban conectadas, no superaban el 0,6 %. “Aquí puede pasar lo mismo. Y sería ideal para ir y venir del trabajo por el tipo de clima que tienen. A mí se me hace agua la boca de tan solo pensar en las posibilidades que tienen para transformar y hacer cambios”.

Veredas

4. Tal como lo han sugerido los arquitectos y urbanistas en reportajes anteriores publicados por este Diario, es necesario que las aceras sean lo suficientemente anchas y planas para facilitar la circulación de los peatones. Y que tengan árboles y bancas que permitan el descanso.

“No tener buenas veredas da el mensaje de que una persona es un ciudadano de segunda categoría y de que el poder lo tienen quienes se movilizan en autos; cuando debería ser lo contrario”, especificó.

Para Peñalosa, en Guayaquil por ejemplo sería ideal que se construya una norma en torno a dos palabras: peatón primero. Lo que implicaría que se modifiquen las veredas, se elimine el mobiliario urbano que obstruye el paso, se las ilumine adecuadamente (inclusivo para generar mayor seguridad) y se reduzca el límite de velocidad en ciertos tramos, como las áreas residenciales y las cercanas a las escuelas.

De hecho en estas, tal como pasa en ciudades como Copenhague (Dinamarca), “se podría pensar en que durante las horas de clases, los autos por allí no circulen. Eso es síntoma de respeto hacia al menor”.

Transporte público

5. “Una sociedad civilizada no es donde los pobres tienen carro, sino donde los ricos usan el transporte público”. Con esa frase, el experto definió la importancia de que las autoridades trabajen por este punto. Y aunque no se centró en Guayaquil (aseguró que analizaría con qué frecuencia se utiliza la metrovía), sí precisó que este tipo de transporte, además de ser cómodo y seguro (dos factores que reclaman en la ciudad los usuarios), debe contar con decenas de unidades.

El río

6. Hay que recuperarlo. Esa fue la recomendación que hizo a las urbes que cuentan con uno. Y en Guayaquil, dijo, es posible hacerlo reactivando las actividades deportivas y realizando festivales en las orillas. “Que el dragado es necesario, sí; pero esa obra puede gestionársela a largo plazo. Mientras tanto sí se puede generar su uso. Al río jamás hay que darle la espalda. Los ríos no deben ser las alcantarillas de las ciudades”.

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