La fe después del escándalo

Tras que sus párrocos fueran acusados de cometer abusos, la dinámica en varias parroquias de la ciudad cambió. EXPRESO las recorrió para conocer las consecuencias.

20 nov 2018 / 00:01

Enterarse de los abusos los perturbó. Ni en Czestocowa ni en la parroquia Jesús Obrero, los casos eran únicos. Luego, el escándalo. Padres atemorizados porque allí mandaban a sus hijos y el recelo, producto de sentirse traicionados conllevaron a que los fieles dejaran sus iglesias.

En Acuarelas del Río, donde se asienta la iglesia de Czestocowa, algunos progenitores debatieron la continuidad de sus hijos en las catequesis. “Había desconfianza de mandar a los niños a la iglesia. La gente siguió yendo, pero con más recelo”, cuenta Cristina Rivas, moradora del sector.

En la iglesia Jesús Obrero, el panorama era similar. Menos fieles y el mismo tema en cada discusión. “Hay que reconocer que sí impactó en la iglesia. La primera reacción fue de desconcierto”, explica monseñor Luis Cabrera, arzobispo de Guayaquil.

Había que ayudar a las víctimas, pero también recuperar la confianza de los fieles. Por ello, la iglesia desarrolló acciones como comités para diseñar protocolos en las diócesis (ver subnota) y la introducción de nuevos sacerdotes. Sus invitaciones personalizadas o a través de los movimientos laicales acercaron a los creyentes. Después, la reconstrucción del templo, actividades de integración y charlas a la comunidad repararon la relación iglesia - parroquia. En ello concuerdan Mariela Ibáñez y Betty Loaiza, habitantes del barrio Garay.

Lo mismo sucedió en Czestocowa. Uno de sus feligreses, Jhonatan Macas, asegura que el nuevo sacerdote es un “buen padre, que nos invita a ir y a cooperar. Ahora, la iglesia se llena y hasta faltan bancas. Pero no hay que confiarse”.

Para el sociólogo Carlos Tutivén no se puede generalizar las respuestas, sin embargo, considera que algunos fieles consideran estos hechos como excepcionales y al ver una nueva generación de sacerdotes, siguen en su comunidad.

Por su parte, monseñor Cabrera cree que el público más afectado eran los padres que temían por sus hijos. No obstante, los jóvenes también se sintieron traicionados. “Hay un dolor espiritual y un dolor humano por la confianza que se tenía en los sacerdotes”, reseña Darío Holguín, catequista de la parroquia Santísima Trinidad.

Y como si de una bomba se tratase, su radio afectó a otros sectores. Según Holguín, en su comunidad, los padres evitan que sus hijos sean monaguillos. En una iglesia del sur, las misas también cambiaron. Durante ellas, el sacerdote llama a que los padres fortalezcan la comunicación con sus hijos para evitar que abusos, perpetrados por cualquier agresor, sean callados.

Comités para diseñar protocolos

Para demostrar su compromiso por la lucha en contra de los abusos y recuperar la confianza de los feligreses, la Iglesia apuesta por la conformación de un grupo de especialistas en las diócesis. Su función es la elaboración de los protocolos para prevención y tratamiento de los abusos. Se espera que estos estén listos para inicios del 2019. “Si hay más casos tienen que salir. Queremos actuar con todas las transparencias. Los protocolos son para motivar a las víctimas a que no callen porque ellos están sufriendo”, ratifica la primera autoridad de la Iglesia guayaquileña.

A la par han trabajado en charlas con padres de familia y directivos de las instituciones de la Red Educativa Arquidiocesana. Según monseñor, esto ha contribuido a que casos de abuso infantil, cometidos por familiares sean conocidos.

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¿Cree usted que los casos de abuso han afectado la fe de los católicos? ¿Qué debe hacerse para recuperarla?

Mauricio Reina

La fe sí se ha dañado. Hay personas que, a raíz de conocer estos actos, han perdido la fe o simplemente dejado de ir a la iglesia. Además, no hay medidas más allá de lo que ya existe, nuestra justicia y ley es muy lenta.

Alfredo Valverde

La fe es algo que nunca se pierde. En el caso de los católicos, creen en alguien superior, no en un sacerdote. Sin embargo, deberían tomar medidas que castiguen a los que usan su religión para hacer cosas perversas.

Jenni Chiquito

En el entorno de jóvenes que yo conozco no ha influido. Más bien percibo jóvenes sedientos de Dios, con esperanza y con deseo de que otros experimenten el amor de Dios.

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