La dura lucha contra un “enemigo interno”

La ideología de izquierda de un rotundo “no” que fue revertido

28 oct 2016 / 00:00

Desde el 2007 y hasta un poco antes de que Rafael Correa asomara como el ganador de las elecciones presidenciales, los dardos de las figuras de la llamada “revolución ciudadana” parecían herir de muerte las aspiraciones del sector exportador de lograr un acuerdo con la Unión Europea (UE).

Los empresarios bregaron a remo limpio en un agitado mar. Con la llegada de Eduardo Egas como asesor del presidente Correa, mantuvieron encendida una pequeña mecha. En el Ministerio de Comercio Exterior estaba el ala a favor de un acuerdo.

Desde la Cancillería, de Senplades y otras entidades menos visibles, pero fuertemente opositoras, estaban los principales escollos.

Nada más habrá que recordar mayo de 2010. El entonces canciller Ricardo Patiño decía que Ecuador no firmaría jamás un acuerdo de libre comercio con la UE, repitiendo así la tesis que había mantenido el régimen el 2007, cuando se desvinculó del proceso que llevaban a cabo Colombia y Perú.

El presidente Correa tuvo que poner “cordura”, y retractarse sobre sus comentarios de noviembre de 2008, cuando el acuerdo que negociaba a Comunidad Andina con la UE era recién neonato. “Con la actitud de Colombia, Perú y la UE se boicoteó una negociación y puede ser un golpe mortal para la CAN porque ya estaba herida de muerte con la firma de un tratado de libre comercio (de Colombia y Perú) con Estados Unidos”, había dicho el presidente en noviembre de ese año.

Cinco años más tarde, en abril 2013, con un comercio no petrolero en desbalance, él mismo llegó hasta Alemania -un socio incondicional de Ecuador- a un encuentro con la canciller Ángela Merkel.

Allí el mandatario ratificó la voluntad política del Gobierno de negociar.

Ese mismo año todo se agilizó con reuniones de trabajo. Y en enero de 2014 Bruselas era testigo de la primera ronda de negociaciones. Desde ese año, hasta el actual se aprobaron leyes en la Asamblea y hasta se tuvo que decidir sobre una desgravación progresiva de las salvaguardias, el mecanismo más afectivo del Gobierno para recaudar más y equilibrar la balanza comercial.

Aún ya con un acuerdo en ciernes no faltaron las palabras desalentadoras del canciller Guillaume Long, quien en julio de 2016 en Londres, dijera que había “varias formas en que dejar de ser un exportador primario se hace “virtualmente imposible”, entre ellas que “hay mucha presión para firmar tratados de libre comercio”, que son “formas de hacer que las economías vuelvan a ser primarias...”, pues se trata de abrir el comercio a bienes industrializados y tecnológicos que son más competitivos. GLC

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