Assaf, la reconstrucción de un superhombre

Siete años después del accidente en motocicleta que le cambió la vida, Víctor se instala en la élite mundial del Crossfit adaptado al conseguir la medalla de bronce en su categoría.

18 sep 2019 / 00:00

El 22 de septiembre de 2012, Víctor Assaf se colocó sus guantes, su mochila, su casco y se subió a su moto luego de una competencia de Crossfit. “En esa época estaba peleado con la mitad del mundo. Así era yo, me creía la gran huevada”, recuerda. Iba a 120 kilómetros por hora. Pasó el puente de la Unidad Nacional, para luego subir el Hemiciclo de las Banderas, pero su moto perdió el equilibrio y se estrelló contra un poste de luz.

Aunque logró sobrevivir, ese día, el crossfitero guayaquileño de 30 años de edad perdió su plexo braquial derecho. Y recuerda todos los detalles con tal precisión que sus palabras parecen transportarlo a ese momento. “La única reacción que tuve fue mover la cabeza”, cuenta.

Casi siete años después, Assaf es uno de los deportistas élite a nivel mundial de esa disciplina. En julio pasado, clasificó a los Wheel Wod —evento que reúne a los mejores atletas adaptados del mundo— en Canadá. Allí obtuvo la medalla de bronce y la catalogación de ‘3rd adaptive standing upper division fittest athlete on earth’.

Luego del accidente, Víctor perdió la movilidad permanente en su brazo hábil, el derecho. Esto le significó el reaprendizaje de varias actividades cotidianas, así como poner a prueba su fortaleza mental para convivir con situaciones que pudieran hacerlo sentir frágil.

“Lo que más se me complica es meter o sacar cosas de una funda”, revela riendo el mismo hombre capaz de levantar 355 libras de peso muerto con su extremidad superior izquierda.

Luego de cinco días en coma y ocho meses de oscura recuperación, Assaf tuvo que reconstruirse. Fue un proceso basado en la convicción y hoy sabe que el esfuerzo valió la pena. “Soy el tercer hombre más fit del mundo”, dice orgulloso, mientras hurga en su mochila tipo militar.

Los cuatro días de actividad en diferentes campos en los Wheel Wod —donde se puso a prueba a cada atleta en 13 intensas rutinas— fueron para Víctor una “experiencia increíble de principio a fin”. Sobre todo por “estar rodeado de personas que transmiten luz, pasión y felicidad”, a pesar de lo que les haya sucedido en su vida.

Ya de regreso en el país, aún con fatigas musculares por el desgaste que significó el mundial, mantiene su rutina diaria que suele iniciar con un batido que contiene cerca de 1.000 calorías. Sentado al interior de Kallpa, en Samborondón, gimnasio al que llama casa, Víctor reflexiona sobre lo que vivió. “Después de mi accidente todo cambió”.

“Me sentía diferente, vulnerable. Me sentía como nuevo, como si recién saliera al mundo”, recuerda y describe el momento en el que decidió “levantar la cabeza y seguir”. “Tras el accidente, me indujeron al coma durante cinco días para poder tratarme, no aguantaba el dolor, tenía la mandíbula rota en tres partes”.

A pesar de que la noticia de su lesión no le había sido comunicada, él lo empezaba a sospechar. “Pasé horas viéndome al espejo. Ese fue el momento clave. El neurocirujano preguntó a qué me dedicaba, cuando le mencioné Crossfit me dijo que debía buscar algo más”, dice quien ahora es uno de los referentes nacionales de esta disciplina.

“No considero que tenga alguna discapacidad, al contrario, creo que tengo una supercapacidad”, sentencia.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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