El despojo del expresidente

En 23 días, Correa ha sufrido varios traspiés políticos y legales. Su caravana de campaña ha estado involucrada en actos de violencia. Promociona el No.

Quito /
26 ene 2018 / 00:00

En ocho meses, el escenario cambió para Rafael Correa. Tras dejar el poder, el exmandatario ha visto desplomarse sus cifras de credibilidad y popularidad, se quedó sin partido político y se enfrenta a la posibilidad de que, por primera vez desde 2007, la opción que él promueve en una elección pierda en las urnas.

Como EXPRESO publicó el martes 23 de enero, la credibilidad del exmandatario bordea el 25 % y solo un 23 % aprueba su forma de ser, según las encuestas. El año pasado, al cerrar su gestión, sus encuestas le daban un 62 % de aprobación.

En los últimos días, el rechazo se ha hecho evidente en las calles. Las caravanas de Correa han estado envueltas en incidentes violentos. En Chillogallo, Vinces, Borbón y en La Maná lo recibieron con huevos. Correa tuvo que ser protegido con paraguas, escudos y tablas de madera. Él cree que los ataques son preparados.

El jefe de Estado, Lenín Moreno, ve otros motivos. “Si el ejemplo es un matón de barrio, que sale a la calle buscando con quién pelearse, los ciudadanos también se van a comportar así (...) porque todo el mundo se cree con derecho de comportarse como se comporta el mandatario”, dijo ayer en Guayaquil. El día anterior, Moreno también había pedido a Correa que “comience reconociendo la corrupción de su Gobierno”.

Y no es el único que le pide cuentas. En los 23 días que lleva en el país, la Contraloría lo vinculó al examen que está haciendo sobre el manejo de la deuda pública. La Fiscalía le pidió que señalara casillero y abogado por la investigación abierta por las presuntas irregularidades en las preventas de crudo a China y Tailandia.

Incluso un juez dejó abierta la posibilidad de que el expresidente sea llamado a declarar como testigo en el juicio por supuesto lavado de activos que se sigue contra Alecksey Mosquera, que fue su ministro de Electricidad. Él lo había defendido en 2017.

Políticamente, Correa también ha cosechado algunas derrotas en estos días. El 6 de enero presenció cómo María Alejandra Vicuña asumía la Vicepresidencia de la República en lugar de Jorge Glas, quien fue uno de sus más cercanos colaboradores desde 2007.

Y el 16 de enero, Correa se quedó sin movimiento: ese día se desafilió de Alianza PAIS. “Podrán quedarse con el nombre, con las sedes, con el casillero, pero las convicciones, el pueblo, la revolución y el futuro están con nosotros”, dijo.

Su esperanza y la de sus seguidores es reagruparse en otro movimiento. Pero el martes 23 el Consejo Nacional Electoral (CNE) les dio otra mala noticia: no podrán registrarse como ‘Revolución Ciudadana’ porque esa frase está asociada a PAIS.

Así Correa, aunque todavía goza de la seguridad que le brinda el Estado, ha enfrentado esta campaña sin los privilegios de los que gozó en elecciones pasadas.

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