El Carmen Bajo mostró sus labores cotidianas

Quito, el claustro de las Carmelitas Descalzas se abrió por aniversario.

Quito /
13 sep 2019 / 20:26

Una viuda espera a los espectadores en la puerta de El Carmen Bajo, en las calles Olmedo y Venezuela, de Quito.

Detrás de la inmensa puerta de madera y hierro se esconden los secretos de varias generaciones de mujeres que decidieron enclaustrarse para siempre. “Para vivir una vida de silencio y obediencia y con ello alabar a Dios... y también rezar por sus pecados”, dice con tono burlón.

En persona es imposible ver a una de las carmelitas descalzas, desde hace 350 años. Sin embargo, en las paredes del patio principal -o de La Magnolia- están sus fotos. Son parte de la exposición denominada ‘Abriendo puertas, buscando voces’ de la artista Carla Grunauer. Ella se internó en el convento para retratar la cotidianidad de estas once mujeres. “No salen ni de muertas, porque hasta existe un cementerio para que las entierren allí”, explica el misterioso personaje.

Algunas de las instantáneas están en blanco y negro, pero eso no es lo que llama la atención, sino que las monjas que aparecen allí no tienen rostro.

“Esas datan de los años 60, una de las poquísimas veces que ellas abrieron sus puertas”, explica la viuda.

Algunas escenas se representan en la huerta, otras en un taller de carpintería, preparando pan o rezando por sus celdas. En todas estas fotografías, ellas tienen el rostro cubierto con una manta blanca.

Estas mujeres tienen horarios estrictos: maitines, laudes, tercias, sextas, nonas, vísperas y completas son los nombres de los rezos que cumplen a diario. Cuando no están orando, están trabajando. “De ahí la frase Ora ed Labora, porque se dedican a orar y laborar”, relata la viuda.

Los visitantes del claustro esperaban encontrar a una religiosa deambulando por ahí. Quizá mirando por las rendijas. Nada.

Otra de las frases que rige la vida de este monasterio es “No ver, para no ser vistas. No oír para no ser oídas. No tocar para no ser tocadas”. Eso es algo que se debe cumplir sin excepción.

El Carmen Bajo o Moderno fue abierto en 1745. Sin embargo, la orden religiosa de Las Carmelitas ya se había instalado en Latacunga en 1669, hasta que un terremoto destruyó su convento.

Entonces, decidieron viajar a Quito (en esa época aún Real Audiencia de Quito). Arrendaron una casa en Santa Bárbara en el centro de Quito. “No las juntaron con las madres de El Carmen Alto, porque la orden solo permite hasta 21 monjitas”, explica la narradora.

En el terreno en el que hoy se erige el convento inició la construcción hasta que se inauguró en 1745. El inmueble es ahora considerado como Patrimonio de la ciudad y es parte del Centro Histórico de Quito. Varias cuadras de historia conservadas que le significaron a la ciudad ser declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, el 8 de septiembre de 1978.

El Carmen Bajo mostró sus labores cotidianas

Exposición

‘Abriendo puertas, buscando voces’ muestra en total 40 fotos que fueron mostradas el 5, 6 y 7 de septiembre. Carla Grunauer revisó además los archivos de las hermanas y encontró las fotos antiguas con la que hizo contraposición con las propias.

“Se ve un cambio, a pesar de que están dentro del monasterio, también hacen uso de la tecnología”, explicó la artista. En una de sus instantáneas se puede ver cómo la Priora atiende una llamada telefónica con un smartphone.

Estas imágenes fueron mostradas como una celebración de los 350 años del monasterio y sobre todo como parte de los eventos por la declaratoria de Patrimonio. En el lanzamiento hubo música sacra (sagrada o litúrgica) en voces femeninas. Las religiosas presenciaron el concierto detrás de unas rejas, en una habitación oscura que las ocultaba. Aunque sus murmullos se alcanzaron a escuchar.

Dentro de estas viejas paredes además existe un sistema de producción artesanal privilegiado, es por ello que para sostenerse, las carmelitas han puesto a la venta productos como: velas, vino de consagrar, champú, lociones. Una de las más conocidas es la gelatina de pichón que -según dicen las abuelas- sirve para las personas con frecuentes afecciones respiratorias. Sí, está hecha con sangre de pichón.

Los túneles del monasterio

Una de las condiciones para caminar por el convento es el absoluto silencio. Lo único que se puede escuchar son los cantos gregorianos que acompañan los rezos. Como parte del recorrido se abrieron los túneles subterráneos del inmueble. Lugar construido para la descarga de alimentos que llegaban de sus haciendas y que les permitían hacer sus productos. Ahora es un sitio de exposición, luego de ser intervenido por el Instituto Metropolitano de Patrimonio, cuando presentó daños. Según la entidad, los trabajos terminaron hace 6 meses, con una inversión de 30 mil dólares.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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