“La educación es emancipación”

Se ha destacado como escritora de cuentos y poemas. Es amante de los pasillos. Quiere formarse en medicina o ciencias políticas.

16 sep 2018 / 00:00

Tranquila, pero no callada; su voz es pausada y firme, así como los oradores, porque lo es. Damaris Prado, además escritora y poeta -como se describe- nació hace diecisiete abriles y se convirtió en la mejor promedio de su colegio, aunque ya había ganado la distinción antes en su escuela.

Ese sería un breve resumen de la joven estudiante, si esto fuera una biografía. Prado obtuvo una calificación de 9,96; digno de la distinción como abanderada del Pabellón Nacional del Colegio Nacional Guayaquil, un deseo que planificó durante algunos años. “Siempre quise destacarme y convertirme en la mejor estudiante. Todos en mi familia lo han hecho”.

Su cabello negro azabache, que le llega a la mitad de la espalda, contrasta con su piel blanca. Sentada en la oficina del rectorado de su plantel narra la forma en la que alcanzó la excelencia académica, aunque antes de hacerlo, prefiere comenzar por los agradecimientos. “Le debo todo a los esfuerzos de mi madre (Fanny Quezada). Mis alegrías son sus alegrías y mis tristezas también son tristezas para ella”, se conmueve.

No está totalmente segura de cómo llegó a convertirse en la mejor estudiante, pero sí sabe que la “dedicación y perseverancia” la hicieron una ‘casi experta’ en las ciencias sociales, naturales y matemáticas. “Cuando estoy en clases, mis compañeros siempre me piden ayuda a mí para las tareas, eso me hace sentir bien, porque ayudo a los demás y ejercito mi aprendizaje”, relata sonriente, mientras coloca delicadamente un mechón de su cabello detrás de su oreja.

Reconoce que esa facilidad para la academia la tiene aún indecisa sobre su futuro profesional. “Quiero convertirme en médica, aunque también me gustan las ciencias políticas y las leyes. Eso depende de la beca que obtenga”.

Ayudar a los demás fue uno de los impulsos que la llevaron a escoger la medicina como una opción, aunque sus distinciones las ha ganado en el área de las ciencias sociales. “Me gusta mucho escribir. Tengo un poema, canciones y algunas historias”.

‘El Misterio de Irene’ una pieza literaria, que escribió durante su tiempo libre, la hizo acreedora en 2017 al premio ‘Nuestras propias historias’ del distrito 3, zona 8. “Cuando gané me sentí muy orgullosa, fue un gran reconocimiento”, recuerda emocionada.

Observadora y muy apegada a su familia, Damaris encontró su historia ganadora, durante una conversación familiar. De hecho, con esa explicación inicia su cuento, que consta de casi 4.000 caracteres.

“Mi padre Óscar suele siempre contar historias paranormales para hacer menos aburrida una reunión de amigos o entre la familia, pero la que cuenta esta vez fue real, dicho por él y por mis abuelitos, siendo testigos de lo sucedido”, dice el escrito.

A más de redactar y ser buena estudiante, Damaris canta, pinta, toca guitarra y disfruta del aprendizaje de acontecimientos históricos y la investigación. Los domingos asiste al coro de la iglesia San Lucas, en Mucho Lote, y su afición es mirar vídeos del canal de televisión internacional ‘National Geographic’, sobre el pasado “porque siento que saber sobre lo que sucedía antes nos conecta con lo que somos ahora”.

Por ahora, los planes de vida de la joven están enfocados a la academia, porque es fiel al pensamiento de que “la educación es el camino para alcanzar la emancipación del hombre”, una frase famosa del filósofo griego Platón, que para ella implica su forma de pensar diaria.

El misterio de Irene, leyenda

La historia con la que ganó el reconocimiento distrital se la contó su padre, quien vivía en el recinto Aguas Claras del cantón Valencia, al suroeste de Quevedo. Así, ella adaptó la historia familiar a su manera. “Se trata de una joven, a quien la seguía el duende por ser mal educada. Obligaron a la chica a casarse para que la deje de seguir, pero finalmente se la llevó”, dice.

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