Pasó de ser una calle a un parque cerrado

El tramo de Carchi entre Domingo Savio y Geo Chambers es utilizado como patio de escuela. Permanece con candado.

05 sep 2018 / 00:01

“Lo siento, debo cerrar la puerta”. El aviso no terminaba de completarse y la reja verde se cerró detrás de las personas que estaban dentro del parque. No hay más respuestas por parte del conserje de la unidad educativa contigua, quien tiene un llavero para uno de los candados de ese portón. “Este parque permanece cerrado”, concluye el empleado.

En la calle Domingo Savio y Carchi, un parque sin niños y con candados llama la atención del barrio. “Solo lo abren para que entren o salgan de las escuelas”, dice un joven que hace las veces de jardinero. Evita su nombre pero detalla que hacía más de un año que el parque estaba sin mantenimiento. “Cada conserje tiene una llave a la puerta más próxima”, explica. Se refiere a los empleados de dos unidades educativas que cercan el área recreativa.

Miguel España, morador del sector desde hace unos 22 años, relata que ese lugar, que al principio era un tramo de la calle Carchi, entre Domingo Savio y Geo Chambers Vivero, era una zona conflictiva. “Ahí venían a botar basura, animales muertos, incluso personas. Había mucha delincuencia y solicitamos que se intervenga”.

Eso sucedió hace unos siete u ocho años. De acuerdo con los moradores, luego de varios meses de hacer pedidos y llamar a los medios de comunicación para que reporten el problema, el Cabildo convirtió ese tramo en un parque.

“Eso fue realmente lo que habíamos pedido, que se construya un parque lineal para los chicos del barrio y para que se regenere el sitio”, dice España. “Pero al parecer el Municipio nunca lo entregó a los moradores, como suelen hacer en otros sectores de Guayaquil. Lo construyeron y le pusieron candado”, agrega Néstor Preciado, vecino desde hace más de 30 años.

Desde su regeneración el lugar de esparcimiento que tiene juegos infantiles y pequeños jardines es solo utilizado por los estudiantes de las unidades educativas Domingo Savio y San José del Buen Pastor, cuyos conserjes hacen las veces de guardias, los cuales abren y cierran los portones únicamente en horario de entrada y salida de las instituciones educativas, como si de los predios de cada institución se tratara.

Pasó de ser una calle a un parque cerrado
El área cercada aún conserva la señalética vial. Por las tardes, el sitio luce desolado, no hay niños jugando dentro de él. Las puertas se abren solo para el ingreso y salida de estudiantes de escuelas contiguas.

Por las tardes, el sector es desolado. El candado aleja a los niños del barrio; algunos juegan en las calles y otros en sus casas, sin opciones cercanas. “Por aquí no hay más parques cerca”, dice Édison Merchán, vecino del lugar.

Desde aquel lugar hasta el sitio más próximo para jugar hay al menos siete cuadras, donde se ubica el parque de Las Acacias, en Trujillo y Carchi. También está el Forestal, en la avenida Quito y El Oro, y el de Puerto Lisa, en la 8ª y Venezuela, todos distantes.

Para Freddy Bustamante, vecino del sitio hace 30 años, las rejas son mejor que la delincuencia y el desorden que se desarrollaba hace años. “Hubo hasta violaciones. El sitio era oscuro. Apestaba de tanta basura que venían a botar. Es preferible que esté cerrado a que vuelva el desorden”.

España, quien asegura lideró el pedido de convertir ese trecho en un área de juegos para el vecindario, agradece que la regeneración haya llegado, pero lamenta que haya sido a medias, sin el beneficio esperado para niños y adultos mayores.

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