Carlos Estarellas: “Correa desbarató la diplomacia”

04 sep 2016 / 00:00

Es una de las voces máximas en materia internacional. Articulista, historiador, analista, catedrático y jurista; todo plenamente enfocado a la política exterior. Más que una especialización, parece un estilo de vida: ver Ecuador hacia afuera.

- Vaya ruido ha hecho la caída de Dilma Rousseff en Brasil.

Mire, la democracia es el régimen de las armoniosas contradicciones. Por lo tanto, hay pesos y contrapesos. Lo que ha existido en Brasil está señalado en la Constitución, es un juicio, ella tiene la posibilidad de defenderse y han decidido destituirla. Por si fuera poco hay un antecedente: a Fernando Colhor de Mello le iniciaron el mismo juicio. La diferencia es que él renunció. Y Rousseff no.

- Ecuador lo tildó de “ilegítimo”.

Pero si es totalmente legal.

- Una cosa es que sea legal y otra es que sea legítimo. El argumento es: a Rousseff la eligen 58 millones de personas y la destituyen 61.

Pero el argumento cae por su propio peso. Porque en un régimen democrático existen leyes. Por eso los funcionarios que no cumplen con las leyes deben de ir a un juicio, en este caso político. Es absurdo pensar que es golpe de Estado.

- ¿Cómo califica entonces la postura de Ecuador?

Es penosa. La política internacional está basada en los más altos intereses del Estado. En Ecuador está basada en una ideología. Mire usted: Brasil, con todos los problemas, es el país más grande. Retiramos nuestro agregado de negocios y armamos un conflicto diplomático por defender al socialismo del siglo XXI.

- ¿Qué había que hacer entonces: mantener relaciones con un país cuya democracia está puesta en duda por negocios?

Pero es que no se está defendiendo un Estado democrático. En Brasil se ha aplicado la democracia, que es distinto. Si se trata de defender la democracia, ¿por qué en el caso de Venezuela el Gobierno ecuatoriano es como Shakira: ciego, sordo y mudo?

Dedo en la llaga. Venezuela, cuya crisis ha entrado de lleno en la campaña ecuatoriana por Carondelet, con una de las presidenciables deportadas y el fantasma del espejo rondando los demás discursos, es un tema tan delicado para el régimen de Rafael Correa que hace más de año y medio que no se citan en público, ni la Asamblea oficialista pasa resoluciones de respaldo.

- ¿Qué le preocupa del caso venezolano?

Que ya no salgamos en la foto, pero sigamos votando de manera favorable al Gobierno de Nicolás Maduro.

- ¿Cuál es el problema con que el Palacio de Najas parezca la sede del foro de Sao Paulo?

Que las políticas de Estado, el respeto a los derechos humanos y el ataque al narcotráfico no tienen ideología. Hacer lo contrario es muy delicado.

Estarellas, crítico implacable, recurre siempre al mismo punto causal: la diplomacia en la era correísta fue desbaratada, dice.

- ¿Cómo fue que la política exterior ecuatoriana terminó así?

La Cancillería tenía diplomáticos de carrera y una cuota política. Había una academia diplomática que formaba a los nuevos y profesionales. El presidente Correa desbarató la diplomacia. Y puso en las más altas representaciones a personas sin experiencia ni preparación. Eso dio como consecuencia el nivel que hoy tenemos.

- ¿Cuál es el perfil que debería tener un canciller? Ecuador ha tenido cinco distintos.

Debe ser un personaje muy preparado o muy destacado. Tipo Henry Kissinger, nombrado con Richard Nixon precisamente por ser indiscutiblemente destacado y conocedor.

- ¿Como Ricardo Patiño?

(Ríe abiertamente) De 2007 para acá, ninguno de los nombrados ha sido destacado. Todos han tenido una falta de preparación y experiencia terribles.

- ¿Cómo resume a los cinco cancilleres de esta era?

Improvisación. Así se resume a los cinco. Es su expresión común. Y ha hecho mucho daño.

- ¿Guillaume Long lo hace mejor que los antecesores?

No creo que lo haga mejor. Tal vez tenga mejores formas, se expresa mejor. Pero es el mismo fondo.

Si alguien puede valorar a un canciller ecuatoriano, ese es Estarellas. Su más reciente publicación es precisamente una revisión histórica al legado de cada ministro de Exteriores desde Guillermo Rodríguez Lara hasta Alfredo Palacio. Y aunque dejará por escrito la revisión al correísmo, aquí un adelanto:

- ¿Qué ha ganado y qué ha perdido la diplomacia ecuatoriana en 10 años?

Ha perdido la posibilidad de tener políticas de Estado. Hemos retrocedido en política internacional, en todo sentido.

- ¿Antes teníamos política de Estado?

Las teníamos. En general, Ecuador ha tenido logros en política exterior: fue parte de la Liga de Naciones, parte de las Naciones Unidas, votamos en contra de quitar a España de Naciones Unidas. Hemos tenido diplomáticos valiosos y aciertos.

- ¿No es capaz de citar un terreno ganado en esta era?

Positivo fue que hayamos firmado el tratado de límites marítimos con Perú, que se olvidó cuando firmamos la paz. Eso es un logro. Suscribirnos a la Convención del Mar también es positivo. Pero, lamentablemente, no podría citarle más.

- Estamos a las puertas de un cambio de Gobierno. ¿Por dónde comenzar en política exterior?

Aspiro y espero nuevos aires. Creo que lo primero será volver a institucionalizar la cancillería, quitar la ideología de los mercados. Aspiro a ver cambios.

- ¿Alguno de los candidatos fuertes le parece capaz?

Creo que cualquiera de ellos lo puede hacer.

- ¿Incluyendo a Jorge Glas y Lenín Moreno?

Bueno, creo que el señor Moreno podría darle otra visión. Espero no equivocarme. Y Cynthia Viteri o Guillermo Lasso, evidentemente, le darán un giro.

Sea quien sea, se enfrentará a un listado largo de tareas urgentes. Prácticamente todas las relaciones del país con el exterior merecen una segunda mirada.

- Vamos a las papas calientes. Caso Assange: ¿qué debería hacer el próximo Gobierno?

Es un asilo mal concedido.

- Pero ya está concedido.

Claro. Lo primero debería ser regular su intervención. Porque prácticamente él dirige la embajada. Hay que obligarlo a cumplir con las normas internacionales del asilo. O retirárselo.

- ¿Qué hacer con Venezuela?

Solicitar la aplicación de la Carta Democrática. Y si Maduro insiste, retirar al embajador. Eso hace rato.

- ¿Qué hacer con China?

Lo primero es hacer público todo lo firmado con China.

- ¿Qué hacer con Estados Unidos?

Tener una relación normal. No hay que verlo como enemigo, que es como lo mira este Gobierno.

- ¿Qué hacer con ALBA, Unasur...?

Ese es un grupo de amigos ideologizados, de cafetín. Aspiro a que el próximo Gobierno salga de allí.

- ¿Qué hacer con los amigos cuestionados a los que Ecuador respalda: Irán, Corea del Norte, Bielorrusia?

No volver a votar a favor de Estados que violan los derechos humanos. Esa nunca ha sido la votación de Ecuador en Naciones Unidas. Sin importar el color del Gobierno.

- ¿Qué hacer con Ecuador?

Aspiro a que salgamos adelante. Estamos en una caja de Pandora. Y ya han salido todos los males. Pero en el fondo está la esperanza.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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