Stefanía, la directora más joven de las sinfónicas de Guayaquil

Tiene 27 años y acaba de llegar de Ucrania. Volvió al Guasmo, donde nació como artista, pero esta vez para dirigir a la orquesta en la que inició su sueño.

31 ago 2019 / 00:01

Cruzó aquella puerta y sus ojos volvieron a brillar como el día en que pisó por primera vez la Fundación Huancavilca y tuvo en sus manos un violín. Stefanía Merchán sonreía con esa misma emoción que la envolvió a los 11 años y que la hizo soñar con convertirse en artista. Lo había logrado. Estaba allí, reconociéndose en una de las fotografías pegadas en las paredes de la fundación y en la que se la ve tocando con la Orquesta Sinfónica Infanto-Juvenil del Guasmo, en un ensayo de 2003. Había vuelto, esta vez con 27 años, con una licenciatura, una maestría y convertida en la nueva directora de la orquesta.

Acababa de llegar de Ucrania y sin proponérselo el destino la llevó al lugar donde nació como música. Sí, dice orgullosa que su carrera inició en el Guasmo Norte, un barrio popular de la ciudad, y que su deseo de profesionalizarse la llevó a Ucrania, un país europeo rico en cultura musical, en el que estudió por seis años y medio, gracias al apoyo de sus padres.

Escogió ese país porque admiraba a David Oistrakh, un violinista ruso reconocido por su técnica y sonoridad. Siguió sus pasos e ingresó a la Universidad K.D Ushinsky, donde obtuvo la Licenciatura en Pedagogía y Violín y la maestría en Violín y Ensamble de Orquesta. Ahora es la directora más joven de las orquestas sinfónicas de Guayaquil.

Su historia es un ejemplo que quiere mostrar la Fundación Huancavilca, pues ella es parte de una primera generación de músicos que surgió de un programa que nació en una época en la que muchos criticaron la iniciativa. “Decían que era un locura, que cómo se iba a llevar música académica, música clásica a sectores urbanos populares”, cuenta Juan Francisco Villafuerte, director ejecutivo de la fundación.

No solo lo lograron, sino que hoy forman a su cuarta generación de músicos y es Stefanía quien lleva la batuta.

Elegir a quien dirigiría a la orquesta en esta nueva etapa no fue fácil. Entre los candidatos había músicos de trayectoria, con posgrados y también catedráticos. En ella, además de la experiencia musical con niños y jóvenes, pesó el hecho de que conoce de cerca el programa, pues nació de él. Y ahora la intención es que el grupo sobresalga, que se haga conocer no solo en Guayaquil y seguir con esa meta inicial de la fundación de mantener a los chicos alejados de las situaciones de riesgo, de la violencia intrafamiliar y callejera y del consumo de drogas.

Por eso, cuando esta joven está con los niños (35 conforman la orquesta) busca formas de incentivarlos. Quiere que ellos destaquen y que no renuncien a lo que tanto desean, pues contrario a lo que muchos dicen, ella asegura que de la música sí se puede vivir. Cuenta que el arte lo lleva en las venas. Su padre, Henry Merchán, toca el contrabajo en la Orquesta Sinfónica de Guayaquil. Y dos de sus tres hermanos también son músicos.

El maestro armenio-ecuatoriano David Harutyunyan, director de la Orquesta Filarmónica Municipal de Guayaquil, conoce a Stefanía desde niña. Trabajó con su padre y ha visto su evolución. Cuando ella retornó al país, en julio pasado, la contrató como violinista. Dice que prevé un gran futuro para la agrupación del Guasmo, por la que siente un apego sentimental y con la que ha colaborado varias veces. “Se van a ver muy buenos resultados del trabajo de Stefanía”, asegura.

Ahora esta artista tiene un nuevo sueño: quiere que otros menores cumplan sus metas como lo hizo ella. “Les cuento de mi historia siempre”, dice antes de iniciar un nuevo ensayo.

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