Las riberas del estero acogen a un barrio de indigentes

Desde el puente El Velero hasta el de Portete se encuentran las covachas. Los moradores de los barrios aledaños los acusan de robos y de consumir drogas.

10 ene 2019 / 00:00

Recorrer por la vereda que da hacia el estero Salado los 3,6 kilómetros de extensión de la avenida Barcelona, desde el puente El Velero hasta el de Portete, es una oportunidad de tener contacto directo con la naturaleza, en medio de la ciudad. La brisa del brazo de mar, el sonido de las aves y de las ramas de los árboles son relajantes para quienes lo hacen. Sobre todo, para el creciente número de personas que en las mañanas o noches caminan o se ejercitan en este sector.

Pero también, a lo largo de ese paseo -que en algunos tramos ha sido intervenido y mejorado por el Municipio-, los visitantes se encuentran con indigentes o consumidores de sustancias ilícitas que no solo van allí para fumar, sino que lo han convertido en su morada.

La orilla de ese tramo del estero que colinda con el parque Lineal de la avenida Barcelona acoge un ‘barrio’ de indigentes.

En un recorrido por la zona, este Diario contó al menos 15 covachas armadas con plástico, cartón, pedazos de madera y todo material usado que sirva para proteger del sol y la lluvia.

Debajo del puente de la calle 17, de El Velero y de Portete, también hay otras similares.

Al percatarse de la presencia del equipo de este Diario, algunos reaccionaron con violencia.

“Generalmente son tranquilos, pero se han dado ocasiones que han amenazado a nuestros trabajadores. En conjunto con la Policía y los del Municipio frecuentemente los desalojamos, pero ellos siempre vuelven”, dice Álvaro Castro, supervisor operativo de la empresa Visolit, encargada de recoger a diario los desechos del estero, cuyo personal limpia esa zona.

Según Castro, en ese tramo del Salado es donde más se concentran estas personas.

Moradores de ciudadelas y barrios situados frente al ramal se han acostumbrado a verlos, pero no a las molestias que causan y que varían por tramos.

Uno de ellos es la sensación de inseguridad que crea su presencia. “Corro por las mañanas por la avenida Barcelona porque por las noches, cuando salgo del trabajo, me da un poco de temor. A esa hora las personas que viven en el manglar suelen pasearse por aquí y algunos son ladrones y agresivos”, expresa José Navarrete, morador de la ciudadela Bellavista.

En las mañanas y noches, hay un número creciente de hombres y mujeres que hacen ejercicios físicos o corren a lo largo de la avenida. Mucho más desde que el Municipio colocó en el sector equipos para ello.

“Siempre vienen a las casas a pedir agua, traen galones o pomas. Eso es molestoso”, manifiesta Jhon Ibáñez, presidente de la ciudadela Ferroviaria.

“Algunos vienen a las casas a pedir ropa y comida. A veces se han presentado robos, a más de los patrulleros dando vuelta nos gustaría tener un UPC cerca”, agrega Ingrid Robles, del barrio San Eduardo, situado junto al estadio de Barcelona.

A ello agregan el olor a marihuana o a excrementos que se percibe junto a las covachas.

Xavier Narváez, de la dirección de Justicia y Vigilancia del Municipio, coincide en que ellos los desalojan, pero acota que no pueden hacer más.

En Guayaquil existe un solo albergue, que es municipal y solo para adultos mayores. El Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) indicó a este medio que la indigencia no es un tema de su competencia.

Desechos en el estero, un mal sin cura

Todos los días, la empresa Visolit limpia la orilla del estero. Los moradores apuntan a los indigentes que viven allí como los culpables de la basura que se halla en el lugar.

“Los materiales que han reciclado los chamberos y que no les sirve los botan al estero”, dicen los vecinos. Sin embargo, los trabajadores de limpieza indican que “gran parte” de la basura recolectada viene de casas cercanas al brazo de mar. “Falta conciencia de la ciudadanía”, recalcan.

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