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Guayaquil se tiñó de sangre joven

El 2 de junio de 1959 ante la ola de saqueos en la ciudad los soldados dispararon contra la multitud desconocién-dose hasta ahora el número de muertos.

22 sep 2013 / 01:21

La historia, en su versión de fría exposición narrativa, nos dice que el Ecuador vivió, entre el 48 y el 60 del siglo veinte, un espacio de estabilidad política. Los gobiernos que se sucedieron en ese lapso, el de Galo Plaza, Velasco Ibarra y Camilo Ponce, por cumplir cada uno su período, habrían sido la mejor muestra de que el Ecuador de entonces se condujo en armoniosa tranquilidad, su economía se desarrolló de manera óptima, y la institucionalidad pública respondió a las aspiraciones sociales.

Este acontecer de calma fue en realidad aparente. El tono soberbio y prepotente del manejo del Estado desde los resquicios terratenientes y gamonalicios de Ponce, objetivado en un atrabiliario proceder de los organismos de seguridad oficial y policiales que, entre otros abusos, arremetieron contra la población indígena del Chimborazo y terminaron con la vida de un estudiante del colegio Maldonado de Riobamba, de apellido Zapata, la reacción nacional por estos hechos, y la revolución cubana, que había conmovido al mundo y puesto en la superficie de la atención pública el determinante papel de la juventud rebelada contra la tiranía, fueron los factores que desencadenaron los horrorosos hechos del 2 y el 3 de junio de 1959 en Guayaquil.

La energía estudiantil hervía en la ciudad, y la movilización llegó luego de un acontecimiento ocurrido en Portoviejo, donde el joven conscripto José “Papi” García, muy querido en el medio, se había suicidado por culpa de un altercado con su jefe, el capitán del Ejército Hugo Quevedo. El populacho de Portoviejo arrastró al oficial el 29 de mayo, y quemó sus restos como venganza por la muerte del muchacho.

El centro de Guayaquil se convirtió en un volcán activo. Estudiantes universitarios y secundarios iban de un lado a otro, de Boyacá y 10 de Agosto donde se reunía un grupo que se autodefinía como vanguardia armada del pueblo, la Unión Revolucionaria de la Juventud Ecuatoriana –URJE-, a la Vieja Casona Universitaria, y de esta a las calles y parques del centro para hacer sentir su fuerza y decisión en contra de un gobierno considerado enemigo. Prevalidos por la gesta cubana, triunfante el 1 de enero de 1959 luego del derrocamiento del corrupto gobierno de Fulgencio Batista, los jóvenes guayaquileños nucleados en esa organización, se movilizaban a diario para enfrentar la arremetida de un grupo de seguidores del alcalde de entonces Pedro Menéndez Gilbert, para desafiar a los cubanos exiliados que proclamaban su abierta oposición al naciente gobierno revolucionario de su país, y para combatir a un gobierno que asumía una actitud represiva como carta cotidiana de su gestión, mediante acciones a cargo de “pesquisas” y agentes rudos e inconmovibles.

Jóvenes trepados sobre los carros arengando a sus compañeros y enfatizando “porque a este gobierno conservador hay que tumbarlo” y “ya están dadas las condiciones objetivas y subjetivas...la hora ha llegado...la oligarquía tiembla y le decimos basta...solo con la lucha conquistaremos la victoria”, y una enorme masa, ávida por encontrar pautas de orientación a fin de librar lo que pensaban sería la cruzada definitiva contra el presente de oprobio, e imponer esa nueva voluntad capaz de mover montañas y conquistar el cielo. El ambiente se inundaba de voces que decían ¿dónde están ahora para dirigirnos en la pelea final? ¡A construir barricadas! ¡A voltear los carros! ¡A regar las bolas de cristal para que los caballos resbalen! ¡A lanzar los cohetes al frente, no arriba! y se cruzaban con el repiquetear de las armas policiales, con el ruido de los dispositivos de lanzar bombas lacrimógenas y con las cortantes órdenes de los jefes que pronunciaban, a todo pulmón, ¡Tirar a matar!

Sin tácticas definidas, y solo con el ímpetu de esa incierta convicción, los rebeldes no pudieron sortear la arrolladora presencia de las huestes represoras. Unos alcanzaron a huir con gran dificultad, otros se refugiaron en las casas que se encontraban a mano, y los demás, varias docenas de chiquillos, creyeron que escondiéndose en el edificio a medio construir ubicado frente al diario El Telégrafo hallarían protección y salvarían sus vidas. Muy pocos salieron de ahí por sus propios medios.

De los sobrevivientes casi no queda nadie. Unos han muerto o se han esfumado, y otros han salido del país para no volver. De entre los que quedaron, y ya pintan canas, hay convencidos de que las razones para rebelarse no han cambiado, pero hay también quienes se desilusionaron, ya no creen en nada ni en nadie, no confían en las propuestas de los políticos, y los acusan de haberlos utilizado siempre para sus ambiciones y audacias.

Con dificultad hemos armado esta pieza y hemos podido rescatar esa furia adormecida expresada en palabras. Cuando llegaron los “pacos”, nos dicen los que vivieron el terror de esos días, nos atrincheramos en una fortaleza sin fortificar, en un cuartel sin armas, en una tumba sin lápida. Nos convertimos en blancos móviles para tácticas de tiro libre; sin poder bajar, sin poder huir. Los gases inundaron piso por piso, y los policías se tomaron el lugar. Los encofrados de la casa a medio construir, nuestras armas, se agotaron. Nadie se atrevió a entregarse, y pudimos ver muchos cuerpos lanzados desde los últimos pisos al pavimento. Vimos también a los que morían a golpe de culata y a los que eran fusilados, sin paredón ni pañuelo en los ojos. Eran apenas chicos del segundo al cuarto curso de colegio que combatían sin proponérselo.

Con la calma de los años, pero con el corazón encendido, prosiguen: Estábamos en una guerra sin soldados de nuestra parte, ajenos a los dueños de la estrategia del poder. La insurrección se avecinaba, pero nadie nos enseñó cómo tratarla al nacer. Los que sabían no estaban. Fuimos soldados, nos confiesan con la ternura del recuerdo. Soldados sin armas, sin conocimientos de la guerra, sin manuales orgánicos, sin disciplina, sin jefes, sin guías.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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