Un año guerreando contra el hambre

Fruver, proyecto del Banco de Alimentos, recicla frutas y verduras descartadas y las dona a 54 fundaciones. Implementarán el programa en otros mercados.

14 ene 2019 / 00:01

Betsy Parrales es experta en rechazos. Lo ha convertido en una ciencia. No más de cuarenta segundos por puesto. Ese es el tiempo que le toma preguntarle a los comerciantes del mercado de mayoristas de Montebello si tienen alguna donación para su enorme gaveta plástica o si, a sus negativas, silenciosos, molestos e incluso uno que otro piropo grosero, responderá con un sonoro pero educado “gracias, que Dios lo bendiga”.

En los días buenos, al menos una treintena de vendedores depositan frutas y verduras magulladas en su cajón. A veces, incluso, sale con un saquillo lleno. En los días malos recibe más negativas que productos, pero lo hace siempre con una sonrisa; el trabajo es más importante que su frustración.

Y es que tanto ella como los otros pasantes universitarios y voluntarios de Fruver, proyecto del Banco de Alimentos Diakonía que lidera la Arquidiócesis de Guayaquil, tiene claro que una pelea inútil no vale el riesgo de dañar la relación con los comerciantes. De estas donaciones depende la alimentación de 18.000 personas.

El proyecto de recolección nació hace exactamente un año, de la mano de María José Mendieta y tenía como meta reciclar estos productos y llevarlos a la mesa de fundaciones y organizaciones sociales. “Cada año en el país se desperdicia 3,1 millones de toneladas de comida, comida que podría alimentar a personas que realmente lo necesitan. Nosotros reciclamos frutas y verduras que aún se pueden consumir y las llevamos a niños, ancianos, personas enfermas, así ayudamos a muchas personas y reducimos el hambre”, explica.

Un año guerreando contra el hambre
A falta de un auto propio, los chicos llegan al mercado en la parte de atrás del único camión de la fundación y, al término de la recolección, regresan en taxi.

El grupo ya tiene una rutina. Los martes, jueves y sábados, inician el día a las 06:30, metiéndose, a falta de un carro propio, en el camión del Banco de Alimentos para llegar hasta el mercado de mayoristas. La recolección dura dos horas, tras lo cual regresan en taxi hasta las oficinas, en la ciudadela Nueva Prosperina, para clasificar los alimentos. Nada se desperdicia. Lo que está en mejor estado va a la bodega. Lo que está golpeado o magullado se corta y adecúa para ser aprovechado e inmediatamente se entrega a los 54 albergues, centros de rehabilitación y guarderías a las que sirven. Lo que está dañado se transforma en composta para el huerto.

Mendieta confiesa que el trabajo se ha hecho a punta de prueba y error. Al inicio, recuerda risueña, los voluntarios no solo debían armarse de paciencia para aceptar los rechazos de los comerciantes, sino también para recibir insultos. “El director de Mercados del Municipio, Gustavo Zúñiga, y el ingeniero Milton Zapata, director del mercado de Montebello, fueron súper receptivos con la propuesta y nos ayudaron muchísimo, pero con los comerciantes nos costó mucho más. Al inicio no querían colaborar o si nos daban, nos mandaban hasta a los tachos de basura a recoger verduras. Fue muy duro hacer que nos aceptaran y que entendieran qué es lo que estábamos haciendo”.

Sin embargo, hoy por hoy, son los propios comerciantes los que guardan los productos para la donación.

Los resultados de esta primera etapa darán paso a una segunda que iniciará este año; la expansión de Fruver a otros mercados municipales. “Eventualmente abarcaremos toda la ciudad. Queremos que este sea un movimiento enorme y podamos ayudar a mucha gente”.

Un año guerreando contra el hambre
Al volver, seleccionan lo recolectado. Lo que está en buen estado va a la bodega, lo comestible directo a las fundaciones y lo dañado a la composta del huerto.

Programa

Otras cinco propuestas, en marcha

El banco de alimentos empezó a trabajar en la urbe en 2011. Entre los programas que manejan, además de Fruver, está el Banco de medicinas, ‘Desayunos para mejores días’, que da desayunos a niños de escasos recursos, ‘La tiendita’, que vende prendas de vestir, artículos de higiene personal y de hogar a bajo costo y el huerto comunitario, que funcionan en las instalaciones de la entidad, en la ciudadela Nueva Prosperina e impulsa la alimentación saludable.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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