Los brasileños cambiaron el modelo de la actividad comercial

Pese a lo que se piensa, los centros comerciales nacieron al sur de la ciudad Empresarios extranjeros fueron los primeros en arriesgar su capital, al crear el Sud América en los años 60

20 ene 2015 / 00:45

Fue construido hace cinco décadas, y aunque su estructura sigue funcionando, su fin no es el mismo. Pocos lo conocen o recuerdan, pero el Sud América, el primer centro comercial que tuvo Guayaquil, dejó hace mucho de ser una gran vitrina para convertirse en un nicho de oración y ayuda cristiana.

“Ahora es un centro de reunión de aproximadamente 1.000 evangélicos”, cuenta Christian, un joven de poca habla que, al pie de la antigua edificación donde trabaja, niega el ingreso a extraños, pero que trata de apaciguar la curiosidad diciendo que “por dentro, su estructura poco ha cambiado. Algunas cosas siguen siendo igual”.

El edificio, ubicado en las calles Agustín Argüelles y Francisco Segura del barrio Centenario, fue diseñado en 1965 e inaugurado dos años después.

El arquitecto guayaquileño Roberto Béjar Suéscum fue el llamado a edificarlo. Él trabajaba en el centro. Siendo más específicos, dice, su oficina la tenía dentro del edificio de la Aseguradora Sudamérica, cuyos propietarios eran brasileños: los primeros inversionistas que apostaron por crear un centro comercial en Guayaquil.

Fue así cómo la forma de hacer comercio en la ciudad, la más mercantil del país, tomó un giro. Béjar, hoy de 81 años, recuerda que en ese entonces el mercado ya se caracterizaba por su oferta dinámica, pero no existía un lugar que diera a los citadinos confort para hacer sus compras. “Entonces, nos fuimos al sur donde no existía ningún tipo de servicios”, dice.

El alma de la estructura fue una “pileta de agua” y un “hermoso jardín central” que conectaba a los 10 locales que promocionaban a las firmas más brillantes de la época. Entre ellas, el cine Inca, el supermercado Más por Menos y la cafetería Milko Bar.

José Núñez, director de Urbanismo del Municipio de Guayaquil, sostiene que el incremento poblacional fue uno de los factores que hizo que la urbe se llenara de este tipo de edificaciones. El catastro del Municipio de Guayaquil del 2012 (el más actual) registra a 44 malls, pero allí no constan los más recientes y modernos que nacieron a lo largo de la vía a la costa como Laguna Plaza, Blue Coast, Plaza Colonia y Costalmar (el más reciente).

El Sud América quedó en el olvido. Sus tiendas insignes quebraron y con ellas la imagen del primer centro que hoy pocos reconocen o recuerdan. Años después nació el icónico La Merced que dio vida a la actividad comercial del centro de la ciudad. En 1979 fue el turno del Policentro que, con mayor promoción, logró impulsar este modelo de negocio y estimular el crecimiento urbanístico del norte. Por ello la historia les atribuye un lugar primordial.

Nuevos pedidos de construcción, presentado a la Dirección de Urbanismo, hacen prever que el número de estas casas comerciales seguirá proliferándose. Núñez refiere que existe interés en construir un centro “por la vía Perimetral (cercano a El Fortín), otro por la autovía Narcisa de Jesús y otros a lo largo de la vía a la costa”. No se descartan nuevos centros en Flor de Bastión y el Suburbio Oeste (según anunció el alcalde Jaime Nebot, inversionistas trabajan sobre esta última zona para construir Mall del Estero).

No existen cifras oficiales pero es claro que este sector mueve millones de dólares anuales por la cantidad de adeptos que tiene. Solo el Mall del Sol (el más grande de la ciudad) al mes llega a recibir unos 2 millones de visitantes. Es un mercado que no deja de ser competitivo por su alta demanda. Un mercado donde la modernidad y el lujo que caracteriza a unas estructuras, no ha logrado eliminar la tradición y funcionalidad de los más antiguos.

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