Menos manteca y más carne: el mercado porcícola cambió

La mejora del ato fue clave para ganar eficiencia y productividad. También para diversificar cortes y con ello abastecer a una demanda cada vez más exigente.

15 sep 2018 / 00:00

La difícil subsistencia que por años mantuvo estancado al sector porcícola, y los cambios de consumo en el mercado, sirvieron como suerte de motivación para que muchos productores en la década del 2000 empezaran a darle un giro a esta actividad. Hoy, no necesariamente es la industria más rentable, pero sí una de las que más destaca por su eficiencia y productividad.

La clave, cuenta Jack Abuhayar, gerente de la empresa Prok Agro, estuvo en el trabajo y la nueva visión que desde el año 2000 empezaron a tener muchos finqueros que optaron por tecnificarse e invertir en mejoras genéticas que le permitan tener animales con mejor calidad de carne y bajos índices de grasa, tal como empezaba a demandar el mercado en esa época. “El cerdo que tenemos ahora ya no es el de antes. Años atrás, la grasa que necesitábamos para la alimentación provenía en su mayoría del cerdo, pero luego esta grasa empezó a ser reemplazada por grasas vegetales, y por ende, la del cerdo dejó de ser demandada”.

La industria empezó a importar principalmente ejemplares machos desde Canadá que, bajo cruces, les posibilitó tener animales que les permitiese competir con los rendimientos y la productividad que tienen los países vecinos. “Seguimos teniendo el mismo número de cerdas reproductoras de hace dos décadas (70.000), pero ahora estamos sacando casi el triple en volumen de carne. Hoy cada cerda pare hasta 30 lechones por año, antes llegaba solo a 12, 14”.

Esta eficiencia, explica José Miguel Moreira, un finquero de El Empalme, ha logrado compensar los altos costos de insumos que el sector debe pagar para alimentar y mantener a sus animales. “Con estas mejoras el cerdo tiende a dar mayor volumen de carne en menos tiempo, lo hace menos vulnerable a ciertas enfermedades, y eso ayuda a disminuir el uso de antibióticos, nos ahorra costos y, por supuesto, también aporta en la calidad de la carne”.

Una calidad, que hizo que con el tiempo la demanda también se disparara. En una década el consumo per cápita en el país subió de 7 a 11 kilos, impulsada por la variedad en la oferta de nuevos cortes: chuletas, costillas, piernas, lomos, bondiolas. Hasta nuevos tipos de embutidos.

Actualmente, el 40 % de los productores trabaja en fincas tecnificadas. De estas, el 80 % está apostando por el uso de material genético. Así lo explica Francisca Ramírez, de PIC Andina de Chile, una firma que desde hace 6 meses trabaja localmente en Ecuador para masificar esta práctica. El foco está en las fincas más pequeñas. “La mayoría ha entendido la importancia de hacer una mejora genética continua. Lo que estamos haciendo es darles la facilidad de importar”. La distribución para este año está proyectada en 35 machos que son traídos de EE. UU. Cada uno con un valor promedio de $ 8.500.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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