En el preuniversitario de Medicina hay una niña

Maité Pazmiño Minuche, de 11 años, asiste a la UEES desde la semana pasada. Tiene 140 puntos de coeficiente intelectual.

13 feb 2019 / 00:01

Sus pies no tocan el piso cuando se sienta en el pupitre del aula. Su rostro y su contextura se diferencian del resto de sus compañeros, cuyas edades fluctúan entre los 18 y 20 años. Maité Pazmiño Minuche tiene 11 y está en un salón de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES), de Guayaquil.

Desde la semana pasada, por cuatro horas, acude al preuniversitario de Medicina donde recibe clases de Anatomía, Histología, Embriología, Fisiología y otras asignaturas que se imparten en este curso que deberá aprobarlo para matricularse en primer año de la carrera.

En el aula se destaca entre sus compañeros, todos bachilleres y con otros cursos aprobados. Cuando el profesor pregunta ¿qué es la Leucopenia?, es la primera en levantar la mano para dar la respuesta exacta.

Lo mismo ocurre cuando asiste a las prácticas de laboratorios o a las aulas de simulaciones, donde demuestra tener conocimientos avanzados del tema. Esto es visto con satisfacción por su maestro y con algo de asombro de sus amigos con los cuales ríe y comparte.

El caso de Maité es excepcional. Ella todavía no se gradúa en el colegio, donde fue promovida a noveno año; no obstante, decidió ingresar al preuniversitario para satisfacer su necesidad de conocer más cada día.

Para ser admitida tuvo que presentar una serie de evaluaciones psicológicas que indican que su coeficiente intelectual es de 140 puntos, por encima del promedio que puede llegar hasta los 125. Los tests fueron desarrollados por especialistas acreditados por instituciones internacionales; por psicólogos del plantel donde estudia y por profesionales del distrito educativo al que pertenece.

Además, cuenta con certificaciones que acreditan su aceleración académica cada dos años; a lo que suma cursos ‘on line’ aprobados con satisfacción sobre Biología, Bioquímica, entre otros.

Su madre, Gabriela Minuche, quien asiste con Maité todos los días a clases, cuenta que su hija tiene facilidad para procesar información. Por eso es que a los tres años aprendió a leer y a los cinco ya revisaba libros de Química y Anatomía, mientras que en menos de un mes aprendió las tablas de matemáticas. “A pesar de eso nunca la hemos considerado mejor que nadie, pero sabemos que es buena en todo lo que hace”, indica con orgullo, en un extremo del aula, donde espera su salida para llevarla a casa.

Gabriela lamenta que el sistema educativo ecuatoriano no brinde muchas alternativas para niños con coeficiente intelectual alto. Sin embargo, reconoce que en los últimos dos años, el colegio en donde estudia su hija ha creado aulas de talento, aunque la menor sigue sintiendo que le falta una educación especial que le brinde más opciones para potenciar y aprovechar sus habilidades.

Para suplir estas necesidades, Gabriela ha tenido que superarse. Tiene un título en Formación de padres, otro de Asistente Montessori (pedagogía lúdica) y un posgrado en Altas capacidades en el desarrollo de talentos, otorgado por la Universidad Internacional de La Rioja. Lo aprendido le ha servido no solo para ayudar a Maité, sino también a sus otros dos hijos de 7 y 2 años, que van por el mismo camino de su hermana.

El rostro de Maité luce natural y sonriente. Su menudo cuerpo y estatura (1,35 metros de alto) no la inhiben. Dice que aprobará el curso de nivelación y que con esos resultados pedirá un nuevo aceleramiento curricular para terminar pronto el colegio y matricularse al primer año de la carrera de Medicina.

Según expertos

Superdotado se desperdicia

No hay una estadística que informe el número de niños o jóvenes ‘superdotados’ que hay en el país. Tampoco hay instituciones educativas ni maestros preparados para ofrecerles la atención que esta población necesita. Pero sí hay centros que realizan tests para conocer el grado de intelectualidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que hasta un 2 % de la población mundial puede ser superdotada. El parámetro más común que se utiliza es el coeficiente intelectual (CI), que en estas personas supera 130.

Gina García, psicóloga educativa, apunta que la única opción para ellos es el aceleramiento académico. Su colega, Ana León, dice que el Gobierno debe contar con un programa integral educativo, de lo contrario lo superdotado se desperdicia.

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