Bienal. María Fernanda López camina en Nuevo Ceibos, donde se ejecuta el proyecto artístico.
Bienal. María Fernanda López camina en Nuevo Ceibos, donde se ejecuta el proyecto artístico.Archivo

Un camino trazado por el arte urbano

María Fernanda López aborda el proceso académico que estrechó su relación con el género pictórico en 400 metros.

Era 2007, junto al colectivo de artes escénicas Lunasol, María Fernanda López Jaramillo ayudó a plasmar el Encuentro Multidisciplinario de Arte para Niños y Niñas Quito Chiquito. Ahí se chocó con una realidad difícil de procesar: los grandes artistas del país no sabían cómo plasmar obras para el público infantil.

DIRECTORA DE CULTURA H (7381513)

Hellen Constante: “El artista come y no puede comer arroz con aplausos”

Leer más

“Era una locura, porque teníamos artistas que habían participado hasta en la Bienal de Sao Paulo, pero no sabían cómo abordar a los niños, y ellos salían molestos, y en un caso hasta intoxicados”, recordó entre risas. “Donde encontramos un verdadero apoyo y una gran empatía hacia los niños fue en los artistas urbanos”.

Ese fue el primer acercamiento de López Jaramillo hacia el formato de arte que eventualmente cambiaría su vida.

El proceso lo plasma en ‘400 metros’, obra que aborda sus inicios ahondando en este género y su eventual fundación de la cátedra de Arte Urbano, que actualmente dicta en la Universidad de Las Artes.

Los retratos tienen un valor estético, sin duda, pero no son arte urbano. En el momento en que tú pintas a la paquita ecuatoriana o a la niña que dijo una palabrota en un coro lo estás vaciando de sentido.

María Fernanda López

Autora
Letras Vivas grafitead (7527617)

Los grafitis se apoderan de los murales de Letras Vivas

Leer más

El libro se presentó en la capital tras haber recorrido Guayaquil, Madrid, Guadalajara y Puebla.

La idea de recopilar su trayectoria a este género surgió hace tres años, pero en ese entonces surgió en el formato de una propuesta académica.

“Originalmente, la idea era ahondar en la metodología. Era una propuesta académica y formal, pero esa necesidad de sistematización eventualmente dio paso a algo mucho más íntimo. Sentía que ahondar en el leguaje académico me alejaba de llegar a las nuevas generaciones y que era muy protocolario, predecible y totalmente antidemocrático”, reflexionó.

MARIA-FERNANDA-LOPEZ-1536x1024
La autora ha sido docente en varias universidades, entre ellas la Universidad de las Artes. Este es su primer libro.Cortesía de la UArtes

La obra está dividida en cuatro secciones: 100 metros de gestión, 100 metros de docencia, 100 metros de curaduría y 100 metros de asfalto.

Curiosamente, no es la sección dedicada a la curaduría o a la gestión la más polémica, sino la relacionada a la docencia, pues la autora relata las peripecias a las que se enfrentó al llegar al Puerto Principal con la propuesta de inaugurar la cátedra de arte urbano.

  • BIOGRAFÍA DEL AUTOR. Nació en 1978. Es licenciada en Jurisprudencia por la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Tiene un máster en Estudios de la Cultura, también un doctorado en Teoría y Creación de la Cultura. 
Letras Vivas grafitead (7556627)

Tras reportaje de EXPRESO prevén un mantenimiento a murales de Letras Vivas

Leer más

“En la Universidad de las Artes siempre hubo la voluntad política para abrir la cátedra e incluso llevar a cabo proyectos como ‘Al muro’ o ‘Arte, mujeres y espacio público’. Ese primer año, el rechazo vino de los propios alumnos que venían de una formación clásica y no consideraban al arte urbano como lo que era, arte”, narró.

Adicionalmente, afrontar este proceso en Guayaquil, donde la relación entre el espacio público, la alcaldía y los artistas urbanos siempre fue tensa, tuvo sus propios retos. Pese a ello, la autora afirma que las cosas han cambiado. “Desde el 2015 hasta ahora, hay cambios, y hay más apertura. No necesariamente positiva el 100% del tiempo, porque tampoco hay que negar que es una estética que se ha politizado”, comentó.

Añade que un problema en la urbe es que hay una incomprensión sobre la significatividad de género. “El momento en que tú pintas a la paquita ecuatoriana, o a la niña que dijo una palabrota en un coro, se convierte en arte carente de sentido y de profundidad, y eso no es el arte urbano”, afirma.

El libro, además de hacer un recuento de este proceso y de exposiciones como ‘Cartografías paganas’, también ofrece un espacio como de ‘cuadernillo’ para que el lector pueda trazar sus propias ideas.

A futuro, explica la autora, le gustaría ver que en el arte urbano se cree un espacio que trascienda de los muros y pueda llegar a contar con sus propias galerías. “No hay que mirar muy lejos, es cuestión de tomar un vuelo a Bogotá”, señaló.