La ‘africanización’: El riesgo del mercado cacaotero

La recuperación de precios alegra al sector, pero el panorama origina retos. Un desafío es marcar reglas de juego a multinacionales.

13 abr 2019 / 21:25

Esta semana no ha sido fácil. José Carvajal en estos últimos días, parado al ingreso de su planta (Durán) ha tenido que ver cómo camiones repletos de cacao, la materia prima que usa para producir elaborados, han tenido que marcharse tal como llegaron. Los altos precios que registra el producto hace que la compra se vuelva difícil o que, incluso, este simplemente no llegue. “Dicen que es por las lluvias”, le dijo Cinthya, una de sus operarias, en un intento de explicarle a su jefe por qué por la falta de insumos se ha dificultado la labor de procesamiento.

Carvajal sonríe, sabe que esa no es la razón. La menor oferta de estos días, corrige, se debe a la sabiduría con la que actúan ciertos comerciantes en esta época: si hay una tendencia al alza, el producto lo retienen en bodegas para sacarlo al mercado cuando este dé más rentas. Es que la tonelada, en esta última semana, llegó a tener un precio internacional de $ 2.454, $ 400 más que a inicios de año. Responde, dice, a un repunte de la demanda y a la especulación que se da en las bolsas de Nueva York, generando con ello una mayor cotización. Aunque son días de difícil abastecimiento, Carvajal reconoce que esta alza es positiva, sobre todo para el agricultor que hoy en día puede vender hasta en $ 100 cada quintal, muy por encima de los $ 70 que recibe cuando el mercado está deprimido.

La llegada de multinacionales al país en búsqueda de materia prima y el incremento progresivo de exportadores locales que buscan cubrir la demanda mundial ha venido inyectando mayor competitividad a este mercado en los últimos años, explica Pedro Martinetti, quien con su empresa comercializa la cosecha de al menos 3.000 productores de Quevedo (Los Ríos). “Hoy en día el agricultor ecuatoriano que vende al exportador está recibiendo los precios más altos, si se los compara con otros países”, dice. A ello también se suman otros factores, como la ausencia de un precio oficial que, a diferencia de otros sectores como el bananero, les permite tener mayores ingresos en épocas boyantes o que aquí en Ecuador no se paga altos impuestos por la comercialización. “Algo que sí sucede en otros países africanos, los de mayor producción. En Costa de Marfil, por ejemplo, entre el 25 y 30 % del costo de cacao, se lo lleva el Estado”, sostiene.

Francisco Miranda, presidente de la Asociación Nacional de Exportadores de Cacao e Industrializados del Ecuador (Anecacao), admite que el mercado experimenta una recuperación, tras la estruendosa caída de los precios externos que sufrió en el 2016, no obstante recuerda que aún se está lejos de alcanzar los $ 3.000 y más que antes de ese año llegaron a recibir. Lograrlo, dice, será difícil, pues aún quedan los estragos de la sobreproducción mundial que casi lleva al sector a la crisis.

El panorama satisface al productor, pero está llevando a todos los actores de la cadena productiva a pensar en opciones que ayuden a proteger a la industria, de ciertas amenazas.

Carvajal sostiene que el sector no debe conformarse con una ola momentánea de buenos precios, sino pensar en un plan que lo lleve a cambiar el débil esquema de comercialización que tiene actualmente.

La expansión mundial de las transnacionales (6 dentro de terreno ecuatoriano) es positiva, pero también tiene sus riesgos, dicen. La meta a mediano plazo de estas empresas (algunas ya operan así), será internarse en el campo para conseguir materia prima barata, y eso, dice Carvajal, podría desplazar la presencia de exportadores y otros intermediarios y con ello la competencia que hoy permite que los agricultores (el 92 % pequeños) tengan la opción de recibir ingresos más altos.

Por ello plantean que el Gobierno debe regular el escenario sobre el cual están operando las empresas extranjeras. No hacerlo, es someter al mercado a una ‘africanización’, dice Carvajal, refiriéndose a la condición precaria en la que podría caer el sector.

En esto concuerda Miranda. Basta ver la historia, dice, de cómo las multinacionales fueron entrando sin control a este continente y cómo llegaron a liderar la exportación en estos países, pagando precios ínfimos a los agricultores.

A estas firmas, sostienen, se les debería exigir que procesen el grano localmente para que un 50 % de lo que envían al mundo, sea producto industrializado. Eso fortalecería la cadena de producción, generaría mayores ganancias al país y fomentaría la creación de más plazas de trabajo.

En este sector se piensa en el futuro promisorio que se abre con la comercialización de derivados o productos industrializados. Martinetti cuenta cómo países asiáticos (con China, India, Malasia e Indonesia a la cabeza), están demandando mayor cacao para extraer la manteca que sirve no solo para fabricar chocolate, sino productos químico-farmacéuticos y cosméticos.

Esa tendencia, señala, es lo que lo obligó a modificar su estrategia de envíos. Hace tres años, el 100 % de las 8.000 toneladas que exporta, era enviado a Europa. El año pasado, el 30 % ya empezó a irse a los mercados asiáticos; para este año, cree que ese porcentaje subirá a un 60 %.

Si la demanda por estos derivados sigue incrementándose, dice, y Ecuador sabe aprovechar la tendencia, el sector se habrá asegurado más años de sostenibilidad.

Una nueva variedad promete mejores rentas

La fuerte competencia mundial en la oferta cacaotera lleva a algunos productores a pensar que el país debe seguir probando nuevas variedades de plantas que complementen a las actuales (cacao fino de aroma y CCN51) pero que les permita ser más productivos y eficientes.

Ponen como ejemplo la variedad 800 que recientemente ha creado el Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (Iniap), que puede rendir hasta 3 toneladas por hectárea, versus las 2 que hoy en día se consiguen con CCN51. Y no solo eso, explica el empresario José Carvajal, quien ya ha empezado a sembrar esta nueva especie en tierras de Santa Elena, la variedad 800 también se caracteriza por tener un mejor sabor y aroma, dos características que hoy le están faltando al país y que lo mantienen en el cuarto lugar del ranking de la oferta mundial.

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