45 días por un veredicto

Efraín y Javier quieren casarse. Mientras la Corte Constitucional decide, comparten con EXPRESO los secretos de una pareja gay.

Quito /
07 abr 2019 / 00:01

Lealtad y felicidad. Son las palabras con las que Efraín Soria y Javier Benalcázar definen su relación. Doce años de detalles, viajes, alegrías y un reto: luchar por el matrimonio civil igualitario. Su caso, escogido por sorteo de entre diez, está siendo analizado ahora por la Corte Constitucional... De tener una respuesta favorable, podrían convertirse en la primera pareja LGBTI en casarse en el país. Mientras, y sin tapujos, Efraín, de 50 años, y Javier, de 41, abren las puertas de su casa en el norte de Quito para contarle a EXPRESO su historia y preparar hotcakes.

Todo empezó a finales de enero de 2007. En una discoteca llamada Matrioska, la más popular de la ciudad en aquella época, hoy extinta. Un amigo de Javier fue la ‘celestina’. “Miradas van, miradas vienen”. Así fue como esa noche se convirtió en la primera de tantas juntos... Pero no fue hasta el 14 de febrero, en el Día de San Valentín, cuando formalizaron su relación amorosa.

En ese tiempo, en Quito, no podían salir a centros comerciales o andar cogidos de la mano. Habían los ‘típicos’ bares en boga que eran sitios de encuentro gay. Los únicos. Frente al público, Efraín y Javier eran dos amigos más. No podían tener expresiones de afecto. Tampoco les ha gustado demostrarse su amor delante de los demás, aun así había algo que los limitaba: el miedo a sentirse agredidos, a las miradas críticas, al insulto... Lo evitaban.

45 días por un veredicto

Sentados alrededor de una pequeña mesa en la cocina, disfrutan de un hotcake con mermelada de mora que minutos antes Efraín ha preparado con tal delicadeza que quedaron perfectamente redondos. Y continúan: en 2009, dos años después de haber formalizado su relación, decidieron registrar la unión de hecho. Eso sí, con una condición: que se irían a vivir juntos. Que formarían un hogar. Al principio les costó...

A Javier un poquito más. Hijo único, y con 30 años en esa época, sufrió una crisis emocional que pronto la superó. Era el primer día de convivencia en un departamento que habían arrendado... “Compramos la cocina, la lavadora, el refrigerador. Yo llevé mi dormitorio, Javier llevó un sofá”, cuenta Efraín, hoy con una sonrisa que da cuenta de la felicidad y lealtad que juntos profesan.

No ocultan, por ejemplo, que la familia de Javier no lo tomó bien. O que el hermano de Efraín, quizás bromeando, le dijo: “Ya era hora”. Nada importaba. Saben que eran inquebrantables las razones por las que decidieron estar juntos: a Efraín le encanta la formalidad de Javier. A Javier, en cambio, le enamora el don que Efraín tiene de ayudar a los demás y conocer mucho de todo. “Aprender y que te enseñen”, dice el último.

Sus trabajos no guardan mucha diferencia. Efraín es director de la Fundación Ecuatoriana Equidad que respalda a miembros de la comunidad LGBTI y Javier es parte de una ONG de derechos humanos.

Pero “no todo ha sido color de rosa”, aseguran. En una empresa de telefonía en la que laboró Javier hicieron de todo para evitar el pago de las utilidades con carga por Efraín, pese a tener una unión de hecho... Cosas que pasan cuando no hay un lazo legal claro como el matrimonio.

Han peleado. Sí. Y como cualquier pareja hetero u homosexual no se han hablado hasta una semana y media. Muchísimo tiempo para ellos. A Javier no le gusta que Efraín haga planes sin consultarle; a Efraín le encanta darle sorpresas. Como el viaje a Washington, o cuando cruzaron el océano y anduvieron juntos en París, la ciudad del amor. O incluso cuando buscando el Antisana llegaron a El Quinche porque se perdieron. No lo habían planificado. “La vida son cosas grandes, pero también pequeñitas”, concuerdan ambos, cómplices.

Y por eso, “en términos generales, Javier y yo no necesitamos casarnos, porque nuestras familias y amigos nos quieren, tenemos una vida no abundante, pero saludable, un hogar... Pero, cuando el matrimonio sea aceptado, significa que todos somos iguales. Va a cambiar en algo”, sentencia Efraín. Reconoce, además, que ayudará a consolidar las parejas homosexuales: “El tema es que muchos gais hemos aprendido a decir que las relaciones gais son muy frágiles, que se rompen fácilmente”. Y no es cierto. Ellos lo demuestran.

A la espera de una decisión histórica

En 2018, la pareja homosexual fue hasta el Registro Civil en Quito para casarse. No aceptaron. Entonces iniciaron una acción de protección, pero esta les fue negada. El caso no quedó ahí. Apelaron ante la Corte Provincial de Pichincha y esta elevó una consulta a la Corte Constitucional: ¿Es la Opinión Consultiva 24/17 de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (que faculta a contraer matrimonio entre personas del mismo sexo) constitucional y aplicable en el país sin que se proceda, en forma previa, a reformar la Carta Magna sin que se vulneren los Principios de Supremacía y Pro Homine?

Esta respuesta aún se espera. Desde el pasado 29 de marzo, la Corte Constitucional tiene un lapso de 45 días para decidir si es posible que dos personas del mismo sexo se puedan casar en el país sin que sea necesaria una reforma constitucional. Podría ser una “decisión histórica”, indicaron algunos expositores en la audiencia.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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