Bellavista, el barrio que revela la ciudad

Por su aire campestre, sus residentes no han emigrado a otros sectores - Está rodeada de cerros, bosques y el estero Salado - Se ubica en un punto estratégico, pues une el norte, sur y centro

21 feb 2015 / 23:09

Al llegar a la parte alta de Bellavista, el citadino ruido de la urbe enmudece para dar paso al canto de aves silvestres, a la brisa del estero y al paisaje verde característicos de esta ciudadela, un barrio que hace gala de su nombre.

Y es que desde su mirador natural se puede observar la ciudad en toda su dimensión: al frente, las modernas edificaciones del norte; a los costados, el casco comercial del centro, el estero y la ría, y los cerros de Mapasingue; y en la parte posterior, el estadio de Barcelona hasta el puerto marítimo.

El mirador, regenerado en el 2009 por el Municipio, le dio el impulso que necesitaba para promocionarse turísticamente y al mismo tiempo mejorar la seguridad interna, otro de los privilegios de los que aún goza el sector, según sus residentes.

Esas prerrogativas no son gratuitas. La ciudadela cuenta con comités de residentes, tanto en la parte baja como alta, los que de forma organizada trabajan y aportan económicamente para mantener la limpieza, seguridad y comodidad.

Casa adentro, esta ciudadela, nacida hace más de cuatro décadas, tiene mucho que contar. Una de sus habitantes, Tania Cevallos de Arias, quien llegó al sitio hace 21 años, opina que Bellavista no ha cambiado, por eso sus habitantes no han emigrado a la vía a la costa o a Samborondón.

Aunque ahora está totalmente poblada, todavía corre una brisa de río y se respira un ambiente de tranquilidad y sosiego, que hacen que habitantes como Gloria Córdova de Astudillo y Laura Zambrano de Arteta no consideren siquiera la posibilidad de mudarse a otro sector de la urbe.

No piensan lo mismo los residentes de la parte baja, especialmente quienes habitan al pie de las vías principales, la José María Velasco Ibarra y la avenida Barcelona, actualmente convertidas en cinturones comerciales de Bellavista, porque perdieron esa desconexión con lo urbano que hace veinte o treinta años los llevó a vivir en este sector.

El carácter residencial lo perdió a raíz de la construcción del puente de la 17. La ciudadela se convirtió en un paso estratégico para los conductores, pues conecta el norte, centro y sur de Guayaquil, y ese enlace es aprovechado por el comercio.

En su avenida principal se asientan negocios de todo tipo, una gasolinera, farmacias, restaurantes, tiendas, cooperativa de taxis y un supermercado. Hasta ahí todo bien. Los habitantes rechazan cualquier intento de instalar oficinas bancarias, porque eso atrae a la delincuencia y el incremento de las rutas del transporte urbano, señaló Cevallos.

La iglesia Nuestra Señora de la Unidad de Altoetting, remodelada recientemente, es una de las edificaciones insignes, junto con el monumento a José María Velasco Ibarra, expresidente del Ecuador, y sus tres parques recreacionales. Y en gastronomía, quién no ha visitado la parrillada La Lomita, donde se venden los tradicionales moros y menestras.

Ubicada en el oeste de la ciudad, Bellavista cuenta actualmente con 34.000 habitantes, según el último censo de población y vivienda.

Al igual que todo sector de Guayaquil, tiene deficiencias. Sus moradores solicitan a las autoridades el arreglo de vías, principalmente la que conduce al mirador, y el cerramiento de los terrenos que pertenecen a la Junta. Además el control de los indigentes que habitan en las faldas del cerro.

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