Florencio Compte: “Guayaquil tiene una deuda pendiente con su patrimonio”

Entrevista al decano de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil.

12 sep 2019 / 00:01

En más de una ocasión, expertos en urbanismo y arquitectos han hecho hincapié en la necesidad de que se proteja más los bienes patrimoniales de la ciudad. De las obras de Maccaferri, por ejemplo, algunas como la villa Palacios y los servicios higiénicos municipales que estaban en el parque Centenario, han desaparecido o han sido alterados de forma irreversible. ¿Cómo afecta esto a la ciudad? ¿Cómo evitarlo? Compte lo explica a continuación.

- Hablando de las obras de Maccaferri en la ciudad, ¿cuántas en promedio han desaparecido?

- Creería que de todo el conjunto de su obra, que en Guayaquil alcanza los 50 proyectos, al menos 15 se perdieron. Entre ellas también los garajes España, ubicados en las calles Quito y 9 de Octubre; las lavanderías municipales del Mercado Central, donde ahora hay una sociedad de músicos. No obstante también hay obras de otros autores que ya no están. En el barrio Las Peñas, por ejemplo, desapareció la primera casa de ese sector, la llamaban la Casa Roja.

- ¿De qué forma ha afectado esto a la ciudad, teniendo en cuenta que eran parte del patrimonio de Guayaquil?

- Para responder esta pregunta, primero se debe saber qué es patrimonio. Y pues patrimonio es ese legado que ha sido representativo en algún momento de la historia de la ciudad y su arquitectura, por lo que tenemos la obligación de preservarlo para las generaciones futuras porque forma parte de nuestra memoria histórica. Si se ha perdido o ha sido alterado, como ha pasado, entonces hemos perdido parte de nuestro pasado y de esa memoria.

- ¿E identidad?

- También se ha perdido, así como nuestros referentes para la construcción de una arquitectura del presente y el conocimiento con el que a través de esas edificaciones podíamos entender la propia historia de Guayaquil y el país.

- ¿Qué faltó? ¿Por qué la ciudad dejó perder tanto?

- Por tener una mala comprensión de lo que significa modernidad. Por la necesidad de hacer algo nuevo y contemporáneo, se alteraron las obras. Hay muchos intereses que están detrás también. Pero por otro lado, no hubo creatividad al desarrollar algún tipo de legislación que no sea simplemente restrictiva. Las leyes dicen que si se hace tal cosa en un bien patrimonial, hay sanciones, y por eso lo consideran hasta una carga; pero no establece que se otorgarán incentivos a quienes los tienen para que vean también los beneficios.

- El Ministerio de Cultura o el Municipio, ¿quien debe velar porque se preserven las obras?

- Ambos. El primero, desde el Instituto de Patrimonio Cultural, debe definir las líneas generales de protección; pero al Municipio le corresponde asumir las competencias y más aún, le toca establecer las ordenanzas de protección. En Guayaquil hay una deuda pendiente con el patrimonio. Y es que no se puede pensar que por haber actuado de forma puntual en algún sitio este se ha salvado. Aquí se deben asumir las competencias de protección patrimonial y debe crearse también un departamento que regule y promueva las políticas de incentivos. En la ciudad hace falta que las autoridades se preocupen. Por ejemplo, quisiera saber si entre las propuestas de campaña de los candidatos, uno incluyó este tema. Probablemente en Quito y Cuenca lo hicieron porque allá hay conciencia. Pero en el resto, y no solo en Guayaquil, seguramente el tema no fue tocado.

- ¿Qué hacer con los ciudadanos? Porque es evidente que no todos tienen clara cuál es la importancia de estos bienes...

- Así es y ese debe ser el punto de partida. En Guayaquil no hay conciencia ciudadana de lo que tenemos. Y para que exista ese amor, ese respeto hacia ese bien es vital que exista educación y que todos -Municipio, centros culturales y la comunidad- estemos en sintonía. Mucha gente piensa que lo patrimonial en cuestión de arquitectura solo es lo colonial y no es así, el patrimonio debe ir acorde a la propia historia donde está asentado. Lo colonial lo perdimos con los incendios, pero tenemos patrimonio académico, moderno, temprano. Tanto por preservar.

- Enfocándonos ahora en la arquitectura de la ciudad, se puede ver cómo décadas atrás las viviendas eran distintas a las de ahora; más amplias, con ventanas enormes, paredes altas, soportales. Parecería que antes la arquitectura tenía presente o le daba más importancia al clima y al peatón...

- Sí, y es algo que se ha ido perdiendo en muchos casos. Antes incluso los soportales eran un elemento clave, protegían al peatón del sol y la lluvia. De hecho hay una crónica muy interesante de un viajero que llegó a Guayaquil en el siglo XVIII y los describe como el elemento perfecto para caminar sin que uno se moje en la lluvia y se ensucie los zapatos de lodo. Que se hayan perdido, junto a las viviendas con techos altos, un factor que permitía que estén muy frescas aún cuando no había aire acondicionado; responde a que en la arquitectura actual, en muchos casos, está presente el hecho de obtener un rédito y de sacarle provecho hasta al último metro cuadrado de construcción, lo que hace que se achiquen los espacios.

- ¿Debería volver la tendencia?

- Sí, sobre todo en lo que respecta a los soportales. Y para ello, lo primero que hay que hacer es delimitar dónde deben ser obligatorios. No es lo mismo caminar en el centro de Guayaquil, donde todavía se los encuentra, que por la avenida Orellana, donde por el clima de la ciudad resulta a veces imposible caminar. Entonces sí hacen falta.

- Con los cambios que se han generado a lo largo de la historia, ¿cómo define usted a la arquitectura actual de la ciudad?

- La arquitectura es el reflejo de lo que somos como ciudad, y la ciudad es un poco caótica. Hay arquitecturas entonces de buena calidad y de no tanta y todas están entremezcladas. Generalizar es difícil. Aquí hay una diversidad dentro del caos que hay en el Puerto Principal.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

TAGS:
A LA CARTA