La ‘caza’ de todos

13 mar 2019 / 13:00

    La filtración de una conversación telefónica tiene en vilo a la Asamblea Nacional, que no ha logrado revertir su poca credibilidad tras la serie de destituciones de legisladores implicados en malos manejos administrativos. El diálogo entre la presidenta del Parlamento y la ministra del Interior acerca de conseguir los votos para bloquear una investigación al gobierno solo revela el poco interés que existe en la política de fiscalizar al poder.

    Esto no es una novedad, si se toma en cuenta que por más de una década las llamadas mayorías móviles se formaban según la coyuntura para defender determinados intereses. Sin embargo, los cuestionamientos se han centrado en la forma de referirse a los asambleístas de otras bancadas, a quienes les fue peor que a los árbitros de fútbol.

    Queda en la sociedad juzgar la oportunidad de los insultos, porque finalmente los aludidos no se alinearon al plan inicial y terminaron votando a favor de la interpelación.

    Pero resulta que cosas peores se han escuchado por esos lares, donde han volado ceniceros y golpes por doquier, ante lo cual la opinión pública se pronunció en su momento por el evidente irrespeto a las elementales normas de conducta entre los diputados. Es más, el titular anterior de ese poder del Estado se cayó por una llamada a un excontralor para deshacerse de un exfiscal.

    Para entender este nuevo episodio de supuestas conspiraciones, es necesario preguntarse si es ético que la máxima autoridad del Legislativo se comunique con una alta funcionaria del régimen para contarle lo que estaba pasando y así evitar una catástrofe en ciernes. O el alcance que puede llegar a tener el hecho de que algún infiltrado se atreva a grabar una conversación “privada” de una funcionaria en su propia curul y provocar que la suban a las redes sociales para que comience la venganza, pidiendo la cabeza de la protagonista.

    Lo cierto es que la Asamblea se quedó de año en su razón de ser: legislar y fiscalizar a quien sea, sin distinciones proselitistas de por medio. Esta especie de cacería de brujas empaña un intento de catarsis necesaria para dar ejemplo de eficiencia sobre el buen gobierno, evitando así que la llamada Casa de todos se convierta en una secretaría de la impunidad.

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