Nueve balazos acaban con un comerciante

Un desconocido lo acribilló y luego escapó en una moto. La víctima se hallaba en su negocio.

Manta /
10 feb 2019 / 00:01

“Agarren a esos malditos”, gritaba entre lágrimas un familiar de Ángel Miguel Bravo Macías, en las afueras del centro de salud Daniel Acosta, de la parroquia Eloy Alfaro, de Manta.

A esa casa asistencial fue llevado herido de bala el comerciante, de 51 años. Los médicos no pudieron salvarle la vida y confirmaron su deceso.

A las 05:30 de ayer, mientras Bravo expendía carne de cerdo en la cancha del club Amistad, tal como lo venía haciendo 25 años atrás, un sujeto se acercó hasta él y disparó contra su humanidad. El gatillero escapó en una motocicleta que lo esperaba cerca del lugar.

El hecho se registró en la calle 309 y avenida 219. La cancha del club está ubicada al lado del cementerio de la parroquia Eloy Alfaro.

Richard Coellar, comandante policial del distrito Manta, reportó que a las 05:30 recibieron una alerta del sistema ECU-911 sobre una persona que había sido baleada. Recibida la alerta, los uniformados acudieron al sitio de la agresión.

Personal de la Dirección Nacional de Delitos contra la Vida, Muertes violentas, Desaparición y Secuestros (Dinased) y de Criminalística, que cercaron el lugar para el levantamiento de indicios, encontraron ocho casquillos de bala en la escena del crimen.

El médico de turno, Braulio Rivadeneira, informó que en el cuerpo del fallecido se encontraron alojados nueve proyectiles. Dos en el tórax, cinco a nivel del abdomen y dos en la región ilíaca (a la altura de la pelvis), se detalla en el extracto judicial. Luego de la asistencia médica, el cadáver fue llevado al centro forense de Manta.

Se trataría de una muerte al estilo sicariato por problemas interpersonales, destacó Coellar, antes de agregar que realizarán la flagrancia y las investigaciones para dar con el victimario y las causas del crimen. El fallecido no tenía antecedentes penales.

Los familiares de Bravo estaban impactados por su muerte a manos de criminales. Colón Álava, primo de la víctima, entre sollozos lo recordó como un tipo tranquilo y humilde. “Era una gran persona y querida por sus amigos”, agregó.

Pepe Mera, cuñado del occiso, aseguró que Bravo no había recibido ninguna amenaza y que él no tenía enemigos. Por ello, dudaba que su muerte esté relacionada con alguna discordia o represalia.

“Él empezaba a laborar a las 04:30. Vivía en el barrio Horacio Hidrovo. Es una sorpresa desagradable que hemos recibido todos sus familiares”, se lamentó.

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