El ‘top secret’ de Assange ve la luz

Fechas de la naturalización no coinciden. Proceso fue llevado por funcionarios encargados.

Quito /
18 oct 2018 / 00:00

Fechas, cuestionarios y procedimientos que no encajan. Con la aclaración de Cancillería de que el proceso para nacionalizar al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, no es secreto ni reservado, ayer empezaron a fluir algunos detalles que eran desconocidos o fueron negados, en su momento.

En 28 anexos, el Ministerio de Relaciones Exteriores explicó a la asambleísta socialcristiana, Paola Vintimilla, los pasos que siguió la anterior Cancillería para hacer a Assange ecuatoriano, aunque la firma de la excanciller, María Fernanda Espinosa, no aparece más que en un documento que no tiene que ver con la naturalización.

Ahí se ve que, con fecha 9 de septiembre de 2017, el activista hace conocer al presidente Lenín Moreno y a Espinosa su intención de naturalizarse y les pide que no hagan pública su solicitud porque teme que “intereses hostiles” intenten politizar el caso y afectar su ya delicada condición de asilado.

En dos meses no hay una reacción documentada sobre la solicitud hasta el 28 de noviembre en que se aprueba, con un Acuerdo Ministerial, el “Protocolo para Otorgar la Naturalización de Personas en el Exterior”.

De ahí en más, todo fluyó para Assange. El 4 de diciembre tuvo la entrevista para medir cuánto sabe del país. Sin embargo, de las cinco preguntas que le formularon, solo dos se referían a Ecuador. ¿Por qué su apellido es Assange? Hábleme sobre WikiLeaks, ¿En qué universidad estudió?, le inquirió el delegado de la Cancillería, Juan Salazar Granja.

Cuando le consultaron ¿qué sabe de Ecuador? “Es un gran país, respetuoso de las libertades de las personas (...) Feliz de compartir cada día con las personas de la Embajada, quienes me han hecho sentir un ecuatoriano más”, respondió, aunque son conocidos los conflictos que ha tenido con el personal al interior de la delegación diplomática.

Eso y la declaración del activista australiano de que “conoce los símbolos patrios” fueron suficientes para que en Relaciones Exteriores asuman que ese requisito fue cumplido. Assange presentó además la copia de su pasaporte australiano, la tarjeta de refugiado que le otorgó Ecuador, un certificado de nacimiento y la explicación juramentada de cambio de apellido.

Requisitos insuficientes, para Vintimilla que le dijo a EXPRESO que a otros extranjeros que piden la naturalización se les exige hasta 11 requerimientos. A la legisladora tampoco le cuadran algunas fechas. Por ejemplo, con la misma fecha de la entrevista, el 4 de diciembre, aparece un documento firmado por Assange y su abogado, el español Baltasar Garzón, en el que hace conocer a la Cancillería su decisión de renunciar al asilo político debido a que el Ecuador ya le había otorgado la Carta de Naturalización y estaba dispuesto a darle un estatus diplomático, esta última idea que finalmente se cayó.

Esto a pesar de que recién el 11 de diciembre, un informe técnico recomienda aceptar la solicitud; un día después, el viceministro de Movilidad Humana, encargado, José Luis Jácome Guerrero, firma la carta de naturalización y dos semanas después es publicada en el Registro Oficial.

El asilo afectó las relaciones

Las tensiones se sintieron desde el inicio. En el anuncio de que se concederá la naturalización a Assange, el entonces canciller Ricardo Patiño, exhortaba a Gran Bretaña las garantías y salvoconductos necesarios para el asilado.

Su par británico, Willian Hague, le respondió aclarando que su país garantiza los derechos de Assange pero que no podía garantizar que este no sea detenido si salía de la sede diplomática por cualquier motivo.

En esa respuesta, Londres reconoce que, aunque ninguno de los dos países buscó esta situación, los costes para la relación bilateral son lamentables.

Una jugada que no dio resultado

De los documentos que se hicieron públicos ayer, se colige que hubo la intención de enviar a Assange a Rusia. Eso se explicaría con la designación de consejero de la Embajada de Ecuador en Moscú.

Primero, luego de hacerse efectiva la naturalización, se lo nombró consejero de la Embajada de Ecuador en Reino Unido con el objetivo de otorgarle un estatus diplomático que lo proteja.

Ante la negativa de Londres de aceptar esta designación, a la canciller María Fernanda Espinosa no le quedó más que dejar insubsistentes ambas nominaciones.

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