Los misterios y leyendas rondan en Puerto Portovelo

El enigma de un duende llamado Tintín envuelve a la población. Guías turísticos aseguran haberlo visto. Dicen que enamora con extraños sonidos.

22 sep 2018 / 00:01

Un halo de misterio y silencio rodea a Puerto Portovelo. La pequeña población, ubicada a la orilla del estuario del río Chone, entre los cantones Bahía de Caráquez y San Vicente, está rodeada de manglares, fangos de lodo y un pequeño atracadero de madera que da paso a la hermosa isla Corazón y Fragata, una zona protegida del Ministerio del Ambiente.

Allí se tejen cuentos y leyendas vivientes que, en boca de sus habitantes, hacen ‘parar’ los vellos a cualquiera.

Una de las más populares es la del duende o tintín Felipe, el que creen que aún vive entre los manglares. Los pobladores cuentan que este extraño ser usa un enorme sombrero tipo pava (de ala ancha), que tiene los pies volteados y su piel es de color verdoso.

Según narran los guías nativos de Puerto Portovelo, toca melodías con guitarra para enamorar a las mujeres hermosas que visitan aquel lugar. Muchos aseguran que se lo ha visto con frecuencia merodear aquel silencioso sitio, rodeado de aves y moluscos.

Alfredo Zambrano, de 75 años, presidente de la comunidad Puerto Portovelo y guía naturalista de aquel sitio, afirma haber tenido la experiencia de palpar en sus recorridos al extraño ser.

Asegura que es muy enamoradizo y se manifiesta a través de ruidos entre las ramas de los manglares, “especialmente si alguna turista es hermosa y de piel blanca”.

Los guías, mientras reman sus canoas, van contando a los turistas sobre esta leyenda viviente y advierten de cualquier movimiento extraño. Además, recomiendan que no entren en pánico por el duende Felipe. “Él no es malo, solo es enamoradizo”, aseguran.

Zambrano contó que tiene 56 años viviendo en esta comunidad y la primera vez que vio al duende Felipe fue en 1998, cuando a la medianoche remaba su canoa hacia la isla Corazón.

“Entre los manglares observé muchas luces y al mismo tiempo tocaban guitarra alrededor de ellas. Paramos de remar y empezamos a gritar: ‘Quienes estén ahí, hablen por favor’. Luego escuchamos ruidos de que corrían entre los manglares. Al llegar a tierra nos dimos cuenta de unas huellas muy raras, grandes y anchas, muy distintas al del ser humano y fue cuando junto con otros cuatro pescadores pudimos observar al extraño ser”, recuerda el guía turístico.

Esta leyenda se teje por toda la población y se ha impregnado en la mente de los turistas que han visitado Puerto Portovelo, ya que sus guías continúan contando lo que llaman un mito viviente.

“Un sábado, allá por 1980, recorríamos los tres túneles que tiene la isla Corazón, en uno de estos observé una sombra y al voltear me di cuenta de un ser de aproximadamente 60 centímetros de largo, sus pies estaban al revés y comía cangrejos en medio del manglar”, cuenta, no sin ponerle esa dosis de misterio que asusta. (F)

Ruidos

Los turistas salen corriendo

“Usted al entrar a esos túneles empieza a escuchar ruidos muy fuertes, que son sinónimos de protesta de esos seres que viven en esa isla”, explica al respecto Patricio Cedeño, nativo de la zona.

Por su parte, Zambrano recuerda que en otra de sus travesías con turistas de Chone en los túneles, “este pequeño ser se manifestó bruscamente aumentando sus ruidos y su presencia se sentía a cada paso que avanzaban” hasta que decidieron salir de inmediato por el pánico en que entraron los visitantes en ese momento.

El nombre de Felipe y la supuesta imagen que reposa en este centro turístico por más de 20 años fueron hechos por los pobladores, con los detalles de quienes presuntamente vieron al ser en esos tiempos. Según la historia, aquí las pocas familias que se asentaron se dedicaron a la pesca en red y la captura de cangrejos.

Vive con ellos

“No es una historia inventada, es real”

Wálter Mieles, gestor cultural y analista de turismo del Gobierno Autónomo Descentralizado de San Vicente, señala que la leyenda del duende Felipe es “un adagio urbano viviente de los pobladores de la zona”, quienes se acostumbraron a tener como vecino a este pequeño ser.

“Esto no es nada inventando, es algo real que han presenciado y lo siguen viviendo como pobladores. En el aspecto turístico hay mucho que ofrecer para el visitante nacional y extranjero, que también ha tenido la experiencia de notar la presencia del extraño ser”, acota Mieles. Carmen Zambrano, de 65 años, oriunda del sector, recuerda que hace más de 18 años muchas mujeres llegaban a los manglares en busca de cangrejos, “pero después Felipe (el duende) empezó a notar su presencia y desde entonces dejaron de ir para atrapar los crustáceos”. Son 8 guías turísticos nativos de la zona y de esto viven 17 familias.

Los misterios y leyendas rondan en Puerto Portovelo
Los turistas se muestran admirados por los comentarios del sector.

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