El patrimonio ‘sumergido’, en riesgo y sin fondos

Galeones españoles y muros preincaicos son bienes subacuáticos del país. No hay financiamiento para expediciones. Dan talleres para identificar a los ‘cazatesoros’.

22 abr 2019 / 14:00

A lo lejos, parecía un buque pesquero como cualquier otro. Al menos, hasta que la guardia costera vio las dragas y el equipo de buceo. No eran ni pescadores, ni turistas. Eran ‘cazatesoros’, que buscaban los restos de una fragata que se hundió en 1800 en ese sector de Punta Carnero.

La detención, realizada el mes pasado por los miembros de la Armada, encendió las alarmas en el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC) y reveló, una vez más, la indefensión de los artefactos más peculiares y misteriosos que guarda el país: el patrimonio subacuático.

Ecuador tiene catorce sitios en los que yacen artefactos históricos. Están repartidos en zonas costeras de Esmeraldas, Manabí, Santa Elena y El Oro, y lagunas de Imbabura, Cañar y Azuay (ver infografía).

En la zona costera, casi todos están compuestos por naufragios que datan desde los 1500, mientras que en la Sierra, estos responden a artefactos, restos humanos e incluso a infraestructura sumergida de culturas preincaicas. Las coordenadas son secretas para disuadir a quienes buscan extraerlas ilegalmente. Pero no siempre fue el caso.

Para el arqueólogo José Chancay, del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), órgano encargado de proteger e investigar los bienes, la indefensión de estos se mantuvo a lo largo de veinte años, desde los años noventa hasta el 2008, cuando el Estado permitió la concesión de las zonas de naufragio a empresas dedicadas a la búsqueda de tesoros.

“Las compañías hacían sus extracciones y recuperaban los bienes, sobre todo los metálicos, y el Estado recibía 50 % de los beneficios. Nosotros hacíamos acompañamiento e inspección a esas concesiones, pero lo que menos tenían era un carácter investigativo, sino monetario”, explicó.

La normativa cambió en 2008, prohibiendo definitivamente las concesiones, y nuevamente en 2016 con la aprobación de la Ley Orgánica de Cultura. Ambas declaraban como protegido el patrimonio subacuático y ratificaban los convenios internacionales con la Unesco con este fin. No obstante, el talón de Aquiles de las investigaciones relacionadas a los bienes sumergidos es la falta de fondos, que ha hecho que las expediciones a estos sitios sean muy limitadas, sobre todo en las zonas costeras.

“Se ha hecho poca investigación en la Costa. Lo que más se hizo fue acompañamiento con las compañías que tenían las concesiones, antes del 2008. Hay zonas, como Chanduy y la Iila Santa Clara donde se avanzó más y donde se recuperaron varios bienes como monedas de plata, un crucifijo de oro, platos de peltre, que hoy están en poder del INPC, y otras zonas, como Salinas, donde naufragó el galeón San José, donde aún no conocemos siquiera su ubicación exacta”.

La última expedición se realizó en 2009 en la laguna de Culebrillas, en Cañar, donde se encontró una concha Spondylus —utilizada con fines rituales— una vasijia y los restos de muros preincaicos que están cerca del ingreso. En años posteriores también se hizo una expedición a la laguna de Colta, con el apoyo del municipio de esa localidad, pero no se hallaron vestigios de ningún tipo.

Ahora, casi 10 años después, los arqueólogos del Instituto aspiran a nuevamente regresar a la laguna Culebrillas para sumergirse en la mitad del lago y, con suerte, descubrir nuevos artefactos. Pero mientras se concreta la consecución de los montos que necesitarán, dedican sus esfuerzos en proteger lo poco que se tiene de las manos de los cazadores furtivos, sobre todo, después de la última detención.

Establecer políticas interinstitucionales es el primer paso, pues sin permisos legales para extraer los bienes, los ‘cazatesoros’ han optado por intentar tramitar licencias ambientales con el Ministerio del Ambiente para justificar su presencia en el mar. Con ese fin, hace dos semanas se dictaron talleres entre estas dos entidades y la Armada, para que puedan detectar a tiempo el ilícito.

Para los expertos, también es necesario cambiar la forma en la que se percibe a quienes se dedican a extraer los bienes de naufragios. Así lo indica Irina Bokova, activista por la protección patrimonial y exdirectora de la Unesco.

“Es preciso poner término a esta hemorragia cultural en el fondo del océano. Y ello empieza por cambiar las mentalidades sobre la naturaleza de este patrimonio: no, los galeones que yacen en el fondo de los mares, vengan de España o de donde vengan, no son “tesoros”... Son testigos de nuestra historia común y portan en sí un testimonio de la vida y el comercio de los pueblos a lo largo de los tiempos”, subrayó.

Con las dificultades de los propios investigadores para asegurar los montos vitales para coordinar expediciones, lo que sí se muestra lejano es el desarrollo del turismo subacuático, que en países como España y Portugal está en auge.

Los naufragios, un atractivo turístico en auge

En 1998, en Mazarrón, Murcia, se hallaron dos barcos fenicios en buen estado. Uno de ellos fue retirado, restaurado y hoy se expone en un museo. El otro se quedó en las profundidades del mar mediterráneo. En él se encontraron fragmentos de cerámica, un molino de mano, huesos de animales e incluso el ancla de madera, en perfecto estado de conservación.

Desde su descubrimiento, el barco ha atraído a los amantes de la historia y a los aficionados al buceo y el estado determinó distintas maneras de preservarlo de visitantes y ‘cazatesoros’. La mejor opción fue enrejarlo. Se puede observar, pero no tocar. Asimismo, el parque subacuático Las Grutas, en Argentina, ofrece un tour de naufragios hallados en la zona. Mientras tanto, en Cancún, México, hay un museo subacuático donde hay desde imágenes religiosas hasta naufragios.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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