Clásico, corazón de madre

El partido de hoy lleva consigo el sentimiento de la celebración de la reina del hogar. EXPRESO ubicó a la abuelita del “hincha #1 de Emelec” y a la jefa de utilería de Barcelona. Ambas son pasión y entrega.

12 may 2019 / 11:28

Regina Tinto: La abuelita que hace 4 años perdió a un ‘Ángel’ que canta en el cielo

Angelito Martínez es recordado por la afición azul como “el hincha fiel de Emelec”. Esa escarapela se la ganó por su presencia en todos los sitios en los que el Bombillo entrenaba o jugaba, pero lo cierto es que todos esos sueños que logró cumplir fueron gracias a Regina Tinto, su abuela, o como él prefería decirle, “mamá”.

Con su divisa azul enfundada y en su casa en la Floresta, que más bien es un museo de Angelito con un sinnúmero de recuerdos, Tinto recordó con EXPRESO cómo vivían la antesala a un Clásico del Astillero y cómo hoy en el Día de la Madre lo recuerda con tanto afán.

“Su cábala era siempre ponerse su camiseta 10 de Joao Rojas (jugador de Sao Paulo) y con cuatro días de anticipación nos decía ‘estadio, mamá’ y nosotros veíamos cómo hacer, pero no podíamos quedarle mal. Aquí en el barrio salíamos de la casa y lo molestaban con Barcelona, pero él siempre decía ‘Elelé’. Los Clásicos eran una alegría inmensa para él”, relató.

Para ella, el título de 2014 contra el eterno rival fue inolvidable. Lo vivieron en la tribuna General Gómez en el mismo lugar que frecuentaron durante años, tanto así que los mismos hinchas sacaban a alguien si estaba ocupando el sitio de Angelito.

“Esa final fue hermosa. Cómo gritamos con el primer gol, fue algo único. Y luego pudimos entrar a la cancha. Recuerdo que me aprendí todas las canciones porque él me pedía cantar. Él no podía hablar mucho, pero le encantaba verme cantarlas”, agregó.

Angelito sufría de distrofia muscular progresiva y a pesar de que los doctores no le pronosticaron muchos años de vida, el guerrero azul combatió por 18 años junto a su “mamá”. Ella y su esposo intentaron darle todo a su “hijo”, recorrieron medio país gracias a sus sueños y es por eso que hasta el día de hoy el cuarto del hincha más fiel de Emelec sigue intacto, tan azul como lo fue su corazón. “Dios me dio un regalo lindo y Dios me lo quitó. Es lo más horrible que me ha pasado. Uno no puede... cómo le puedo decir... La herida queda, todavía no cierra. Él era mi nieto, pero yo lo quería más que a mis hijas”, contó Regina entre lágrimas.

Para el Clásico del Astillero de esta tarde, Angelito no estará, pero bastará que Regina encienda la vela que ilumina una de sus fotos y sostenga el trapito que impide encajar goles. “El otro día fui a hablar con él al cementerio y le pedí por el partido contra Cruzeiro. Le pedí dos goles y se dio. Yo sé que mañana (hoy) él nos va a dar una manito”, finalizó.

Mercedes Ibarra: Tres décadas conociendo los secretos del camerino amarillo

Si nombramos a Mercedes Ibarra, pocas personas la podrán identificar, pero en el estadio Monumental doña Meche es una especie de marca registrada. La jefa de utilería de Barcelona conoce todos los secretos que esconde el camerino amarillo.

Desde 1985, año en el que llegó recomendada por su esposo Bernabé Zambrano, vivió las verdes y las maduras. Ha sido ocho veces campeona con el Ídolo y solo una vez dio la vuelta olímpica con el plantel (no recuerda el año), aunque más de un entrenador le pidió que comparta ese momento de gloria con el resto del plantel.

Para ella, el Día de la Madre es muy especial. Tiene seis hijos, un nieto (al que considera como otro retoño) y cientos de “niños” que durante todo este tiempo han pasado por filas toreras, en forma de futbolistas.

“Han sido tantos (los jugadores) y todos dejaron una huella, para bien o para mal”, afirma, antes de señalar a Máximo Banguera, Pedro Velasco, Roosevelt Oyola y Matías Oyola como sus favoritos, por “gentiles, respetuosos y solidarios”.

El otro extremo es Armando Paredes. “Cierto día le pidió a Berna unas medias para entrenar y como no eran las que él quería, lo insultó. Yo le dije que no haga eso y él respondió: ‘No te metas, que no es contigo’. Justo en ese momento entraba al camerino Walter Ayoví y al ver esa escena tomó un fierro y le cayó a golpes. El entrenador (Jorge Habegger) pidió un informe de lo sucedido y lo puso en su lugar diciéndole: ‘Usted me respeta a Berna y a Mercedes’. Es que Paredes...”, acota.

Cuando se le pregunta respecto a Jaime Iván Kaviedes, es contundente al afirmar que “todo se podrá decir de él, pero es un gran ser humano”.

El momento que más atesora es la segunda final de la Copa Libertadores (1998), por todo el ambiente que se vivió; mientras que la situación más dramática la pasó en 2009, cuando los canarios evitaron el descenso en el último minuto, gracias a un gol de José Luis Perlaza.

También recuerda los nueve meses que pasaron sin cobrar sueldo. “Fue en la época de los señores Noboa. Uno de mis hijos tuvo que tomar nuestra camioneta y hacer fletes para poder sobrevivir”.

Les dedica un capítulo especial a los jugadores que ya fallecieron. Habla de Jimmy Izquierdo, Derlis Florentín y especialmente Carlos Muñoz. “Era terrible, nos hacía reír a todos. Una vez, frente a su esposa, dijo que me quería hacer suegra y como su casa era grande, tendría a una mujer en cada piso”.

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