La retrospectiva poética de Jorge Martillo

El cronista y autor guayaquileño publicó ‘Aquí yace la poesía’. La obra antologiza sus obras previas.

12 mar 2017 / 00:00

“Me colgué de la luna como un suicida/como un demente/ como un amante podrido a la distancia/Creí que los sueños/me guiaban por la maleza de mis días/Que la ceniza con la que despertaba/era mi porción de muerte”.

Así reza ‘Rigor mortis’, uno de los textos líricos que conforman la antología ‘Aquí yace la poesía’, del cronista y autor guayaquileño Jorge Martillo Monserrate.

La obra recopila poemas de los escritos previos del autor, empezando por ‘Aviso a los navegantes’, que data de los setenta, y que este llama una obra “experimental y que busca la voz propia”, hasta ‘El amor es una cursilería’, pieza que el libro describe como una travesía por la experiencia amorosa desde distintos discursos.

Martillo, quien se dio a conocer por sus emblemáticas crónicas periodísticas, en las que narra vivencias guayaquileñas, las vidas de personajes curiosos e historias del Litoral, concede que su poesía es más privada que sus crónicas y que en ella resalta lo personal.

“Cuando escribo poesía acudo a mí mismo. Con mi mano derecha convertida en garra, perforo mi cuerpo y empiezo a hurgar. Lo que encuentro es muerte, locura, soledad, ebriedad, desesperación, amor y sexo. Es con esa materia que armo mis poemas. En cambio, cuando escribo crónica acudo a la ciudad, al país y a sus habitantes. Las calles y los caminos, la gente se convierten en mis personajes, ellos me cuentan sus historias”, comentó a EXPRESO.

Este concuerda con que, pese a la evolución de su voz poética y técnica, sus textos retoman los mismos temas, planteados siempre en imágenes breves y directas que caen sobre el lector como un balde de agua fría.

“Mi lenguaje poético está sustentado por imágenes y ritmos violentos, intentando situar al lector en una especie de tragedia contemporánea, en un callejón sin salida”, señaló.

Entre los distintos textos que figuran en la antología se destacan los poemas de ‘Vida póstuma’, y datan de 1991 a 1994. Los versos conceptualizan la muerte, juegan con los recuerdos, la nostalgia y la pérdida. Sobre ellos el escritor establece que son piezas creadas desde los rituales de la muerte y añade que a su creación la precedió la muerte de una de sus hermanas y de un amigo, ambos de forma violenta.

“Me interesaba indagar cómo nos abandona la vida y poco a poco, se va instaurando la muerte, el recuerdo, y finalmente el olvido... Después de la muerte de mi hermana y mi amigo, que era como un hermano, no pude escribir. Cuando lo volví a retomar, escribí poesía con carne amada y podrida, mierda e impotencia. Y me hacía daño, más que otras veces”, estableció.

Con respecto a la obra de Martillo, el autor y crítico Julio Pazos Barrera, al analizarla encuentra en ella una combinación de voces en los que convergen la insufrible experiencia de la vida y la reflexión sobre la naturaleza de la lengua, con la persistencia de la memoria o con el ímpetu del amor.

El escritor es más conciso y menos artístico al describir su propia obra.

“Escribo poesía para limpiar mi sangre, para poder respirar y joderles la vida a los otros, a los lectores que se aventuren por estos pagos”.

Martillo comenta, adicionalmente, que ‘Aquí yace la poesía’ será su único recuento poético. Prepara ya el que será su último libro, en el que habrá textos poéticos y en prosa escritos en los últimos años. Eso, dice, será todo.

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