En 38 barrios cabe toda la pobreza

No solo el nivel de ingresos define a una familia como pobre. Un estudio ubica a Monte Sinaí en un mapa de carencias urbanas y necesidades económicas.

10 feb 2019 / 00:01

Justo donde a esta hora termina Guayaquil se desarrolla la vida de 3.600 familias que residen precisamente en uno de los sectores con menos servicios de la ciudad: Voluntad de Dios. No cualquiera se atreve a realizar el viaje hacia allá. Solo sus habitantes. Es de aquellos sectores a los que los taxistas evitan, un tanto por temor o por el simple hecho de no querer circular por calles intransitables.

Es por eso que los vecinos del sector han decidido formar su propia cooperativa, para así darse el lujo de decirle al taxista que lo traslade hasta el sector de La Cumbre o hacia La Antena -barrios internos- sin ser vistos con desconfianza u obtener como respuesta un no rotundo.

Parecería que el hecho de residir en un lugar que lleva semejante nombre -Voluntad de Dios- implicase que todo aquello que se va obteniendo a la luz del día es apenas el resultado de una señal divina. Pero no, en este sector de la ciudad también se sueña y muchos esperan que parte de esas aspiraciones se cumplan. Es por eso que tienen destinada un área para su propio mercado, para un subcentro de salud, una unidad policial, un parque y hasta un cementerio. Claro, los vecinos no tienen cómo financiar tales cosas. “Creo que nuestra responsabilidad es dotar del terreno, que no es cualquier cosa, que el Municipio y el Estado cumplan su parte”, dice Carlos Andaluz, un ambateño que lidera la cooperativa Los Juanes, precisamente una de las subzonas en las que se divide Voluntad de Dios.

No es fácil llegar hasta esta parte de la ciudad. Son casi ocho kilómetros al fondo de la vía Perimetral, por una avenida de seis carriles densamente transitada. No por nada por ahí circulan 225 unidades de buses, además de camionetas, autos y cientos de tricimotos. El lugar no es diferente a ningún asentamiento irregular que cada cierto tiempo, casi a diario, se levanta en algún punto de la periferia de Guayaquil: muchas casas de cañas y otras tantas de cemento y consolidadas.

Es la parte de Guayaquil que un estudio reciente determina como el de mayor pobreza. Donde de 10 familias, casi todas experimentan escasez en sus vidas diarias. Aunque entre ellos existan familias como los Burgos Santistevan, que habitan una casa en proceso de construcción con una Smartv de 42 pulgadas, un split (aire acondicionado) que se enciende regularmente y con dos motocicletas al pie de la puerta que utilizan como vehículos de transporte.

En algún lado de este barrio también está Mario Banchón Plúas, de 36 años, quien vive desde hace dos años vigilante de un problema que nadie resuelve: un poste de energía eléctrica que amenaza caer sobre su casa, mientras recorre la avenida principal obligado a vender 500 bolos para obtener los tres dólares con los que alimenta a su familia. La suya es una vivienda construida con unos cuantos bloques y donde el mayor lujo es una pantalla de televisión con estructura culona y señal analógica, de las de antes de la era digital.

Un barrio en el que los que tienen más no han perdido la certeza de que siguen siendo pobres. Tal como Mario, María Santistevan reconoce que en su casa el agua llega por tanqueros, las deposiciones de su familia van a caer en un pozo séptico y cada día deben transitar por calles polvorientas en verano y lodosas en invierno.

Cuando se trata de la salud, todo depende de un milagro: que el malestar solo sea producto de un resfriado de temporada, de lo contrario, habrá que acudir a un dispensario que está a casi tres kilómetros de distancia en el que también se atiende a las 39.642 personas que habitan en los 38 barrios de Monte Sinaí.

Es cierto que desde el año pasado se cuenta con un hospital con 494 camas censables y 34 consultorios para once especialidades, sin embargo, para ser asistido ahí también hay que esperar turno entre los miles de pacientes transferidos desde cualquier parte de la ciudad.

Un sector donde los altos niveles de informalidad laboral se evidencian en los ocho kilómetros de la avenida que conecta a estos barrios con la vía Perimetral. Cada día se desarrollan ahí todo tipo de actividades económicas. Desde venta de productos hasta servicios de todo tipo. Uno de estos es el que ofrece Pedro Plúas Indio, con una moto en la que traslada personas por cincuenta centavos.

Es parte de una flota de más de 360 motoristas, que se ganan de esta forma el sustento diario. Unas de las particulares fórmulas de vida que se establece en lo que se considera el lugar de mayor pobreza de la ciudad.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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