Humanos y robots, una relación cada vez más sólida

Un estudio demuestra que las personas desarrollan empatía por las máquinas en ciertas condiciones.

25 ago 2019 / 00:00

Si usted está en peligro y debe sacrificar a un robot para salvarse, no lo pensaría dos veces. Después de todo es un pedazo de metal que no tiene sentimientos y que no le haría falta a nadie... Pero ¿qué pasa si esta máquina tiene un aspecto parecido al humano? Es probable que su respuesta sea la misma, sin embargo, en la práctica no es así. Mientras más similar es un robot a una persona, menos probabilidades tiene de ser lastimado.

Lo dice un estudio realizado por científicos de la Universidad de Radboud y Ludwig Maximilians Universitat de Munich. Ellos se plantearon conocer qué tan capaces somos de empatizar con los robots y diseñaron un experimento que probaron con voluntarios.

Primero los pusieron en peligro y luego les mostraron imágenes de posibles sacrificados. Entre ellos estaba una persona, varios robots con una apariencia mecánica y finalmente robots muy parecidos a los humanos que además adquirieron componentes de personalidad (mostrar emociones y hasta sentir dolor).

¿El resultado? Mientras más se representaban los robots como humanos y más sentimientos se les atribuía, menos se inclinaban los sujetos experimentales a sacrificarlos. Según Mark Paulus, uno de los autores del estudio publicado en Guilford Press (New York), el grupo de estudio atribuyó un estatus moral a los robots.

¿La razón? “Estamos biológicamente programados para proyectar intencionalidad y vida a cualquier objeto que nos parezca autónomo”, explica Kate Darling del Media Lab del MIT, conocida como Mistress of machines (Maestra de las máquinas) e investigadora de la interacción entre humanos y robots, a El País de España.

“Los seres humanos creamos conexiones emocionales con animales de peluche, automóviles y otras máquinas. Si están equipadas con características o partes del cuerpo típicas de seres con vida (como ojos o brazos), las percibimos como entidades en lugar de dispositivos o herramientas”, agrega la experta, “los robots no tienen sentimientos, pero las personas que tratamos con ellos sí tenemos sentimientos hacia ellos. Y eso no ha sido del todo explorado”.

Una muestra ello es la campaña Stop Robot Abuse, la cual difunde mensajes como: “¡Actúa junto con nosotros para detener el abuso y la crueldad hacia los robots!”, “¡El abuso de robots es un problema real y debe detenerse inmediatamente! Únase y ayúdenos enseñando a los niños humanos cómo manejar mejor los robots desde una edad temprana”.

Por ahora, Arabia Saudí se convirtió en el primer país en otorgar la ciudadanía a un robot en 2017. La beneficiada fue la famosa Sophia, fabricada por la compañía Hanson Robotics de Hong Kong, que actúa y aprende como humano. Ella recibió algunos derechos que las propias mujeres sauditas no pueden disfrutar en su país, por ejemplo, no estar obligada a portar hiyab.

¿Qué sigue? “La adquisición de derechos legales”, asegura Darling, quien es cuidadora de varios robots domésticos como Pleos Yochai, Peter y el Sr. Spaghetti.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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