La vanguardia Hugo Mayo la difundió desde Guayaquil al Ecuador

Miguel Augusto Egas miranda, que tomó el nombre literario de hugo mayo, hizo conocer el dadaísmo europeo en nuestro país.

22 sep 2013 / 01:21

Puede tomarse al dadaísmo disociador (y de cierta manera nihilista) de Tristan Tzara como el punto de partida de la Vanguardia Literaria que, por supuesto, siguiendo el orden lógico, tuvo que comenzar con la poesía. Y surgió desde París, que era el centro cultural del mundo en tiempos de la “Bella Época”. Aparecería así, en un mundo convulsionado por el recuerdo de la Primera Guerra Mundial y por la ciencia y la tecnología que empezaban a dominar el tiempo y el espacio, el surrealismo que tuvo sus cauces en el inconsciente y subconsciente revelados por Freud (de donde surge la “escritura mnecánica”). El Futurismo vino como respuesta al mundo de los grandes inventos y los descubrimientos (que exigían además un nuevo lenguaje ante la aparición de nuevos sistemas de vida y nuevos objetos), el Ultraísmo y hasta el Creacionismo propuesto por el chileno Vicente Huidrovo. La Plástica y la Música no podían quedarse afuera de esta gran metamorfosis artística usando y abusando de la abstracción y hasta de la electricidad.

EN EL ECUADOR

El lamento modernista había sido superado por el posmodernismo que nos rescató de un exilio en nuestro propio país. Y la poesía rompió también, aprovechando la coyuntura, muchas ataduras formales. Sin embargo, le correpondió a Miguel Augusto Egas Miranda, poeta manabita que residía en el puerto principal, ser el paladín de esta nueva forma de construir el mensaje poético. Y al recordarlo debemos pluralizar la expresión ya que la Vanguardía no es una sola sino que, aprovechando su absoluta libertad, se multiplica hasta el infinito lindando a veces hasta con lo prosaico y lo aparentemente apoético. Y, por supuesto, también con el absurdo.

Este poeta que desacralizó la poesía no obtuvo en sus inicios, sin embargo de estar enfrentando tenaz y fervientemente lo ya aceptado, mayor atención en el ámbito literario del país. A ello cooperó su desinterés por publicar la obra creada en libros y solamente se conocían sus versos, que siempre llegaban con alguna novedad, en revistas y diarios. Él mismo fue creador, en enero de 1927, y director de una revista que su mismo nombre identificaba la nueva forma de ser en un mundo mecanizado que ya había hecho navegable la altura y los fondos submarinos. La publicación se llamaba “Motocicleta”, pero desgraciadamente tuvo una vida efímera. Era una publicación de entre seis y ocho páginas, financiada con el escaso peculio de su creador. Y es que este gran poeta sobrevivió gracias a trabajos burocráticos hasta el final de sus días.

Sin embargo, este venguardista desconocido en su país, como para decir que “nadie es profeta en su tierra”, tuvo correpondencia con colegas americanos, entre ellos Vicente Huidovro, que publicaba la revista Creación. Poemas suyos fueron también incluidos en publicaciones como Ultra, Tableros, Pegaso y Circunvalación, en España.

NOMBRE Y MANIFIESTO

Rodrigo Pesante Rodas en su obra “Visión y Revisión de la Literatura Ecuatoriana” nos informa: “En 1921 Miguel Augusto Egas Miranda adopta el seudónimo HUGO MAYO (que le quedará para siempre) y nace en el mes de octubre SINGULUS, pequeña revista bajo su dirección y la de Rubén Irigoyen, actuando como secretario Leopoldo Benites Vinueza; en sus páginas se advertían claramente dos objetivos: a) reflejar una nueva conciencia estética y política, de allí su cuestionamiento a los “escritores engolfados” en los tules versallescos y el capitalismo, y b) armonizar entre página y página la Vanguardia que llegaba a través de su voz”.

“La postura de Hugo Mayo no se limitó al campo de la escritura sino también a promocionar y fomentar el camino de los vanguardistas, no solo como función estética sino como actitud histórica”.

AUTODEFINICION

El 25 de junio de 1970, Hugo Mayo recibió una condecoración nacional y en el acto de entrega de la presea se autodefinió con las siguientes palabras: “Como consecuencia de haber implantado en la poética ecuatoriana las tendencias dadaísta, ultraísta, surrealista y creacionista, muchos años recibí, entre los 25 al 30 (del siglo XX) la críticas de los “zoilos del estero” que pidieron, incluso, en las páginas de cierta prensa nacional que Hugo Mayo fuera recluido en un manicomio por tanto atentado contra la estética rubendariana”.

El primer libro que se publicó de Hugo Mayo fue “Zaguán de Aluminio”, décadas después de haberlo escrito.

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