Preparados para pelear

El entrenamiento para llegar a competencia significa gastos y sacrificios para los galleros.

10 mar 2019 / 00:00

El trabajo que tiene Francisco González Castro no lo cambia por nada. Su día empieza, literalmente, con el cantar de un gallo. Gracias al desempeño de esa ave ha podido levantar su casa en la ciudadela Solbrisa del cantón Babahoyo, provincia de Los Ríos. El oficio del hombre de 50 años es la reproducción y crianza de gallos de pelea. También es apostador y ha participado como juez en algunos torneos en el deporte de las plumas.

Pero su habilidad es ser calzador (coloca las espuelas al gallo antes de la pelea) y por eso siempre lo buscan, ya que de su trabajo depende el futuro del gallo frente a su contrincante. González o El Capo, como lo llaman sus amigos, cuenta que el amor por este deporte lo heredó de su progenitora desde el vientre: ella también era gallera.

Cuando Francisco cumplió los 10 años le regaló su primer gallo de Puerto Rico y con él empezó a sacar crías para la venta. De ahí parte su amplia trayectoria en esta actividad que lo ha llevado a recorrer diferentes ciudades del país en busca de nuevos sementales. Los mejores gallos de pelea provienen de Puerto Rico, República Dominicana y Chile, pero El Capo asegura que también hay colombianos e ingleses valorados entre $ 500 y $ 1.000.

El negocio aún es rentable para quienes se dedican a sacar gallos de pelea, pero de la misma forma se debe invertir en su alimento, preparación y cuidado. El trato no es igual al que reciben el resto de las aves de corral e incluso hasta su apariencia es distinta. Y toda esa transformación empieza a los 8 días, cuando le rompen el cascaron.

Preparados para pelear

Su alimentación inicial es un balanceado de marca registrada que ayuda a que el animal crezca más rápido y no se enferme. A los ocho meses le cortan la cresta, además empiezan a desplumarle la cadera y los muslos para que el gallo se ponga robusto. También le inyectan vitaminas a lo largo de su preparación y fortalecen sus músculos con ligeros ejercicios de resistencia.

Miguel Rizo es criador de gallos y según su experiencia, la velocidad y ataque del ave se pulen en el correteo que simila a un ring de boxeo. En ese espacio el gallo pelea para ubicarse entre los mejores pero quienes no pasen la prueba, se van directo a la olla.

Él también es árbitro de estas contiendas. Tiene a cargo cerca de 60 gallos puertorriqueños, dominicanos, sacados y un inglés, de su patrono Stalin Cabeza. Su trabajo consiste en evitar que las aves se enfermen o que alguna plaga las debilite. Su alimentación se basa en lentejas, avena, maíz y algunos vegetales. Cabezas le apuesta a sus propios animales en los torneos a los que acude, ya sea en Vinces o Babahoyo. Su amor por los gallos nació desde muy joven, cuando Celestino Ortega tenía sus gallos y él se detenía a observarlos con el anhelo de algún día tener uno.

Ahora tiene muchos gracias al apoyo de su padrino Carlos Alberto Neira, quien tiene un criadero con más de mil gallos en el recinto Colombia Alto de la parroquia Febres Cordero en Babahoyo. “En esto se invierte bastante como que tuviera otra mujer. Se los baña, los cuidamos de que no les caiga piojos, se les pone talco y se los alista para la pelea”, añadió el empresario.

El gallo más barato se lo consigue hasta en $ 300 pero Stalin aseguró que hay gallos de raza que los comercializan en $ 1.000, $ 5.000 y hasta $ 20.000. Los reproductores son los más costosos y en su criadero tiene uno que le costó $ 2.500, hijo de un peleador proveniente de los corrales de Betancourt, en Puerto Rico.

Las espuelas es otro negocio que va de la mano para cada enfrentamiento. En el mercado se ofertan las de plástico o también llamadas mandingas, que son las más populares. Su costo es de $ 20 el par y sirven para unas ocho peleas. Antes se usaban las de espina de pescados y de carapacho de tortuga pero fueron prohibidas por el Medio Ambiente, ya que atentaban contra la preservación de estas especies. Antes de cada pelea los preparadores rocían a sus gallos con puro y le aplican las cintas de colores para que empiecen las apuestas. Y así es como cada viernes o domingo, las galleras lucen repletas de hombres y mujeres que gustan de este deporte cargado de adrenalina.

Espuelas plásticas y ‘afiladas’

Preparados para pelear
Todo listo para la competencia. Los galleros le colocan espuelas de plástico, antes de pelea, para una mejor contienda. Los animales se exponen al sol unos minutos para que su musculatura se fortalezca.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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