El 9 de Octubre que la ciudad no pudo festejar

La suspensión de la agenda octubrina obligó a buscar otras formas de distracción. Familias y amigos lo hicieron cerca de sus viviendas.

10 oct 2019 / 00:00

Lo que debió ser un día festivo para Guayaquil, que ayer recordó sus 199 años de gesta independentista, se tornó en una fecha donde no hubo entretenimiento.

La cancelación de los desfiles cívicos y estudiantiles, Parada Militar, ferias, entre otras actividades programadas por entidades públicas y privadas para rendir homenaje a la ciudad, dejó sin opciones de distracción a los guayaquileños.

Las protestas que se realizan desde el jueves pasado en todo el país, ni siquiera han permitido que los padres de familia puedan salir a pasear tranquilamente con sus hijos, quienes están de vacaciones obligadas por la suspensión de las clases.

Sin embargo, compartir el día con su hijo Benjamín, de 4 años, es lo que más rescataron los esposos Eduardo Fuentes e Isabel Galdos, de la jornada de ayer, quienes no laboraron debido a las manifestaciones.

Lo negativo para esta familia, conformada hace doce años, es que permaneció mayor tiempo cerca del domicilio, situado en la calle Venezuela, por la suspensión de las actividades octubrinas y porque debieron ‘estirar’ el dinero para cubrir la alimentación y otras necesidades para el hogar.

Junto a un hermano, Eduardo ofrece los servicios de mantenimiento de áreas verdes y diseño en urbanizaciones de La Puntilla. Hasta el viernes pasado resultó rentable el negocio, del que dependen también cuatro empleados.

“El cierre del puente de la Unidad Nacional y los rumores de desmanes motivaron que nuestros clientes posterguen los trabajos, lo que significa cero ingreso durante esta semana y vivir con el dinero de la semana anterior”, señala Eduardo, con evidente preocupación.

Isabel labora en una concesionaria de vehículos situada en la avenida Carlos Julio Arosemena, que permanece cerrada desde la tarde del martes ante posibles desmanes.

“Con mi esposo teníamos previsto pasear durante el fin de semana, pero como va la situación nos tocará reprogramar, luego que reunamos algo de dinero y vuelva la tranquilidad”, señala la joven.

La pareja llevó en la mañana al pequeño Benjamín hasta el parque Forestal, en el sur de la ciudad, para que se distraiga en los juegos infantiles, pero debió retirarse porque las puertas de las instalaciones permanecían cerradas.

Con igual novedad se encontró Wilmer Villegas, quien movilizaba en su bicicleta a sus hijas Romina (8) y Damaris (6).

El joven, quien comercializa agua embotellada, no laboró ayer por la escasa clientela y por el temor de que vándalos le roben la mercadería.

Comenta que sus pequeñas estaban aburridas en casa, debido a que desde hace una semana permanecen suspendidas las clases y no les han enviado tareas. “Al menos las llevo a pasear en la bicicleta, pero debo estar atento de los vándalos disfrazados de manifestantes”, expresa Wilmer, mientras pedalea con dirección a su domicilio, situado en las calles Esmeraldas y San Martín.

Quienes no pudieron divertirse para nada fueron los hermanos Christian y Karla Mancero, de 5 y 7 años, quienes habitan en la ciudadela Los Esteros, en el sur de la ciudad.

Su padre, Gabriel Viteri, tenía previsto llevarlos a recrearse al parque acuático Viernes Santo, ubicado en la ciudadela La Fragata, a pocos metros de su vivienda, pero no logró su objetivo, ya que cuando llegó al lugar se encontró con la sorpresa de que estaba cerrado. Los guardias de seguridad le dijeron que había la disposición de no dejar ingresar a nadie, por motivos de seguridad.

Los rostros de los menores se entristecieron al tener que emprender la retirada, llevando consigo una maleta en la que guardaban los trajes de baño y el bloqueador solar que no pudieron utilizar.

En cambio, Ana León, ama de casa, prefirió seguir encerrada en su casa, junto a sus hijos. “Quería llevarlos a pasear al Malecón, pero desistí de la idea porque escuché que se iba a desarrollar una marcha en el centro de la ciudad. No puedo poner en peligro la integridad de mis hijos, aunque lamento que ellos tengan que estar encerrados en la casa”, exclamó.

Carlos Pizarro, padre de dos hijos, también lamenta que estas festividades hayan sido sombrías y sin muchas oportunidades para la diversión. “Todo se suspendió y eso trastocó lo que muchos habíamos planificado en familia. A nosotros, por ejemplo, nos gusta asistir al desfile de los carros alegóricos y a la Parada Militar, pero este año nos quedamos con las ganas. Ojalá que estas actividades se reprogramen y puedan darse luego de que vuelva la calma al país”, exclamó.

Sin embargo, hubo otras personas que al mal tiempo le pusieron buena cara.

Por ejemplo, un grupo de habitantes de la cooperativa Colinas de la Alborada, en el norte de la ciudad, que resolvieron suspender las actividades que tenían programadas por las festividades de independencia, se unió a otro de la cooperativa de la Juan Montalvo para trasladarse hasta Parque Samanes, aprovechando la ausencia de deportistas en la mayoría de las canchas sintéticas. “Para no aburrirnos en casa, preferimos jugar pelota, así compartimos con nuestros amigos y nos olvidamos de los enfrentamientos por las medidas económicas”, opina Iván Mejía, habitante de Colinas de la Alborada.

Pedro Bravo también llevó un balón para jugar con su hijo Alfredo, de 12 años. Comenta que trabaja en una entidad pública y solicitó permiso a sus superiores, aprovechando que la atención ha sido a medias durante la semana.

“Desconozco si mañana deba retornar a mis labores, pero al menos aprovecho este momento para compartir con mi familia”, opina Bravo, quien habita en Los Vergeles.

Algunas familias, principalmente del suburbio, aprovecharon los intensos rayos solares para instalar las piscinas inflables en las calles. “Al menos nos divertimos en casa”, dijo Luisa Aray, quien habita en la Novena y la D, mientras reía en compañía de sus hijos.

Evento deberá esperar otro año

En la calzada de Paseo del Parque, avenida principal de Parque Samanes, quedan huellas de la tarima que se instaló para la Parada Militar, suspendida por segundo año consecutivo. El año pasado fue para optimizar recursos humanos y materiales; esta vez por el estado de excepción que rige en el país.

En el sitio, que yacía desolado, se esperaba a las 09:00 de ayer la presencia de unos 2.000 uniformados; además de elementos para la defensa de la soberanía, como helicópteros, aviones de combate, tanques de guerra y lanchas guardacostas.

“Es lamentable que se postergue un acto cívico que es un ejemplo para la juventud”, dice Orlando Yánez, morador de Mucho Lote.

La suspensión de la jornada afectó otras actividades, como la feria de Parque Samanes. La mayoría de los stands dejó de atender.

Soledad Villarroel, oriunda de Cotopaxi, lamenta que no logra recuperar la inversión que hizo en artesanías.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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