La ascensión de las humitas

Es otro de los platos estrella de la Semana Santa. Los negocios multiplican sus ventas. Las familias las consumen para mantener la tradición de la fecha.

20 abr 2019 / 00:54

Aunque la fanesca es el plato estrella de la Semana Santa -al punto que incluso sale a la venta hasta 20 días antes- en Guayaquil hay otros platos, como la humita, que va en franca ascensión en la preferencia de los porteños. Y no solo de los católicos.

“¿Por qué comer fanesca si este aperitivo también está hecho a base de un grano y es perfecto?”, se pregunta Romina Sarmiento, habitante de la ciudadela Los Ceibos. A veces es dulce, a veces es salado, defiende. “Y tan ligero que lo puedes comer a cualquier hora del día y sin pecar”.

Sarmiento, quien dejó de comer la tradicional sopa luego de que sus hijos -hace seis años- le hicieran una huelga de hambre debido a que a ninguno le gustaba el pescado (ingrediente principal de la fanesca), empezó su búsqueda por saber qué comer durante estos días.

“Un año intenté con sardina, otro con encebollado, y no me fue bien. En 2015 probé con las humitas y ¡bingo! Desde entonces compro 60 cada Jueves Santo para compartirlas hasta el domingo con la familia”, relata, mientras recoge cuatro enormes fundas repletas del producto, en las calles Eloy Alfaro 615 y Capitán Nájera, donde se encuentra el Rincón del Café, un local que en estos días vende hasta 400 humitas más de lo habitual.

“De 100 pasamos a vender 500 durante cada día Santo”, explica el propietario, Jorge Reinoso, quien apunta a que el consumo y esa tradición de comer productos elaborados con maíz, aumentó en la última década.

Solo en el centro de la ciudad, decenas de negocios exhiben y promocionan con enormes carteles el aperitivo. “Hoy sí hay humitas”, se puede leer en los exteriores de los establecimientos Coppelia (9 de Octubre y Pedro Carbo),

Nena Café (Vélez 106, entre Pedro Carbo y Chile) y Zumoterapia Blanca Salazar (Pedro Carbo 300 y Víctor Manuel Rendón), solo por nombrar algunos; cuyas ganancias, al igual que en el Rincón del Café, se han multiplicado.

“Por la cantidad de familias que las buscan tras recorrer las iglesias, entre el Jueves y el Sábado Santo, abrimos hasta la medianoche. Es increíble ver cuánta gente viene. Se las llevan hasta por cajas”, relata Marcelo Ávila, dueño de Zumoterapia, donde se despachan 200 humitas, 130 más de lo que se vende por jornada.

Óscar Villao, quien trabaja en la Superintendencia de Bancos y vive en Guayaquil, pero siempre durante este feriado viaja a su natal Manta, se lleva docenas de ellas y tres tortas de choclo.

“Aunque me gusta la fanesca, me he inclinado más por consumir estos productos porque por el costo -que va entre $ 1 y $ 3- puedo compartirlas con más personas”, explica.

Sergio Bajaña, guayaquileño de 60 años, aunque piensa de forma similar, destaca el hecho de mantener vivas, a través de la gastronomía, las antiguas costumbres católicas.

“La Semana Santa es una fecha matizada por creencias que, percibo, están regresando. En casa, pasando un año las cocinamos tal como nos lo enseñó mi abuela y se siente muy bien”. Y es que para revivir con precisión esa época,

narra, apenas hace falta escuchar música sacra o ver películas de Jesucristo en la tv.

Así, este bocadillo que, según relata la historia, surge en la época de la Colonia, asciende como la espuma durante la Semana Santa. Tal es así que en el centro y el norte, no solo los hoteles y los restaurantes (además de los negocios) lo comercian, sino que las familias desde sus viviendas.

En el barrio Santa María de Las Lomas, ubicado cerca de la ciudadela Ferroviaria, el clan Fuentes Morán elabora 1.000. “Aquí vienen hasta de Daule a recoger cientos de ellas...”, precisa una de las familiares, antes de entregar 150 a Fernanda Cruz, de la Ciudad Celeste, de La Puntilla.

Para el consultor gastronómico Tomás López Armendaris, este hábito que, en su caso, fue promovido por sus bisabuelos, evidencia que el folclor ecuatoriano sigue vigente en las raíces de las generaciones.

“En mi hogar desde que era un niño, las humitas eran infaltables. Era un ritual prepararlas, aún lo es. Aún también las disfrutamos con café pasado”, evoca.

EL DETALLE

Otros productos. Durante la Semana Santa, también se consume sango de choclo, choclo con queso y humitas acompañadas de camarones, atún o sardina.

VOCES

VIVIANA BÁEZ, propietaria de Nena Café

Durante estos días, las ventas se concentran en las humitas. Me da gusto, puesto que es notable que la tradición de no comer carne se mantiene.

David Quiroz, habitante de la ciudadela Villa Club (La Aurora)

Recorro kilómetros para comprar humitas en el norte de Guayaquil y cumplir con el rito de mi familia: de pasarla tranquilos, en paz, pero siempre juntos en esta fecha.

Jael Espinosa, residente de La Puntilla

Aunque no somos de muchas tradiciones, en casa no se come carne. Eso sí, variamos entre las humitas, la fanesca y los mariscos, a fin de darle gusto a todos.

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