La ignorada enfermedad del hermano mayor

El citomegalovirus infecta a 1.960 recién nacidos al año en España y a uno de 15 mil partos en Ecuador.

16 sep 2018 / 00:00

“Somos padres de una maravillosa hija de un año y ocho meses, y estamos esperando nuestra segunda hija. En una analítica rutinaria ya cercana al tercer trimestre, nos sale un indicador extremadamente alto: citomegalovirus. Mi mujer no quiere alarmarse y se dice: No voy a mirar por Internet. A los cinco minutos, ya está buscando y lo que ve la deja helada: un virus que puede infectar al feto y causar gravísimos daños al bebé. ¿Por qué nadie nos ha avisado?”, se pregunta un lector de El País, Antonio Alonso, en una carta dirigida a ese periódico.

Y es que se habla del síndrome de Down, del alcohol, la leche pasteurizada, los gatos, la carne cruda, y del citomegalovirus (CMV) ni una palabra...

El citomegalovirus, emparentado con la varicela y el herpes, es la causa más frecuente de infección congénita en el mundo. En España no hay datos ni en Ecuador tampoco, pero los cálculos de la Sociedad Española de Infectología Pediátrica hablan de una prevalencia estimada del 0,5 % de los embarazos y en el país de un contagio por cada 15.000 partos. En Estados Unidos es más grave: cerca de uno de cada tres niños ya se ha infectado por el CMV para cuando tiene cinco años.

El virus se transmite por fluidos corporales, como la saliva y la orina, y está omnipresente en la población. El 60 % de las mujeres de entre 15 y 24 años ya ha tenido una infección por citomegalovirus y la cifra alcanza el 95 % en las mayores de 36 años. La mayor parte de las personas ni se enteran de que lo tienen. El problema llega cuando una mujer adquiere el virus en el embarazo y se lo transmite al bebé.

Este virus también se conoce como la enfermedad del hermano mayor. En la mayoría de los casos la madre embarazada se contagia de otro hijo asintomático que se ha infectado en la guardería. Entre las medidas preventivas están no usar la misma cuchara del niño, no chupar su chupete, no darle besos en la boca o lavarse bien las manos después de sonarle la nariz.

Ahora mismo, no existe una vacuna ni medidas terapéuticas para las embarazadas, así que ninguna sociedad científica recomienda poner en marcha programas de detección precoz que analicen a todas las futuras madres para averiguar si están infectadas, como sí se hace con la toxoplasmosis o la rubeola.

El citomegalovirus, además, tiene un comportamiento caótico, que dificulta la identificación de los casos de mayor riesgo. Aunque las mujeres ya hayan pasado la infección antes de quedarse embarazadas, el virus se puede reactivar durante la gestación, aunque solo se transmitirá al feto en el 1 % de los casos. Pero incluso si las madres contraen la infección por primera vez durante el embarazo, solo el 40 % de ellas transferirá el virus al feto.

Una de las vías de investigación más prometedoras es el desarrollo de una vacuna que proteja a las mujeres que no hayan tenido todavía contacto con el virus, para impedir que se infecten durante el embarazo. Cuatro hospitales españoles: La Paz, el 12 de Octubre, el Clínic y el Clínico de Santiago de Compostela participan ahora en un ensayo clínico internacional de una candidata a vacuna de la farmacéutica MSD. Los resultados llegarán en cinco años. Si tienen éxito, la ciencia podría derrotar al citomegalovirus congénito, como ya ha ocurrido con la rubeola.

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