Terapias para cuando el duelo se vuelve complicado

En la Unidad de Duelo hay charlas gratuitas para evitar que un luto se complique. Los golpes más duros son generalmente la pérdida de un hijo o de una pareja.

22 ago 2019 / 11:55

Un par de lágrimas mojaron la blusa blanca de Aydeé Gueddes. El suicidio de su hija, el 31 de mayo pasado, aún la hace llorar. La adulta mayor, quien suele represar el dolor para que sus nietos no lo noten, sentía alivio con cada gota que recorría su rostro el pasado 3 de agosto.

No era la única que lloraba por la muerte de algún familiar. Aquella mañana estaba rodeada por más de 50 personas que, como ella, perdieron a algún ser querido y cuya tristeza no pueden superar.

Una vez al mes, alguna de las salas de velaciones del cementerio Jardines de la Esperanza, en el norte de Guayaquil, se convierte en el sitio de desahogo de quienes asisten a las charlas de la Unidad de Duelo.

Este grupo, conformado por sociólogas y psicólogas, ofrece terapias gratuitas para quienes enfrentan un duelo conflictivo por el fallecimiento de un ser querido, es decir, que su dolor puede poner en peligro su propia seguridad.

La charla de agosto empezó a las 10:00. Aydeé se perdía entre la multitud vestida con ropa oscura y de ojos hinchados por el llanto.

A la voz de Nicole Carrera, quien daba la conferencia sobre el proceso del duelo, la acompañaban los sollozos del grupo. La psicóloga Blanca Alvear pasaba entre las sillas con una cajita de pañuelos desechables que terminaban empapados de lágrimas.

Carrera, quien es la directora de la Unidad, recordó que esta idea nació hace 8 años, cuando el personal del camposanto viajó a capacitarse a Medellín y allí había una unidad de duelo que ayudaba a las personas que presentaban un duelo conflictivo. Sin embargo, la primera charla grupal en Guayaquil se dio el 23 de febrero de 2013 y de ahí no han parado.

Durante la conferencia, que dura aproximadamente 45 minutos, ella explicaba a los oyentes cómo identificar cuando el dolor por la muerte se convierte en un problema para la persona. Usó una frase del poeta español Miguel Hernández: “Siento más tu muerte que mi vida”. En la sala, pocos resistieron el llanto luego de escucharla.

Rosendo Domínguez tampoco pudo contenerse. El 10 de junio falleció su hija y asistió a la charla para ver si en ella encuentra una resignación que hasta ahora le ha sido esquiva.

Asentía con cada palabra de Carrera. La directora explicaba que la muerte de un ser querido irremediablemente produce un dolor inmenso que es difícil de controlar, que parece que no se acabará nunca. “Hay que estar consciente de esto, enfrentarlo porque no es sano tratar de reprimir todos los sentimientos que llegan con el duelo. No solo es tristeza, a veces también se siente ira, frustración”, decía y los asistentes la escuchaban atentos.

Aceptar la pérdida, vivir las emociones, adaptarse a vivir con la ausencia y reubicarse emocionalmente son algunos de los pasos que se deben seguir para transitar por un duelo adecuado, que habitualmente puede durar hasta dos años.

De acuerdo a la psicóloga clínica Martha García, generalmente la muerte de un hijo o de la pareja sentimental son los dos acontecimientos que pueden derivar en un duelo conflictivo.

“También se busca prevenirlo porque con acompañamiento terapéutico se puede evitar que la persona empiece a desencadenar sintomatología no conveniente”, explicó.

Un duelo normal tiene etapas en las que hay que encaminar los sentimientos de forma adecuada para reintegrarse de a poco a las actividades cotidianas. La especialista indicó que incluso hay personas que luego de que han pasado años de la muerte de su familiar se han dado cuenta de que no la han podido superar y esto complica su rutina.

Es común, indica, en embarazadas. “Cuando sufren la pérdida de algún familiar y están en estado de gestación, reprimen ese dolor porque creen que le hará daño a su hijo. Luego del parto, es cuando recién empiezan a vivir su duelo”, comenta.

Un duelo conflictivo se puede manifestar de diversas formas, dependiendo de la personalidad del fallecido, entre ellas el deseo de recluirse, que se deriva en no salir de casa, no trabajar, aislarse de la sociedad, desear la propia muerte, entre otros.

Luego de los 45 minutos de la charla, Aydeé salió del camposanto caminando a paso lento. El dolor no desaparece aún, pero siente más alivio. Le dijeron que la siguiente charla sería el 21 de septiembre y, como no puede asistir a las terapias individuales gratuitas que también brindan, estará allí de nuevo para sentirse acompañada.

Las jornadas son una forma de desahogo

Según las psicólogas de la unidad, las terapias son una forma de desahogo, pues muchos de los deudos no tienen con quién hacerlo en casa o, hay personas a su alrededor que también sufren su duelo de manera distinta.

“Hay algunas personas que prefieren hablar de lo ocurrido y otras, no”, dijo Carrera. Ella explicó que hay que entender que cuando muere un ser querido, la pérdida no solo la tiene una sola persona, sino el resto de la familia y cada integrante maneja su dolor de forma distinta.

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