Colectivos en pro de los derechos de las mujeres: No es “obstrucción” de vínculos, es “protección”

En varios casos de separación o divorcio, las madres alejan a los niños de sus padres para evitar ser violentadas y que sus hijos también lo sean.

Quito /
18 jun 2019 / 16:00

Ximena tiene 30 años. Enamorada, se casó con un hombre con el sueño de procrear y tener una familia. Tuvo un hijo. Y, en el transcurso de los años, empezó a vivir violencia psicológica y física. Entonces, se divorció. No termina allí. Cuando su esposo se fue de casa, establecieron las visitas del pequeño y cuando él retiraba al niño se seguían produciendo actos violentos.

Lo denunció y aquel sujeto quedó con medidas de protección (boleta de auxilio). Pero continuaron las agresiones. A pesar de eso, ella no obstruyó los vínculos padre e hijo, continuó cumpliendo con el régimen de visitas... Como Ximena, dice María Cristina Almeida, presidenta del Colectivo Nina Warmi —que apoya los derechos de las mujeres— hay muchas más.

También están aquellas que no permiten que los padres vean a sus hijos, reconoce Almeida. Pero no es obstrucción de los vínculos parentofiliares, dice, se llama “protección”. Explica que tras la separación o divorcio, las relaciones no están sanadas y generalmente los hombres tienden a reproducir actos violentos. Entonces, la mujer y madre lo único que quiere es proteger a los hijos.

Janeth Guerrero, socióloga y vocera de la plataforma Derechos por un amor responsable —que apoya a madres de los grupos como No tenencia Ec y Nina Warmi— afirma que el sistema judicial del país no está protegiendo a los niños ni a las madres. Ella rechaza el uso de la palabra “obstrucción” y reacciona al testimonio de padres que aseguran que sus hijos han sido “secuestrados” por sus madres (y viceversa).

En el 100 % de casos de separación o divorcio, las madres lo que quieren es proteger a sus niños. Y en muchos casos los alejan de sus padres para evitar ser violentadas y que sus hijos también lo sean. Entonces, Almeida dice: “Los femicidios empiezan siendo violencia piscológica”. Y recuerda el caso de Paola Moromenacho, una madre que fue a retirar a su hijo de los brazos de su padre en Cayambe —que cumplía el régimen de visitas— y terminó siendo asesinada por él.

“¿Qué está haciendo el sistema con ese padre que tiene una denuncia de violencia o una sentencia?”, se pregunta Guerrero. “¿Y qué hacen esos padres para cambiar?”, reitera. Dice: No puede ser que mientras no haya una concientización o el sistema no los ayude a recuperarse sigan teniendo un acceso libre a sus hijos. “E incluso para seguir violentando a los hijos y a la pareja, porque, aunque no le pegues y no le grites al niño, si lo haces con tu mujer, estás dañando a tu hijo”. “Es algo de lo que nadie habla”, asiente.

“Si la justicia no te da garantías, ¿te expones a que te maten?”, espeta Guerrero. Eso, de alguna forma permitiendo que el padre (si es violentador) vea a sus hijos y tomen contacto con la madre. “Estaría obstruyendo de que me maten, de que me sigan violentando. Mas no estoy obstruyendo un lazo”, añade.

Cuenta Almeida que conoce de un caso de un padre que logró el régimen de visitas después de haber violado a su propia niña. ¿Cómo es posible?, dice.

¿Cuáles son las medidas que se deben tomar?

Primero, la de separación. Y eso, según Guerrero, no es separar a la familia. Segundo, el violentador tiene que entrar en un proceso de recuperación, en tratamiento y de seguimiento —acentúa— porque no pasa. “Conocemos muchos acusados que continúan violentando, pero, según ellos, las denuncias fueron falsas”, comenta la presidenta de Derechos por un amor responsable. No son falsas, aseguran. Ocurren.

Ximena dice que su expareja “no es una víctima” como él lo quiere hacer ver. “Muchos denuncian contra la madre cuando están siendo procesados por violencia”. Ella señala que el sistema judicial no vela por el interés del niño, y que no existe la alienación parental.

Dato

9 de cada 10 mujeres divorciadas han sido violentadas.

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