El ajuste económico acorrala al empleo

Quito asume la mayor consecuencia, pero en Guayaquil sigue creciendo la informalidad. Hay un llamado a crear incentivos.

16 abr 2019 / 00:01

La austeridad fiscal, regulada por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el bajo consumo del mercado y, con ello, la caída de ingresos de las empresas, han empezado a pasar factura al mercado laboral del país durante el primer trimestre del año. El desempleo golpea a ciudades como Quito, pero la falta de trabajo adecuado es una tendencia que se agrava a nivel nacional.

Es una repercusión que se refleja en las cifras oficiales publicadas ayer. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la tasa de desempleo a nivel nacional subió de 4,4 % a 4,6 % en un año. El INEC asegura que esta cifra no es estadísticamente significativa, pero este indicador cobra valor cuando se lo analiza por ciudades y, en ello, Quito se lleva la peor parte. La capital, emporio de instituciones estatales donde por ajuste fiscal se viene reduciendo la oferta laboral, a marzo de este año registró una tasa del 9,7 %, muy por encima de la tasa de desempleo de igual mes del año pasado (7,1 %).

Las otras cuatro ciudades para las cuales el INEC presenta información detallada (Guayaquil, Cuenca, Machala y Ambato) no muestran un aumento en el desempleo, pero sí un mayor deterioro del mercado laboral, cada vez con menos acceso a la seguridad social. En Guayaquil, ese indicador bajó de 51,3 % a un 49 %. A nivel nacional, la disminución fue mayor, al ir de 41,1 % a 37,9 % de la población económicamente activa (PEA). En valores absolutos esa reducción significó una destrucción de 262.000 empleos formales, en un año.

José Hidalgo, director de la Corporación de Estudios para el Desarrollo (Cordes), destaca que esta dinámica, “que va de la mano no solo de la desaceleración económica derivada de la corrección fiscal sino de un desequilibrio externo (una pérdida de competitividad que hace que las importaciones de bienes y servicios crezcan mucho más que las exportaciones)”, se dio tanto en las zonas urbanas del país como en las rurales. En las primeras, cita, la tasa de empleo adecuado cayó de 50,1 % a 47 %, mientras que a nivel rural, pasó de 23,1 % a 20,2 %.

El panorama preocupa porque la pérdida de empleo de calidad repercute también en un menor acceso a la seguridad social. Hasta el mes pasado, apenas el 29,2 % de las personas con empleo estaban afiliadas al IESS, a las que se podría sumar el 12,2 % con otros seguros (seguro campesino, ISSFA, ISSPOL, seguros privados, entre otros). Lo que significa que el 58,6 % de los empleados en el país no están cubiertos por este beneficio.

Hidalgo refiere que estos resultados hablan de las dificultades que siguen teniendo los ecuatorianos para vincularse a empresas formales. Una situación que, advierte, puede agravarse en el proceso de ajustes fiscales que el país tiene que hacer de aquí al 2021. “Queda claro que, hasta el momento, la corrección fiscal que está llevando el Gobierno no es suficiente y que está demorando demasiado en acompañar esos cambios con reformas laborales que permitan que una parte de los trabajadores que salen del sector público puedan vincularse con el sector privado”, dijo Hidalgo.

Igual criterio se tiene desde la Cámara de Comercio de Guayaquil (CCG). Sus directivos abogan porque el Ministerio de Economía y Finanzas acelere el proceso de envío de la reforma laboral a la Asamblea, “pues las cifras de empleo y las difíciles previsiones económicas demandan de esa inmediatez”. El comercio y la economía son dinámicos, dicen, y sin facilidades para contratar el empleo no se reanimará. Por ello insisten en restituir el contrato a plazo fijo, evaluar la contratación por horas y eliminar las trabas que impiden crear trabajo.

Desde el sector trabajador, se observan estas cifras con desaliento y cuestionan las opciones que hoy se discuten para reactivar este mercado. Mesías Tatamuez, presidente de la Confederación Ecuatoriana de Organizaciones Clasistas Unitarias de Trabajadores (Cedocut), pide que las consecuencias de la crisis no sean asumidas solo por los trabajadores, sino por los propios empleadores. “Esa cifra se puede mejorar si se exigiera al empleador a crear empleo, hasta el momento no han hecho nada. Buscan cambiar las leyes de nueva contratación y flexibilización, pero nosotros también necesitamos seguridad y estabilidad”.

Otros datos

Menos afiliados

El 58,6 % de los empleados del país no están cubiertos por ningún tipo de seguro, lo que los deja en una situación de vulnerabilidad.

Poca esperanza

Más de un cuarto de millón de personas dejó de buscar empleo; las malas expectativas que existen sobre la economía ecuatoriana generan este desincentivo.

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