En Buenos Aires hay trabajo más allá de la minería ilegal

La ganadería y la agricultura son las actividades predominantes en la zona. Los pequeños productores no reciben ayuda estatal y tratan de sobrevivir solos.

Ibarra /
09 jul 2019 / 00:27

Carlos Malquín, de 76 años, recorre todos los días un tramo de la polvorienta vía que comunica San Jerónimo con la parroquia la Merced de Buenos Aires, en el cantón Urcuquí, Imbabura.

Lo hace sobre el lomo de su yegua Gitana y en compañía de su mejor amigo, su perro Avispa. El hombre madruga para cumplir con sus labores agrícolas en la propiedad de unas dos hectáreas de extensión en donde siembra camote, zanahoria y otros productos.

Carlos pertenece a los 1.893 habitantes de la parroquia. También es parte de quienes no se dejaron seducir por la fiebre del oro que juntó a unas 12.000 personas en las montañas de Buenos Aires en campamentos irregulares.

El operativo ‘Amanecer Radiante’, que juntó a casi 4.000 militares y policías, le puso fin a la minería ilegal en la zona poblada en covachas de plástico en su mayoría por venezolanos, colombianos y peruanos.

Don Carlos es oriundo de Buenos Aires, pueblo que dejó a los 13 años. Sobrevive de lo que siembra y cuida diariamente en su terreno hasta el mediodía. Algunas cosas consigue vender en el Limonal, sitio a donde va a pasear los domingos. De regreso a su casa trae sal, manteca, aceite, cebolla y otras cosas. Carne no compra casi nunca.

Cuenta que desde hace mucho tiempo vio pasar por esa vía angosta a cientos de personas que subían hacia las montañas en buses y camiones. Fueron atraídos por la ganancia que la minería pudiera generar para ellos y sus familias. Él tiene una hija que vive en Quito y lo visita eventualmente.

En la vía hacia Buenos Aires hay algún puesto de venta de frutas al que no se ve que se acerquen compradores. También se puede encontrar personas que se dedican al ordeño al filo del camino.

Teresa Gómez, de 57 años, es una de ellas. Dos o tres veces por semana ordeña tres vacas ajenas de las que obtiene 12 litros de leche y recibe entre dos y tres dólares por la hora de trabajo. Es madre de nueve hijos.

Cuenta que la mayoría del tiempo se pasa en la casa dedicada a las tareas del hogar. El cuidado de un nieto ocupa la mayor parte del tiempo. Ella es una de las que sobrevive sin la minería.

Juan Montenegro, de 71 años, tiene una docena de vacas. También se lo encuentra al filo de la vía. Normalmente su esposa lo acompaña en el ordeño. Un accidente le obligó a don Juan a contratar a una mujer a quien paga 400 dólares al mes para suplir las tareas que su esposa no puede ejecutar.

Se queja de la falta de apoyo estatal. Dice que el litro de leche lo vende entre 35 y 40 centavos, y eso no alcanza para cubrir los costos que representa el cuidado y mantenimiento del ganado.

Dice que desde hace un par de años no ha habido tranquilidad en la zona. Culpa a la gente foránea que ha llegado al sector. Aunque tiene nueve hijos trabaja solo. “Se invierte y no se saca nada”, se lamenta.

En 2012, siete años atrás la actividad agrícola, pecuaria y silvicultura de Imbabura era del 8,31 %. Al menos 461.902 hectáreas estaban dedicadas a los pastizales. Según el censo de población de 2010, Buenos Aires tiene 1.893 habitantes. Hay 904 mujeres y 989 hombres. En la página del Gobierno Autónomo se señala que dos tercios de la población vive en condiciones de pobreza, mientras que la mitad de esta población se encuentra en extrema pobreza.

El detalle

Vigilancia. Militares permanecerán en la zona de Buenos Aires efectuando patrullajes para evitar que los mineros retornen a la extracción ilegal de oro.

Para saber

Destrucción

Los daños producto de la minería ilegal se evidenciaban en Buenos Aires en contaminación y deforestación.

Evaluación

El viernes pasado, cinco técnicos del Ministerio del Ambiente evaluaron las afectaciones de la minería ilegal.

Maquinaria

Maquinaria pesada, taladros, moladoras, machetes y motosierras fueron parte de los objetos incautados en las minas.

Dinámica

Los locales quedaron vacíos

En los últimos años, en Buenos Aires el ir y venir de obreros, mineros y extranjeros fue parte de la dinámica de la parroquia.

Había trabajo para una mujer dedicada a la peluquería y a la venta de claves de wifi.

Hubo espacio para un pequeño micromercado, una panadería, asaderos, locales de venta de productos alimenticios y hoteles.

El viernes, el pueblo quedó vacío. Los últimos extranjeros dedicados a la minería ilegal abordaban los últimos buses con destino a Ibarra.

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